mayo 13, 2019

¿Tu equipo o tu selección?


     No tengo dudas. En esto soy claro. A estas alturas del partido prefiero ser honesto a políticamente correcto: quiero más a mi equipo que a la selección. Fin de la discusión. Eso tampoco quiere decir que no sienta nada por la Blanquirroja. Por supuesto que la prefiero a cualquier selección y claro que siempre quiero que gane. Pero amo más a mi equipo. Así es. Y en esto, como en las cosas del amor (finalmente esto también lo es), la emoción tiene razones que la razón no entiende.
     Esa distancia emocional con la selección hace que disfrute más sus partidos. No hay esa lógica carga de angustia que te genera tu equipo. Cuando juega Perú, me siento más relajado, más tranqui. Por lo tanto, se puede ser más justo. Cuando juega tu equipo es inevitable el temor, la desesperación, el miedo. En todo hincha se esconde un masoquista. "Aquel que no haya sufrido..." dice la barra. Y tiene razón.
Nick Hornby en “Fiebre en las gradas”, reflexiona sobre el amor por el equipo nacional y su querido Arsenal. Aquí lo que escribe a raíz de un partido Inglaterra/Escocia.

abril 18, 2019

“CONFIRMADO. MURIÓ ALAN GARCÍA”


         8 de la mañana, prendo el celular. Hace unos días tomé la decisión de apagarlo a las nueve de la noche y encenderlo lo más tarde posible. Tengo varias llamadas. Una de Radio América de Washington. Es la que más me sorprende. Si llaman de ahí es que pasó algo. Veo 30 mensajes en el grupo de WhatsApp que tengo con profes periodistas. A estas alturas ya sé que pasó algo. Algo grave. “Alan García se pegó un tiro cuando intentaban detenerlo”. Fotos, comentarios, especulaciones. Escribo que no lo creo. Es mentira, aseguro. Por supuesto que no lo pongo en Twitter, que por otro lado estoy usando menos. Prendo la radio, veo noticias. Me informo y mando un mensaje a Washington para hacer el informe. Salgo al aire. “No hay versión oficial, pero la noticia es que se pegó un tiro. El país está conmocionado”.

marzo 21, 2019

WHITMAN, ESE MARAVILLOSO GATO.


     No haber leído de niño es una gran tragedia que ya no se puede remediar. No haber leído de niño debe ser lo segundo más grave que me pasó en la vida. Leí grande, pasados los 20. Recién ahí, gracias a un amigo, descubrí la literatura. Y como con el equipo de fútbol, entendí que un libro es un amor para siempre. Cuando dudo, ahí están esperándome los libros de cabecera. Ahí están las respuestas, la tranquilidad, la esperanza. 
Me enamoré de la novela. No pasó lo mismo con la poesía. He leído poesía, claro; pero en mi biblioteca no hay muchos poetas. Debo reconocer con algo de vergüenza, que no he sido un gran lector de poesía. De lo poco que he leído, tal vez solo una docena poetas, dos son los que más me han impactado: Walt Whitman y Pablo Neruda. Hoy quiero pensar a WW. 

marzo 11, 2019

El Eguren y La Salle. Vargas Llosa y yo.


        Un día entré al salón y dos de mis compañeros se estaban besando. Era un beso muy apasionado. Quispe me miró y me dijo si quería besar a su pareja. Le dije que no. Mi colegio era de varones.
Fue complicado estudiar la secundaria en la G.U.E José María Eguren de Barranco. La primaria no fue mala. Escuela fiscal Federico Villarreal, 6004 antes 442. Los dos primeros años con la profesora Cota Vargas son inolvidables. Aun la recuerdo dándome toda la ternura y paciencia que, como todo niño, necesitaba. Tercero y cuarto de primaria fueron una tortura. Soto se apellidaba el profesor. Nos agarraba a correazos si respondíamos mal o si no hacíamos la tarea. Su clase era presidida por esa vieja correa que tanto dolía. Estaba encima de su escritorio como advirtiéndonos lo que se venía. Qué mal le debe haber ido en la vida para tratar así a los chicos. No recuerdo con quién hice el quinto de primaria. Mi memoria solo llega hasta Soto.
Lo del Eguren fue complicado. Cuando me imagino en una prisión, imagen que por algún motivo es recurrente en mi vida, pienso que debe ser algo solo un poquito más feo que el Eguren. Lo único bueno de esos años de estudios secundarios fue jugar en el equipo del salón. No era titular pero fue lindo compartir con los chicos. Lo otro importante fue ser integrante de la banda. Fue extraordinario. Un capítulo aparte. Ah, y cómo olvidar al padre Castañeda, el profesor de religión. Solía “convocar” a su casa a los peores alumnos para tomarles examen oral. Nunca mejor puesto un nombre a un examen. Muchos chicos fueron abusados por ese cura. El otro día me encontré con un compañero que me dijo que el miserable había muerto. El curita Castañeda, ja. 
Mis mejores recuerdos del colegio: los vendedores de la puerta. Papitas rellenas a sol, sanguito, cachangas, empanaditas, el pan con atún y la chicha. Y algunos amigos, claro.
No sé si en estos tiempos la escuela pública es una institución que motive y fomente la creatividad, el juego, el aprendizaje sin coerción; en fin, la vida linda que todo niño debe tener. Dudo mucho que así sea. 
En El Pez en el agua, Mario Vargas Llosa reflexiona brillantemente sobre lo mejor de la escuela, que curiosamente, ocurre más allá de las clases.

febrero 11, 2019

TRES, SOLO TRES


Los que tenemos pretensiones literarias sabemos el placer que significa lograr una frase contundente que se ajuste a la idea que queremos transmitir. No hay placer más grande para un escritor, o para un rudimento de él, que lograr una buena figura literaria, armoniosa, rítmica, contundente. En la literatura hay muchas, cientos, miles, millones, cada uno tiene sus preferidas. 
No pretendo hacer un lista de las mejores frases de la literatura, qué absurdo. Cada uno tiene la suya y por lo general está vinculada a la visión del mundo y sensibilidad de quien la escoge. Sea metáfora, hipérbole o símil, es una total pérdida de tiempo tratar de decir que una es mejor que otra. Es una subjetividad. No lo voy a hacer. Simplemente revisando archivos me encontré con tres que quiero compartir.

febrero 04, 2019

“LAS MACHONAS JUEGAN FÚTBOL”


         Los hombres juegan fútbol y las mujeres vóley. Esas eran las reglas y nadie podía discutirlas. Decir lo contrario era ir contra el orden establecido. Una osadía. Éramos niños y por supuesto que cumplíamos la regla sin dubitar. Los chicos por un lado, las chicas por el otro. Nunca mezclados. Lo nene con lo nene, la nena con la nena. Si el hombre jugaba vóley era maricón. Si la mujer jugaba fútbol, machona. Así se decía. Así pensaban los antiguos y así nos criaron. Hasta que un día, en el parque Raimondi de mi infancia, una chica se atrevió a pasar la línea. Se paró delante de nosotros antes de empezar un partido y nos dijo que quería jugar. Lourdes se llamaba y no quedó otra que incluirla en la pichanga. Tendría 12 años y a partir de ese día todos la conocerían en el barrio como Lourdes la Machona.
      Es muy difícil ver las cosas de una manera distinta a como te enseñaron. Te puede llevar la vida entera sacarte los prejuicios. Y en ese camino estamos.

enero 28, 2019

¿Qué leía Borges?




De niño, el único libro que miraba con atención y curiosidad era una enciclopedia. No dije que leí, pues solo lo miraba. De chico no leí. La lectura fue un vicio que adquiriría de mayor. Por aquellos años, el único libro que llamó mi atención fue esa enciclopedia que un día mi madre trajo a casa. La compró como adorno. En realidad era un diccionario enciclopédico. Un libro lindo, gordo y brillante. Era azul. La vieja lo puso en un estante que a partir de ese día dejó de estar vacío.
Después de varios días, o tal vez meses, me animé a ver qué había. De qué se trataba. Miré la última parte. Letra S. Sirena: “Animal fabuloso que vive en el mar, con cabeza y torso de mujer y extremidades inferiores de pez”. Nunca olvidaré esa definición. Acompañaba al texto una foto y una leyenda: “Sirena captada por un turista en una isla del Pacífico”. Me pareció increíble y por muchos años me pregunté si esa foto era cierta. Tendría unos 10 años. El impacto fue enorme.