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marzo 06, 2015

LOS CHILENOS NOS ROBAN EL POTO

Se solicitan entusiastas peruanos que se 
atrevan a defender festivo peruanismo. 
Nacionalistas de nuevo cuño que empuñen con
fuerza el portaestandarte de nuestro querido
y tradicional poto.


    Cuando ocurrió lo del pisco la respuesta fue contundente. Organismos públicos y privados lanzaron una feroz campaña para combatir la osadía chilena. Personajes de todas las esferas, blandieron el licor de uva como si se tratara del más preciado símbolo patrio. Se crearon canciones, poemas y dibujos sobre el tema y lanzamos hurras a todo pulmón para que escucharan “allá” que el pisco era tan peruano como la Sarita, el tocosh y la papa.

    La cosa no quedó ahí. Nuestro nacionalismo herido nos hizo crear una efemérides etílica y no solo se instauró el Día del Pisco, también expedimos la partida de nacimiento del pisco sour y el chilcano. En Plazas y calles de todo el país, literalmente, brotaron manantiales de la bebida de bandera en todas sus manifestaciones.

    El gobierno no le dio la espalda al tema y le otorgó carácter oficial. En corto tiempo, la Cancillería creó un batallón de diplomáticos expertos en quebranta, acholado, torrontel e Italia. Y como antes lo hicieron con otros temas de interés nacional, una vez más la gente de Torre Tagle lidió con éxito contra el invasor que trataba de quitarnos lo nuestro.

    Con la chirimoya no hubo tanto revuelo, pero igual el tema llegó al parlamento. La Comisión Nacional de Productos Bandera la incluyó y así pudo combatir esa otra osadía llamada “chilemoya”. ¡Por favor!

    Con el suspiro a la limeña el atrevimiento llegó a límites absurdos. Como es lógico también hubo primeras planas y encendidas protestas. Los programas dominicales prepararon especiales para que no queden dudas de la nacionalidad del sabroso, pero en algunos casos, por lo menos para mí, empalagoso postre tradicional.

    Y del poto nada. No hay día del poto, no hay funcionarios que salgan a defenderlo en foros internacionales, ni medios que lo promuevan. No hay editoriales ni fotos en primeras planas. En el Congreso, nadie habla de incluirlo entre los productos bandera. Ni hablar de su muestra en parques y lugares públicos.

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