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enero 21, 2019

Y EL MEJOR LIBRO DE FÚTBOL ES...


     Literatura y fútbol. Novelas y partidos. Distintos escenarios, emociones similares.
    Conmocionado. Perú clasifica a España 82. Salimos del Estadio Nacional y vamos al parque Kennedy. Durante el trayecto gritamos: “Cubillas presidente, Quiroga diputado”. Conmovido. Madame Bovary se suicida. Como si fuera el delantero más hábil, Emma sortea a cuanto extraño aparezca para llegar sin sospechas a su destino, la botica, lugar donde se encuentra el frasco con arsénico que dará “solución” a sus problemas.
    Éxtasis. 2001. Gol de Waldir en el Cusco. Palo izquierdo del arquero, camiseta de Pilsen al pecho, campeones nacionales. Llanto. La hermosa Fantine vende uno de sus dientes para dar de comer a su hija Cosette. Los Miserables, Víctor Hugo. Qué fea es la pobreza.

abril 02, 2017

ME ENAMORÉ DE UN CURA

Entre la Iglesia católica yo hay una distancia ya de varios años. Sin embargo, esas diferencias, resultado de la inconsecuencia de muchos de sus curas, no hace que deje de admirar la vida de algunos católicos. Por ejemplo, mi nombre de batalla en las redes, quieropoco, es el resultado de una famosa frase de San Francisco de Asís: "deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco". Sabía San Francisco que el origen del pecado estaba en el deseo y aunque mis conceptos de pecado son otros - en realidad para mí el pecado no existe - igual la frase me parece genial pues todo empieza con el deseo. Deseo que es instigado y provocado por la cultura moderna que nos invita, en realidad nos obliga, a consumir hasta la inconsciencia. Liberalismo le llaman. La frase se la escuché en un concierto a Facundo Cabral y desde entonces la hice mía. Cambié el deseo poco por el quiero poco, sentía que sonaba mejor.

enero 16, 2017

ME ENCANTAN LOS MARGINALES

Me encantan los personajes marginales. Tal vez sea una proyección. Por eso me gusta Chinaski, el alter ego de Bukowski. Por eso amo a Fabrizio del Dongo y Julian Sorel, los héroes de Stendhal. Por eso me conmuevo con la incomparable pobreza MacCourt. Y aunque es mujer, claro que me identifico con la rebeldía de Emma Bovary.
Me gustan los marginales principalmente porque luchan contra algo, contra alguien y, por lo menos en la ficción, terminan imponiéndose. Me gustan porque sufren y ganan. ¡Cómo me gustan los personajes que sufren y al final triunfan¡ Me encantan los finales felices. Por eso disfruto mucho las películas americanas y las novelas mexicanas, aunque hace siglos que no veo una.
Y por estos tiempos mi marginal favorito es Jean Valjean. Y más: Los Miserables se ha convertido en una de mis novelas favoritas, al nivel de Madame Bovary o incluso Cenizas de Ángela.
Lo leí hace poco por primera vez. Me lo recomendaron mil veces pero nunca hice caso. Tengo una lógica de lectura que difícilmente se altera. Hasta que un día esa absurda inercia literaria hizo que me encontrara con Víctor Hugo y Los Miserables.
Me encanta Los Miserables porque intenta explicar lo inexplicable: la condición humana. Y Víctor Hugo, escritor idolatrado en vida como pocos, a niveles de un mega star de estos tiempos según Vargas Llosa, crea a su personaje principal Jean Valjean a partir de uno real llamado Eugène Français Vidocq, que había sido nada menos que un criminal arrepentido cuya contrición fue tal que se convirtió en creador de la Policía Nacional Francesa.

diciembre 10, 2015

MASCHERANO Y JEAN VALJEAN


No tengo dudas: Víctor Hugo se inspiró en Mascherano para crear a su personaje del padre Myriel.
Leo Los Miserables por primera vez, ¿cuántas veces lo haré, tantas como Madame Bovary?, y de arranque me sorprendo con el padre Myriel. De inmediato me viene a la cabeza la imagen del jefecito Mascherano y “Chiquito” Romero.
La historia es conocida y por lo menos a mí me conmovió. Argentina jugaba ante Holanda su pase a la final del mundial Brasil 2014. Empatan, definirán por penales. Nervios lógicos, rezos y en ese momento más que nunca, una fe ciega en las cábalas. La ruleta de los penales, instancia sometida al estado emocional de los protagonistas, decidirá al rival de Alemania. Argentina puede llegar a una final después de 24 años y su contrincante puede ser, ironía de la vida, el mismo. El fútbol y su muchas veces inexplicable, pero repetido simbolismo.
De pronto la señal internacional se enfoca en Mascherano y Romero. El Jefecito habla y el arquero cabeza gacha, escucha como un niño lo haría ante su padre:

“Hoy te convertís en héroe”.

La palabra del Jefecito no se oye solo se presiente, pero igual retumba en todo el planeta.

Todo esto me vino a la cabeza leyendo Los Miserables.

Me explico.

Pienso en la contundente frase de Mascherano y lo importante que alguien crea en uno. No es común que en un momento difícil, así se encontraba Romero, alguien se acerque y te apoye. Cada uno está en lo suyo y piensa poco en el otro. Y como es lógico Romero está muerto de miedo. En el mejor de los casos alguien se acerca y le dirá la recurrente como inservible frase hecha. De pronto viene Mascherano y con autoridad, casi como una orden, lo mira a los ojos y le lanza la sentencia.

“Hoy te convertís en héroe”.

Igual de desamparado se encontraba Jean Valjean. Claro que hay diferencias. Para empezar no era arquero. Aunque el título lo sugiera, Los Miserables no es una historia de fútbol. Valjean era un delincuente que había estado en la cárcel casi dos décadas y literalmente era un apestado. Salió libre y nadie lo quería recibir debido a su pasado.

Con ustedes Jean Valjean:

“Me llamo Jean Valjean: soy presidiario. He pasado en la cárcel diecinueve años. Estoy libre desde hace cuatro días…hoy anduve doce leguas a pie. Al llegar a esta ciudad entré en una posada, de la cual me despidieron a causa de mi pasaporte amarillo, que había presentado en la alcaldía, como es preciso hacerlo. Fui a otra posada, y me echaron fuera lo mismo que en la primera. Nadie quiere recibirme. He ido a la cárcel y el carcelero no me abrió. Me metí en una perrera, y el perro me mordió. Parece que sabía quién era yo. Me fui al campo para dormir al cielo raso; pero ni aun eso me fue posible, porque creí que iba a llover y que no habría un buen Dios que impidiera la lluvia; y volví a entrar en la ciudad para buscar en ella el quicio de una puerta. Iba a echarme ahí en la plaza sobre una piedra, cuando una buena mujer me ha señalado vuestra casa, y me ha dicho: llamad ahí. He llamado: ¿Qué casa es ésta? ... “todo el mundo me tiene miedo. ¿Queréis vos recibirme? ¿Es esta una posada?”

Nadie lo quería. Hasta los perros lo rechazaban. Pero decir nadie es muy contundente cuando hay personas como el cura Bienvenido Myriel. Sin saber nada de él, y a pesar de esta presentación, lo recibe, confía. Esa confianza ciega y absurda me hizo recordar la escena de Mascherano y Romero. Cuando Myriel le da casa y comida, Valjean lógicamente se sorprende.

 “¿Me recibís? ¿No me echáis? ¿A mí? ¿A un presidiario? ¿Y me llamáis caballero? ¿Y no me tuteáis? ¿Y no me decís: "¡sal de aquí, perro!" como acostumbran decirme?. Yo creía que tampoco aquí me recibirían; por eso os dije en seguida lo que soy. ¡Oh, gracias a la buena mujer que me envió a esta casa voy a cenar y a dormir en una cama con colchones y sábanas como todo el mundo! ¡Una cama! Hace diecinueve años que no me acuesto en una cama.

Hacía 19 años que no dormía en una cama. Nadie lo quería hasta que un buen cura le abrió su casa. Claro que hay curas buenos. 

Mascherano y Romero, el cura Myriel y Jean Valjean. Sería bueno creer más en la gente así no existan motivos. Creer, simplemente por creer. Creer en alguien, que crean en ti, en el fútbol y en la vida, qué difícil y qué hermoso.

EL SÍNDROME DE MOISÉS: LA MENTIRA DEL ORIGEN HUMILDE O DIGA QUE ES POBRE QUE REDITÚA

  Alguna vez, un ex querido amigo - cuando era   amigo -   me preguntó por los primeros trabajos que había tenido. Le dije la verdad: a los ...