marzo 24, 2014

¡QUÉ MIEDO...EL TEATRO!

    Imagínese una obra de teatro que le haya gustado mucho. Ya sé que hay varias, pero haga el esfuerzo e imagine una. Yo pienso en Los Músicos Ambulantes de Yuyachkani. Ahora imagine a esos actores perseguidos por la policía y presos por subversivos. ¿El delito? Solamente haber representado esa obra. Estoy viendo a Teresa y Rebeca Rally y al resto de músicos rumbo a la DIRCOTE.
    Y empieza el desfile: Miguel Rubio, Norma Martínez, Giovanni Ciccia, Mabel Duclós, Carlos Gasols y un largo etcétera. Actores de los más variados estilos y escuelas se van a la cana por haber hecho teatro.
    La escena es absurda, pero en algún momento fue la dura realidad a la que tuvieron que enfrentarse los teatreros. A lo largo de la historia absurdos personajillos, que desgraciadamente ostentaban poder, creyeron ver en las obras teatrales elementos nocivos para la sociedad. Empecemos con el papa Inocencio XII.
    Este purpurado no solo pasó a la historia por ser el último Papa en llevar barba y bigotes, sino, y principalmente, por perseguir actores de teatro. Con una firmeza digna de mejor causa, en 1697 ordenó la destrucción del teatro Tordinoma, lugar donde, decía, se hacían las representaciones más obscenas en toda Italia. De eso habló Darío Fo en un histórico discurso por el Día Mundial del Teatro:

marzo 14, 2014

EL VECO, EL PERRO PLUTO Y EL PERIODISMO DE PERIODISTAS



    Años 80. Avenida Uruguay, 9 de la mañana. Termina “Las Mañanas del Veco”. Quiero hablar con él. Hace relativamente poco el uruguayo llegó al país aquejado de “peruanitis”, mal que adquirió por decir que nuestra selección de fútbol era mejor que la uruguaya. Y así era. Por eso clasificamos al Mundial de España 82. Sí, alguna vez tuvimos una selección favorita para clasificar a un mundial. Qué tiempos.
    Entro a las míticas oficinas de radio El Sol. La del gran Pocho Rospigliosi, la de Luis Valdez, la de Lucho Garro, la de Mario Grau, Izusqui y Portanova. Hablo con El Veco. Las Mañanas… debe ser uno de los mejores programas deportivos que escuché en mi vida. Gracias a él me enamoré de la radio. Cómo olvidar las historias de Borocotó. Ese programa era lo máximo. Pido hablar con él. Al rato viene. ¿En qué lo puedo servir? Me trata de usted. Lo veo y me quedo paralizado. Es como estar frente al David de Miguel Ángel, parado en la Puerta de Brandenburgo o esperando una góndola en Venecia. Sí. Así me sentía. Me recupero. Le digo que estoy terminando de estudiar sociología y que mi tesis es sobre la relación entre fútbol y sociedad. “Los países juegan de acuerdo a su historia. A sus tradiciones e idiosincrasia”. Trato de impresionarlo. No sirve el floro. No hay plata, pibe. No importa, quiero ganar experiencia. No, siempre se le debe dar dinero al que trabaja. Será para la próxima.

FACHOS, COCINEROS, INTOLERANTES E INDIFERENTES

Las movilizaciones se han convertido en parte de la vida nacional. Me levanto y lo primero que hago es ver Twitter para saber cómo terminó l...