No haber leído de niño es una gran tragedia que ya no se puede remediar. No haber leído de niño debe ser lo segundo más grave que me pasó en la vida. Leí grande, pasados los 20. Recién ahí, gracias a un amigo, descubrí la literatura. Y como con el equipo de fútbol, entendí que un libro es un amor para siempre. Cuando dudo, ahí están esperándome los libros de cabecera. Ahí están las respuestas, la tranquilidad, la esperanza.
Me enamoré de la novela. No pasó lo mismo con la poesía. He leído poesía, claro; pero en mi biblioteca no hay muchos poetas. Debo reconocer con algo de vergüenza, que no he sido un gran lector de poesía. De lo poco que he leído, tal vez solo una docena poetas, dos son los que más me han impactado: Walt Whitman y Pablo Neruda. Hoy quiero pensar a WW.