noviembre 15, 2007

Jugando al muertito


(publicado en Caretas edición 2000. 31-10-07)
Apuntes para un banco de epitafios.

"No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda."
Woody Allen

    La intuición es la mayor virtud que debe tener un periodista. Lo dice Jon Lee Anderson, que del oficio conoce bastante, y aunque todavía no aprobé esta materia creo que estoy cerca. Con un presentimiento que envidiaría Agustín Merino, pido a mi amigo el poeta Renato Cisneros que me escriba su epitafio. A pesar de que sus tiempos y los míos rara vez coinciden - es un tardón de mierda - Renato cumple con la solicitud a tiempo, tan a tiempo que casi se usa. Una semana después de darme su último aviso al mundo, los médicos que lo atendieron en La Oroya por un Edema de Glotis que casi termina en asfixia, dicen que estuvo a un tris de morir. - Me cagaste mi nota del día de los muertos - le increpo. Tiro al palo. Finalmente la intuición no fue tal. Esta vez no pude aprobar, Jon. Pero estuve cera. Cuando el poeta muera quiere que le pongan en su tumba:

agosto 02, 2007

A PROPÓSITO DEL 28

SOBRE LA PATRIA
    ¿Qué es la patria? Un hijo lejano, una lágrima que finalmente se puede domesticar, que salta, grita, da la patita, sale y se esconde sólo cuando yo se lo digo.
    ¿Qué es la patria? Mi madre asesinada por los medios, mi padre ausente, mi pelo teñido de rojo. Mis perros lejanos.

mayo 27, 2007

No hay sifón (3)

    "La Vieja Roticería". Así se llama el escenario de nuestro primer encuentro con la comida bonaerense. El sitio era simpático, humilde y con una comida estupenda. Ese clásico lugar, muy popular, donde comes codo a codo con la gente. La sensación es extraña pues nunca comemos así en Lima. Una vez más comprobé que aquí la comida es barata. Tome nota: Una enorme milanesa a la napolitana, 4 pesos, un bife de chorizo, 7 pesos, una porción de fritas (papas fritas) y dos botellitas de vino banco de Mendoza. Todo a 35 pesos. Diez dólares. Increíble. Y todo muy bueno. Excelente. Transcurre el tiempo y reparo en algo, el mozo no nos trajo el sifón. Durante todo el viaje le hablé a mi esposa de esta singularidad argentina. La expectativa del encuentro con el sifón era especial pues en casa tenemos uno muy antiguo. Me lo regaló en 1990 mi amigo Daniel Almirón. Viene el mozo y le reclamo cordialmente el sifón. No, me dice, el sifón ya no existe en Buenos Aires.

mayo 01, 2007

Escala en Santiago y por fin Buenos Aires

Segunda parte

El vuelo hace escala en Santiago. Hace mucho tiempo mi amigo Guillermo me dijo que los momentos más complicados de un viaje son el despegue y el aterrizaje. Maldita sea mi memoria. La frase no deja de torturarme. Ambas circunstancias me dan miedo. Trato de controlarme. No hay problemas. El aterrizaje en Santiago fue sencillo. Es madrugada y bajamos al aeropuerto. Es la segunda vez que estoy en un lugar de paso. Antes fue en Arequipa. En ambos lugares estuve unos minutos. Recuerdo que en la Ciudad Blanca vi en persona por primera vez a Gisela Valcárcel. Siempre me encantó Gisela. En esta ocasión no me encuentro con nadie conocido. Nos tomamos fotos. Pasamos el control sin problemas. Subimos a otro avión. Nadie ocupa el tercer asiento. En viaje será mejor. Ya falta poco, Buenos Aires está más cerca.

abril 24, 2007

(DE) VUELTA EN U (AP)

    Antes de seguir con las historias de Buenos Aires, una reflexión inevitable: el gran problema es que no exteriorizamos. Nos reprimimos. Siempre les digo a mis alumnos que la comunicación debemos situarla en un plano afectivo. Afecto, una de las palabras claves para comunicarse. La cultura, la iglesia, la sociedad, la escuela y nuestros padres, parecen haber firmado una alianza secreta para evitar que nuestros sentimientos se conviertan en verbo, en acción. Lo común es esconderlos y pasarnos la vida sin decirle a la gente que la queremos. Salvo algunas chelas o vinos que nos ayudan a desinhibir, nuestros afectos siempre permanecen en silencio, mudos, condenados injustamente a no llegar a su destinatario.

abril 13, 2007

Buenos Aires, quince años después

    Luego de quince años volví a Buenos aires. Junto a mi esposa vivimos 14 días inolvidables. Aquí algunas cosas que escribimos en un hostal ubicado en el límite de La Boca y San Telmo.  
    Buenos Aires. Antes de partir. 
    Uno trata de planificar algo su vida, pero definitivamente lo imprevisto es quien domina nuestra existencia. Por lo menos la mía. Por lo menos la nuestra. Hacía rato que queríamos viajar con Carmen, pero por uno u otro motivo no salía nada. Todo al interior. De pronto se juntó algo de plata y listo, ya estamos en Buenos Aires. La situación se planteó así de fácil pero las cosas se empezaron a complicar. Por lo menos en mi cabeza. Llegamos al aeropuerto con tiempo. De pronto en la cola de migraciones me entró una terrible ansiedad. Tantas películas norteamericanas hicieron su efecto. Por alguna razón que después entendí, empecé a imaginarme que me detendrían, esa noche terminaría preso y todo se iría al demonio. No había motivos. Incluso enfrenté con éxito a mis fantasmas de Inforcorp y logré vencerlos. Después de quince años, los mismos que no iba a Buenos Aires, quedé limpio. Dejé de ser aquel cliente VIP que fui casi desde la creación de la central de riesgos. Ya no tenía deudas. Pero tenía miedo. Se acerca un empleado de migraciones y me saluda.

BENGOCHEISMO

  Este artículo lo escribí cuando algunos criticaban al profe; pero nunca lo publiqué, se quedó ahí. Aquí va. La coyuntura lo exige.     Llá...