abril 24, 2007

(DE) VUELTA EN U (AP)

    Antes de seguir con las historias de Buenos Aires, una reflexión inevitable: el gran problema es que no exteriorizamos. Nos reprimimos. Siempre les digo a mis alumnos que la comunicación debemos situarla en un plano afectivo. Afecto, una de las palabras claves para comunicarse. La cultura, la iglesia, la sociedad, la escuela y nuestros padres, parecen haber firmado una alianza secreta para evitar que nuestros sentimientos se conviertan en verbo, en acción. Lo común es esconderlos y pasarnos la vida sin decirle a la gente que la queremos. Salvo algunas chelas o vinos que nos ayudan a desinhibir, nuestros afectos siempre permanecen en silencio, mudos, condenados injustamente a no llegar a su destinatario.     Hoy cuando regresé a Alas Peruanas, luego de un incidente felizmente superado, me encontré con los alumnos cuyo curso quedó inconcluso. Fue maravilloso. Casi un sueño. Me abrazaron y me besaron. Me dijeron cosas lindas. Hoy pude comprobar, aunque parezca contradictorio, que el peor acontecimiento siempre guarda algo de bueno. La pena de no culminar las cosas que habíamos planteado al inicio de ciclo, fue compensaba con la felicidad exteriorizada de mis alumnos. Fue un lindo retorno. 
¡Gracias chicos!

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