marzo 22, 2016

EL VECO Y BOROCOTÓ


Siempre amé la radio. De niño mi juguete favorito era una radio/tocadisco azul con la que dormía abrazado. Mi vieja me advertía sobre el gasto de electricidad, pero yo igual pasaba la vida con el oído pegado al parlante. Ahí, escuchaba al inigualable Ronco Gámez, al incomparable Pocho Rospigliosi y a todo su plantel de Ovación en radio El Sol, a Iván Márquez con su Eva y yo, y a la mejor de todas, Diana García y su programa, Tú, yo y … mis discos. Claro que escuchaba a otros, pero a estos los recuerdo más.
Siempre amé la radio pero cuando escuché al Veco decidí que tenía que trabajar ahí. Nunca me imaginé que se pudiera hacer periodismo deportivo en esa tesitura. En Las Mañanas del Veco claro que tenían información, pero también había emoción, sensibilidad, ternura. Historias alucinantes. Recuerdo con mucho cariño ese programa.
La gran diferencia entre el periodista uruguayo y sus colegas era la enorme sensibilidad que le imprimía a sus comentarios. Claro que era un gran analista, pero me llamaba más la atención el tono emotivo con que contaba sus historias. No pocas veces lo escuché con la voz quebrada luego de narrar algún cuento o contar una anécdota.

marzo 11, 2016

EN DEFENSA DE NADINE


No, no voy a defender a Nadine. Chamba muy complicada. Prefiero realizar actividades más simples como limpiarle los dientes a un tiburón o trabajar en el make up de Laura Bozzo. En realidad el titular no es real. Es mentira. Lo puse para que usted lea mi nota, para que se interese. Pero, ¿el periodismo puede mentir? Claro. Por supuesto. No importa. En estos tiempos donde todo se compra y todo se vende, la prensa puede mentir impunemente, todo con tal de conseguir la atención del lector.
Una muestra de esto es el diario Exitosa. Mienten y encima lo admiten a viva voz. El 16 de octubre en la portada del suplemento La Kalle publicaban que el entrenador de la selección peruana de fútbol Ricardo Gareca se iba y que en su reemplazo llegaba el colombiano Reinaldo Rueda. En su programa de radio, un sorprendido Gonzalo Núñez preguntó a los responsables de ese suplemento si era cierta la noticia aparecida en portada, a lo que respondieron:

-                ¿Te enganchó el titular del periódico? ¿Pagaste tu china y compraste? Caíste pues, caíste redondito.

Un obnubilado Núñez insiste y les pregunta si se trata de eso, de engañar al público. Los responsables no tienen reparos en exponer sus intenciones.

marzo 10, 2016

SILVIO VALENCIA Y EL PERIODISMO DE PERIODISTAS

Gonzalo Núñez, Beto Ortiz, Roberto Challe (el de El Bocón), Milagros Leiva, Depor,  entre otros, son “caseritos” en mis clases de periodismo. De cómo no hacer periodismo, quiero decir. Más de una vez mis sorprendidos alumnos me han preguntado si está bien criticar así a los “coleguitas”. ¿Se puede hacer periodismo de periodistas? Y por supuesto que les respondo con la fundamentación debida.

Que yo sepa, la primera persona que empleó el concepto “No hay que hacer periodismo de periodistas” fue El Veco. Y había que escucharlo pues no era cualquiera, lo decía nada menos que un portento del periodismo deportivo en nuestro país y en el Río de la Plata. Sin embargo, El Veco se equivocó. Como se equivocó Napoleón, como en 1920 se  equivocó el New York Times al decir que los viajes espaciales eran una locura, o como se equivocó Mike Smith, máximo ejecutivo de Decca Records de Londres, al escuchar por primera vez a The Beatles y decir que no servían “pues la guitarra estaba en vías de extinción”.


Todos eran expertos y se equivocaron. Podría poner más ejemplos, pero no es el tema. Con todo el cariño que le tengo al Veco, a quien conocí y tuve la suerte de entrevistarlo algunas veces en su departamento de San Isidro, como tantos grandes, él también se equivocó.

Pasa que El Veco era de una época del periodismo donde no había Silvios Valencias ni Milagros Leivas. No tantos por lo menos. Hoy abundan, por eso el oficio sufre la peor crisis de su historia. Es un incendio y solo quedan dos opciones: tirar agua o quedarse a ver como se achicharra todo. Tú verás lo que haces. Yo tiro agua.

Creo que el escándalo de Silvio Valencia ha servido para entender que sí se debe hacer periodismo de periodistas.

Si tú realizas una actividad y alguien la ensucia, es tu obligación denunciar al que malogra la plaza. Por ejemplo, si eres un buen electricista y un colega realiza un servicio, pero roba algo de la casa donde trabajó, lo más seguro es que con esa simpleza que tiene la gente, de inmediato se generalice la idea de que los electricistas son rateros.

Si alguien hace daño al oficio hay que denunciarlo.

Me reafirmo en esta idea, pero más importante es lo que dice el maestro de periodismo Javier Darío Restrepo.

 

“La solidaridad gremial se entiende como el esfuerzo conjunto para progresar personal y profesionalmente. La de los periodistas es, pues, una unión para ser mejores no una mafia que fortalece mecanismos para hacer el mal”.

 

Duro pero exacto.

 

Lo más fácil es no pronunciarse. Callarse. Pasar piola y no decir nada. No te ganas líos y “nunca quedas mal con nadie”. ¿Se acuerdan de Los Prisioneros? Es muy fácil decir: lo decía El Veco por eso lo repito. Lo difícil es disentir y pensar por uno. Lo difícil es llamar a las cosas por su nombre. Ya está dicho, los expertos se equivocan.

Uno de los graves problemas que tenemos los peruanos es la falta de autocrítica. Chile, Alan, Fujimori, la izquierda, Sendero Luminoso, Toledo, Humala, Velasco, el árbitro y Pizarro, son los responsables de nuestras desgracias. Y claro que tienen su responsabilidad. En algunos casos enorme. Sin embargo, muchas veces solo nos quedamos en eso. La culpa siempre la tiene el otro. Esa falta de vernos como somos y criticarnos es uno de los cánceres de país.

Y en el periodismo es galopante.

Hay una malentendida solidaridad gremial con quienes cometieron flagrantes delitos. Incluso, algunos con denuncias de violación de menores. Tampoco se trata de hacerles la cruz y proscribirlos de por vida. El problema es que no hay una real capacidad de rectificar y encima, como se trata de gente con talento, terminan siendo líderes de opinión. Y el periodismo por los suelos.

Sigo citando a Restrepo: “El tema tiene que ver, también, con la necesidad de la autocrítica como mecanismo para mejorar. Críticas y autocríticas son necesarias porque dejan ver las debilidades y los errores que estorban el progreso personal y profesional. Cuando esas debilidades se perciben, es más cierta la posibilidad de un progreso porque corregir errores y superar debilidades son pasos indispensables para progresar”.

Criticar es avanzar. Cuando entendamos que el error es parte del aprendizaje, empezaremos a crecer como periodistas, pero algo mejor aún, empezaremos a crecer como personas y como país.

 

BENGOCHEISMO

  Este artículo lo escribí cuando algunos criticaban al profe; pero nunca lo publiqué, se quedó ahí. Aquí va. La coyuntura lo exige.     Llá...