diciembre 20, 2006

Tres lecciones sobre las mujeres. Absolutas, contundentes y definitivas. (Por lo menos para mí)

    1973. Primera lección: a las mujeres les gustan los chicos malos. Tenía doce años y vivía enamorado de Fanny. Cabello largo, risa fácil y coqueta, muy coqueta. Que el hombre llegara a la Luna era noticia antigua. Hacía tiempo que la chica con nombre de lata de atún me había lanzado a la estratosfera y yo disfrutaba de la falta de gravedad. Pero había un problema. Fanny apenas sabía de mi existencia. Tímido y acomplejado “hasta la pared de enfrente”, expresión usada por mi tío que no entendía, pero me encantaba, las posibilidades solo de hablarle, eran muy complicadas. Sin embargo, un día ocurrió lo increíble, Fanny me habló.                      Irresponsable y distraído, paseaba con mi bicicleta sin la menor sospecha de que estaba transcurriendo el mejor día de mi vida. Alguien me llamó, era Fanny. Me pidió que la "jalase" al mercado. Sí, dije con suficiencia, miedo y vergüenza. No sé por qué pero tenía mucha vergüenza. Ese día de la Luna pasé a Marte. La noticia se expandió por todo el barrio y yo era feliz. No había pasado nada importante, solo se agarró de mi cintura en una curva. Pero era suficiente. La gente lo sabía. Fanny y yo en mi bicicleta.

diciembre 06, 2006

PARIS...ESA FIESTA

    Quienes tenemos alguna pretensión literaria, no sé, escribir algo, lo que sea, sabemos que el destino ideal es Francia. Para ser más específicos, París. Si quieres ser escritor tienes que ir a París. Por lo menos esa era la convención, la moda, lo que se debía hacer o por lo menos pensar. Claro, una vez que defines que serás escritor, o por lo menos que morirás en el intento, descubres que lo de París es una locura.

noviembre 06, 2006

LOS TRANSFORMES CON PONCHO Y UN SHOT DE PISCO

    Un valse del Zambo Cavero, los goles de Cubillas, Pérez de Cuellar en la ONU. Juan Diego Flores, la medalla de Pancho Bozza, el triunfo frente a Bulgaria. El campeonato de la Sofi, Inma Sumac, un shot de pisco. Hay momentos en que el orgullo de ser peruano es una emoción incontenible. Instantes en los que sin rubor, serías capaz de lanzar loas por el lugar donde naciste. Circunstancias donde, en el colmo del amor patrio, podrías incluso reconciliarte con el duro golpe a la autoestima nacional que te da la cotidianidad. Pero como nadie es dueño de sus emociones, también hay momentos en que ese orgullo aflora de una manera más absurda. Es una rara emoción que no se exterioriza ni merece primeras planas. Singular alegría encorsetada y contenida, donde te mueres por gritar arriba Perú, pero no lo haces porque sería ridículo.

octubre 14, 2006

Vamos a cobrar. (Para el ángel de vestido celeste, blusa y toca blanca)

    Era un ritual. A partir del 25 de cada mes, siempre esperaba que mi madre me dijera lo mismo: Mañana vamos al hospital, es día de pago. Tendría unos ocho años y mis conceptos sobre dinero, pago, gasto y ahorro no eran muy elaborados. Simplemente sabía que era un día especial, distinto, el mejor del mes. Me ponía la ropa del domingo, y como en los paseos, la ansiedad no me dejaba dormir tranquilo, me levantaba antes que todos y era el más entusiasta del grupo. Mi ropa de domingo era un pantalón de corduroy verde, una camisa amarilla y una chompa beige. Era el atuendo de lujo, el de las fiestas, el de la misa dominical, el que me ponía para ver a Margarita, la chica de la avenida Lima. 
    Salíamos de casa temprano sin tomar desayuno. En el paradero del parque Raimondi tomábamos la 2. Cuando llegábamos al hospital, mi madre entraba a un cuarto donde había cientos de cartones y un enorme reloj. Marcaba su entrada siempre antes de las ocho y de inmediato íbamos a la cafetería del hospital.

septiembre 24, 2006

MISÁNTROPO. (Se sugiere leerlo escuchando Yellow de Coldplay. Gracias Pepe.)

    No tengo muchos amigos. Como Malraux creo que en la vida uno tiene pocos amigos. Dice el escritor que cinco es una cifra más que exagerada. "Uno puede considerarse afortunado si tiene cinco amigos en toda su vida". Por supuesto que aquí el término amigo se usa para aquella relación de amor, entrega y profundo compromiso con la otra persona. En realidad se ha devaluado mucho la palabra amigo. Amigo le decimos a cualquiera. Prefiero los grupos pequeños. Mirarnos a los ojos y decir lo que sentimos. Nada de gritos, nada de histerias ni engreimientos. Me encantan las discotecas pero solo para bailar. No aguanto hablar a los gritos. Como Ortega yo también odio las multitudes.

septiembre 11, 2006

Otro ciclo en la de Lima

    En medio de la selva africana. Así me siento al inicio de cada ciclo en la Universidad de Lima. En medio de la tundra esperando a ver qué aparece. A la expectativa por la inminente llegada de lo inesperado, ante nuevas aventuras, frente a gente que nunca vi y que en algunos casos, se convertirá en entrañable. Como ocurrió antes, como ocurre siempre. Sí, en medio de la selva, con los sentidos afinadísimos. Adrenalina por litros, la felicidad total. Me manejo por emociones, por la intuición y esa me dice que este ciclo es especial. No sé si el mejor. Creo que sí. Espero que sí. Nunca lo dije antes, pero así como aseguro que el anterior, el 2006-I, fue el de mayor reto, el que más aprendí de los alumnos, también siento, intuyo que este será el mejor de todos.

agosto 29, 2006

NUEVAMENTE SILVIO

    Cuando voy a comprar discos me pregunto si busco algo o me dejo llevar por la oferta. Si salgo en busca de canciones o son las canciones las que me encuentran. Creo que finalmente, como cualquier adicción, uno se deja llevar y ahí, frente a la merca, en este caso la música, uno se mueve al ritmo de lo que te ofrecen.

agosto 14, 2006

LOS POLITICOS SIEMPRE CON LOS OJOS EN LA NUCA

    Parece que en política siempre hacemos las cosas al revés. Cuando apareció la violencia de terrorista, de inmediato los “genios” Belaunde, García y Fujimori, decidieron tomar al toro por las astas y enfrentar la maldición terrorista. Los tres, de diferente manera pero bajo un mismo principio, aplicaron la política de tierra arrasada. Muerto el perro se acabó la rabia. Y en la lucha contra los enfermos de Sendero, se llevaron varios inocentes. Sin embargo, se olvidaron de un gran detalle, lo lógico e inteligente era atacar las causas del problema, no las consecuencias. Ya lo dijo La Comisión de la Verdad en su Informe Final: AUN HOY SUBSISTEN EN EL PERU LAS MISMAS CONDICIONES DE DESIGUALDAD QUE PROPICIARON EL SURGIMIENTO DE SENDERO LUMINOSO. Ni Toledo ni mucho menos García han movido un dedo para cambiar esto.

julio 17, 2006

Enseñar en tres universidades es una maravilla.

    Un regalo que me ha dado la vida. Y no lo digo solo por el hecho laboral, que es una bendición. Lo digo además por la experiencia de conocer gente. Vidas. Sueños. Ideas. Todas las universidades me muestran la realidad de nuestro país. Segmentado, diferente, complicado. Pero al mismo tiempo rico por esa variedad. La Fundación Universitaria San Martín de Colombia tiene alumnos de condición económica baja. Sin embargo, su entusiasmo por aprender y adquirir conocimientos es enorme. Tal vez más grande que cualquiera. Se trata de estudiantes de Ingeniería de Sistemas y la relación es muy rica porque mi curso, Comunicación Oral y Escrita, no es de la especialidad, pero trato de explicarles la importancia de manejar bien el lenguaje. Como muchos, algunos creen que hablar o escribir bien no es requisito para ser buenos profesionales. Y desgraciadamente la realidad les da la razón.

junio 30, 2006

FALTA DE TIEMPO.


    Los últimos cuatro meses fueron “complicados”. Lo pongo entrecomillado porque debido a las chambas, que es una buena noticia, me faltó tiempo para escribir, que es la mala noticia. Escribir me encanta y no hacerlo por falta de tiempo es una tortura. Alguna vez algún escritor dijo que la necesidad de escribir era como una adicción al revés, te sientes mal si no lo haces. Cada día que pasaba postergando proyectos, sin escribir nada, era como una tortura, como si estuviera haciendo algo malo. Así como cuando con mis amigos de Barranco, allá en los ochenta, íbamos a comprar algo para “levantarnos el alma” donde la negra Elena. En realidad nunca nos la levantaba, al contrario, nos sentíamos culpables por los excesos. Tan culpable antes, por eso que nos daba Elena, como ahora por no escribir. Eso de la falta de tiempo, deben saberlo, es un pretexto. Hace unos días Jaime Bedoya, a quien acababa de conocer en una reunión en casa de mi amigo Roberto, me pidió un artículo para Caretas y a pesar de lo complicado de mi tiempo, pude escribirlo. Es cuestión de programarse y listo. Problema resuelto. Lo que ocurre es que algunos nos distraemos fácilmente. No quiero echar la culpa a nadie pero el sistema también contribuye a eso. Cuando digo sistema me refiero al Mundial. No voy a quejarme de la alienación futbolística. Soy fanático del fútbol, no solo de verlo sino de practicarlo, me refiero a que hay tantas cosas que hacer, que pasarse dos horas y a veces cuatro frente al televisor, es quemar bastante tiempo. No me siento culpable de hacerlo. Pero en realidad es un desperdicio. Espero empezar a escribir más seguido cosas actuales y no recurrir al archivo. Enseñar en tres universidades es una maravilla. Una experiencia de vida incomparable. Cada grupo es interesante, cada persona es interesante y guarda una particularidad especial. De ellos les contaré algo, lo que se pueda, más adelante.

junio 15, 2006

SACÁNDOSE EL CORSÉ

Acabo de terminar La Hora Azul de Alonso Cueto y al cerrar su última página me volvieron las preguntas de siempre. ¿Cuánto de verdad habrá en lo contado? ¿Habrá existido Míriam? ¿Existirá Miguel? ¿Cuánto de realidad y cuánto de ficción hubo en cada línea? Siempre es lo mismo. La literatura me suele dejar la sensación de haber transitado por un territorio donde no están claramente delimitadas las fronteras entre la realidad y la fantasía. Tal vez el éxito de un escritor sea construir sus historias en esos linderos. Quizás para los escritores la realidad sea un asfixiante corsé que no están dispuestos a calzarse.

mayo 08, 2006

Estupidez intelectual

    Uno de los intelectuales más respetados del país, asesor del Presidente Alberto Fujimori, llegó a un cargo directivo en canal 7. Nunca había trabajado en nada parecido a la TV, pero el partido lo envió a supervisar el contenido de los programas. Un día, mis compañeros de Informalísimo pueden dar fe, nos llamó para hacernos una propuesta tan absurda como increíble. Como éramos el programa de mayor rating del canal, nos sugirió hacer algunos cambios. "Según los estudios de medición, su programa es visto mayormente por gente de la clase alta. Por lo tanto de ahora en adelante sólo quiero que inviten a gente blanca". Este personaje pensaba que la gente “blanca” que nos veía, se sentiría cómoda viendo a sus similares en nuestro programa. Creía que así se aseguraba el rating. "Si ven cholos cambiarán de canal, de ahora en adelante sólo quiero blanquitos en la pantalla". Un dato anexo es que el personaje en mención era historiador y tenía por lo menos 4 libros publicados. Es decir que no se trataba de un patán cualquiera que por cosas de nuestra política, devino a funcionario público. Incluso sus amigos decían que era un tipo sensible, muy simpático e inteligente. Entonces ¿qué pasó? Desde entonces recurrentemente me hago la pregunta. ¿Fue un desliz, un error o simplemente este estudioso del Perú, especialmente del período preinca, que trabajaba en un canal que llega al último rincón del país, creyó haber realizado una propuesta inteligente? ¿Acaso los intelectuales, aquellos seres encargados de pensar la sociedad, de, se supone, excelente formación, profundas lecturas y gran sensibilidad, también son susceptibles de cometer sandeces? ¿O el caso de este señor era algo extraordinario, un accidente, acaso un error de la naturaleza? 

mayo 05, 2006

Diego, tantas veces Diego

     Parece que nuestra vida, hablo de la suya y de la mía que finalmente son las únicas que importan, siempre estará ligada a Diego. ¿Qué Diego? El único. Aquel que como Aníbal, César, Plutarco o Diógenes se ganó el derecho a que su nombre quede inscrito en la memoria de todos, por siempre, para siempre. Como si antes no hubieran existido Diegos. Como si fuera el primero. 

marzo 29, 2006

La desgracia Latinoamericana*

    Todos en algún momento hemos jugado con hormigas. Allá en el parque Raimondi de mi infancia, les hacíamos caminitos, “ríos”, les poníamos migas de pan y nos sorprendíamos cuando se las ponían al “hombro” y las llevaban a sus “casas”. Jugábamos con las hormigas pero nadie, por lo menos nunca lo supe, iba a tener hormigas de mascotas. Nos divertíamos con ellas pero no llegábamos a amarlas, nadie quería una hormiga y no teníamos sentimiento de culpa por ello. Cuando se perdían nuestros perros o algún gato enamorado desaparecía por algunas semanas, nos preocupábamos, pero nunca se supo de alguien que sufriera por la muerte de alguna hormiga. El dictador salvadoreño Maximiliano Hernández sí amaba las hormigas. 

febrero 16, 2006

Por supuesto que amo a los dictadores

    No hay dudas, Velasco era un tipazo. Hacía dos semanas el terremoto había arrasado Yungay, la tierra de mi vieja. Todo era feo, oscuro. Habían muerto algunos primos y mi tío Perico, el preferido, el deportista, el ganador. La casa, aquel enorme rancho con huerta y acequia que pasaba por medio del patio, terminó sumergida en el lodo, y aquel bello pueblo, “la Suiza peruana” se había convertido en camposanto. Nosotros vivíamos en Lima y el terremoto también había destruido parte de Barranco. Como tantas, nuestra casa se derrumbó y junto a mi madre y hermana, terminamos durmiendo en una carpa del Estadio Municipal. Un día, en medio de este desastre, se anunció en alta voz que el general Velasco nos convocaba a la JAN, Junta de Asistencia Nacional. Dos semanas después de la tragedia, justo cuando más necesitábamos ayuda, el General nos dio una mano. Llegamos y ahí estaba junto a su esposa Consuelo. Aquel día nos llevamos tres kilos de arroz y dos frazadas. Posiblemente nos dieron algo más pero eso es lo que recuerdo. Al volver, mi madre se deshacía en elogios hacía Velasco. Yo no tenía dudas: el General, aquel dictador como lo llamaban, era un tipazo. Tenía 8 años y para aquellos migrantes que nos sentíamos extraños en un país que nos llamaba invasores, escuchar la predica nacionalista de Velasco fue una reconciliación. Por eso todas las tardes con mis amigos cantábamos el himno de la revolución.

BENGOCHEISMO

  Este artículo lo escribí cuando algunos criticaban al profe; pero nunca lo publiqué, se quedó ahí. Aquí va. La coyuntura lo exige.     Llá...