marzo 29, 2006

La desgracia Latinoamericana*

    Todos en algún momento hemos jugado con hormigas. Allá en el parque Raimondi de mi infancia, les hacíamos caminitos, “ríos”, les poníamos migas de pan y nos sorprendíamos cuando se las ponían al “hombro” y las llevaban a sus “casas”. Jugábamos con las hormigas pero nadie, por lo menos nunca lo supe, iba a tener hormigas de mascotas. Nos divertíamos con ellas pero no llegábamos a amarlas, nadie quería una hormiga y no teníamos sentimiento de culpa por ello. Cuando se perdían nuestros perros o algún gato enamorado desaparecía por algunas semanas, nos preocupábamos, pero nunca se supo de alguien que sufriera por la muerte de alguna hormiga. El dictador salvadoreño Maximiliano Hernández sí amaba las hormigas. 

SEGUNDA VUELTA: PRENSA Y MIEDO

     Miedo e incertidumbre son dos sensaciones que nos acompañan desde que apareció la pandemia. Y ya llevamos año y medio con barbijo, al...