junio 30, 2006

FALTA DE TIEMPO.


    Los últimos cuatro meses fueron “complicados”. Lo pongo entrecomillado porque debido a las chambas, que es una buena noticia, me faltó tiempo para escribir, que es la mala noticia. Escribir me encanta y no hacerlo por falta de tiempo es una tortura. Alguna vez algún escritor dijo que la necesidad de escribir era como una adicción al revés, te sientes mal si no lo haces. Cada día que pasaba postergando proyectos, sin escribir nada, era como una tortura, como si estuviera haciendo algo malo. Así como cuando con mis amigos de Barranco, allá en los ochenta, íbamos a comprar algo para “levantarnos el alma” donde la negra Elena. En realidad nunca nos la levantaba, al contrario, nos sentíamos culpables por los excesos. Tan culpable antes, por eso que nos daba Elena, como ahora por no escribir. Eso de la falta de tiempo, deben saberlo, es un pretexto. Hace unos días Jaime Bedoya, a quien acababa de conocer en una reunión en casa de mi amigo Roberto, me pidió un artículo para Caretas y a pesar de lo complicado de mi tiempo, pude escribirlo. Es cuestión de programarse y listo. Problema resuelto. Lo que ocurre es que algunos nos distraemos fácilmente. No quiero echar la culpa a nadie pero el sistema también contribuye a eso. Cuando digo sistema me refiero al Mundial. No voy a quejarme de la alienación futbolística. Soy fanático del fútbol, no solo de verlo sino de practicarlo, me refiero a que hay tantas cosas que hacer, que pasarse dos horas y a veces cuatro frente al televisor, es quemar bastante tiempo. No me siento culpable de hacerlo. Pero en realidad es un desperdicio. Espero empezar a escribir más seguido cosas actuales y no recurrir al archivo. Enseñar en tres universidades es una maravilla. Una experiencia de vida incomparable. Cada grupo es interesante, cada persona es interesante y guarda una particularidad especial. De ellos les contaré algo, lo que se pueda, más adelante.

junio 15, 2006

SACÁNDOSE EL CORSÉ

Acabo de terminar La Hora Azul de Alonso Cueto y al cerrar su última página me volvieron las preguntas de siempre. ¿Cuánto de verdad habrá en lo contado? ¿Habrá existido Míriam? ¿Existirá Miguel? ¿Cuánto de realidad y cuánto de ficción hubo en cada línea? Siempre es lo mismo. La literatura me suele dejar la sensación de haber transitado por un territorio donde no están claramente delimitadas las fronteras entre la realidad y la fantasía. Tal vez el éxito de un escritor sea construir sus historias en esos linderos. Quizás para los escritores la realidad sea un asfixiante corsé que no están dispuestos a calzarse.

BENGOCHEISMO

  Este artículo lo escribí cuando algunos criticaban al profe; pero nunca lo publiqué, se quedó ahí. Aquí va. La coyuntura lo exige.     Llá...