septiembre 30, 2016

SOBRE LA DROGA. DEDICADO A PPK

“Mirad, mirad bien el camino de la droga antes de viajar
por él y liaros con las Malas Compañías.
Palabras para el que sabe”.
William Burroughs


De plano y para que no quede duda, habrá que decir que la droga es mala, que ser adicto es lo peor que le puede pasar a una persona. Habrá que decir que la adicción degrada, baja la autoestima, reduce la condición humana y termina matando. Sé de lo que hablo.
Pero también habrá que decir que la droga es una enorme realidad que está en la esquina de tu casa y aún más, puede tocarte la puerta por delivery si así lo quieres.
Y habrá que decir además que la drogadicción es una enfermedad que tiene raíces en los afectos; por lo menos eso es lo que creo. En ese sentido, el más inteligente aporte lo brinda el psicoanalista austriaco Bruno Bettelheim, quien definió brillantemente a la droga como “la madre instantánea”. Genio. O sea, que finalmente quien se mete un troncho, PPK dixit, o un bate como dirían otros, busca afecto. Creo que todo se reduce a eso. Simple pero complicado al mismo tiempo.
Quien sabía, y mucho, de drogas era Williams Burroughs. El escritor emblema de la generación beat, base de la movida hippie, ha dejado testimonio de sus excesos en Almuerzo desnudo. Por supuesto que esta obra estuvo prohibida, censurada, proscrita; pero finalmente incluida entre las mejores de la historia de la literatura. Almuerzo es una advertencia sobre el camino a donde nos pueden llevar los excesos.
Me gusta lo que Burroughs dice en la introducción pues sitúa a la adicción como una enfermedad que puede curarse pero no se hace por el negocio que representa.
Aquí está. Almas sensibles, bebitas y damas con atuendos abundantes en bobos y blondas, abstenerse de leerla.
Ahí va.

“La Enfermedad es la adicción a la droga y yo fui adicto durante quince años. Cuando digo adicto quiero decir adicto a la droga (término genérico para el opio y/o sus derivados, incluyendo todos los sintéticos, del demerol al palfium). He consumido la droga bajo muchas formas: morfina, heroína, dilaudid, eucodal, pantopón, diccodid, diosane, opio, demerol, dolofina, palfium. La he fumado, comido, aspirado, inyectado en vena-piel-músculo, introducido en supositorios rectales. La aguja no es importante. Tanto da que la aspires, la fumes, la comas o te la metas por el culo, el resultado es el mismo: adicción. Cuando hablo de adicción a la droga no me refiero al kif, la marihuana o cualquier preparado de hachís, mescalina, Bannisteria caapi, LSD6, hongos sagrados, ni a ninguna droga del grupo de los alucinógenos... No hay pruebas de que el uso de algún alucinógeno produzca dependencia física. La acción de esas sustancias es fisiológicamente la opuesta a la acción de la droga. El celo de los departamentos de narcóticos de Estados Unidos y otros países ha dado lugar a una lamentable confusión entre las dos clases de drogas.”…
Sobre su cura con apomorfina.
“La cura de apomorfina es cualitativamente distinta de otros métodos de cura. Los he probado todos. Reducción rápida, reducción lenta, cortisona, antihistamínicos, tranquilizantes, curas de sueño, tolserol, reserpina. Ninguna de esas curas superó la primera oportunidad de reincidir. Puedo asegurar que nunca me curé metabólicamente hasta haber realizado la cura de apomorfina”.

Me encanta su definición de droga de donde excluye a la marihuana. Como es obvio estoy de acuerdo con su legalización aunque me quedan dudas si en nuestro precario país se pueda llevar a cabo una idea así. Con famélicas instituciones y jueces y políticos impresentables, tal vez el remedio sea mucho peor que la enfermedad.
Almuerzo desnudo es exultante, exagerado, una apología a las drogas que debe entenderse más como una advertencia para aquellos que creen encontrar en ellas la solución a algo. Así lo dice la cita que abre esta nota y también las últimas palabras de Burroughs, una especie de Pope de la cultura del exceso:

“No hay nada. No hay sabiduría final ni experiencia reveladora; ninguna jodida cosa. No hay Santo Grial. No hay Satori definitivo ni solución final. Solo conflicto. La única cosa que puede resolver este conflicto es el amor. Amor puro. Lo que yo siento ahora y sentí siempre por mis gatos. ¿Amor? ¿Qué es eso? El calmante más natural para el dolor que existe. Amor”.


Ni la heroína ni ninguna droga te brinda lo que te ofrece el amor. Lo dice Burroughs que probó de todo. Y le creo.

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