abril 29, 2016

EL DIOS DEL FÚTBOL

Todos sabemos que existe un dios del fútbol. No tiene espacio en el santoral, nadie lo saca en procesión y no se le conoce residencia fija en la iglesia de algún pueblo, pero todos los futboleros recurrentemente “hablamos” con él.
Tampoco tiene un día especial de veneración, ni una oración determinada y no se conoce estampita alguna donde se pueda ver su figura. Que me perdonen la Virgen de Guadalupe, San Francisco de Asís y San Benito de Palermo, pero el dios del fútbol debe ser quien cuenta con más seguidores en el planeta.
Nadie sabe nada de él, solo se conoce que anda repartiendo milagros futboleros en los 5 continentes, y que no hace distinción al momento de repartir regalos. Es tan generoso que beneficia de igual manera al club rico o al club pobre, al futbolista desconocido y al famoso.


El dios del fútbol aparece en el preciso momento que el rival nos va a encajar un gol, cuando corre peligro ese punto que estamos logrando y nos mantendrá en primera, o cuando rogamos para que nuestro arquero tape el penal que nos llevará a la final.
Y aparece con esa magia inexplicable, atributo innegable de los dioses. Y el experto falla, el debutante brilla y el árbitro se equivoca a nuestro favor. Y esa jugada intrascendente se convierte en el penal esperado, y cuando nadie se imagina aparece esa absurda tarjeta roja al mejor jugador del equipo contrario, o esos 7 minutos de descuento en el que metimos el tan ansiado gol. Todo eso que cuando nos beneficia agradecemos y cuando nos perjudica lo achacamos a una mafia en nuestra contra, en realidad es trabajo del dios del fútbol.
“Así es el fútbol” es la frase que mejor explica los milagros de este generoso personaje.
Y ahí estuvo, en la atajada de Muslera en el mundial de Sudáfrica, en la extraña curva en el tiro libre que Roberto Carlos le hace a Francia, y en los dos minutos que le bastaron al Manchester United para lograr la Champions de 1999 frente a Bayern de Munich.
Tal vez la jugada en la que más se le reconoce autoría es el gol de Maradona a los ingleses. Y claro, esa otra deidad futbolera sabía perfectamente que se lo debía por eso lo dejó en evidencia: “Fue la mano de dios” dijo. Claro, fue la mano del dios del fútbol.
Cuántas veces, cuando creímos que todo estaba perdido, le pedimos al dios del fútbol que nuestro equipo consiga lo imposible. Aquel que no le rezó alguna vez no merece llamarse hincha.
Yo le recé muchas veces y le prometía cosas increíbles a cambio del milagro futbolero: no hacerme la “vaca”, no tirar al caño la sopa que nos hacía mi vieja, bañarme todos los días. Cosas todas muy complicadas. No importaba, si me concedía el milagro yo cumplía.
Debo ser sincero. En realidad muchas veces me hizo el milagro y no cumplí. Y por supuesto que en la próxima invocación venía el miedo por no haber honrado la palabra empeñada, pero siempre había una justificación y la promesa redoblada. Y lo más increíble es que muchas veces el dios del fútbol me concedía el milagro sin importar que antes no hubiera cumplido la promesa.
En el 2010 por ejemplo, le pedí de todo corazón que nos ayude. Fue cuando al primer minuto de juego el gran Estudiantes de la Plata ya nos ganaba 0/1. No recuerdo lo prometido. Tampoco si cumplí lo ofrecido. Lo que no logro olvidar son mis manos juntas pidiendo de todo corazón que ese debut no fuera tan desastroso, porque, y cualquier aliancista habrá sentido lo mismo, no era una derrota lo que se venía, era una goleada, una más. Y ese fue el pedido, no perder por goleada. Y vaya que cumplió el dios del fútbol.
Como todos los dioses, el dios del fútbol también es omnipresente. Lo puedes ver en una cancha de Brasil, un estadio de Australia, un partido por la liga de ascenso de Chipre o en un pampón de Ayacucho. Y como todos los dioses conoce todos los idiomas, por eso que ha atendido pedidos en papiamento, swahili, quechua y yupik.
Alguno podrá decir, y dónde estuvo el dios del fútbol cuando nos goleó Huracán hace un año, o en las innumerables ocasiones que perdió Perú en la eliminatoria. ¿Por qué no escuchó si los ruegos y las promesas eran sinceras? Esas preguntas no tienen respuestas, porque la lógica divina escapa al entendimiento humano. Pero no importa, como toda fe, esta también se basa en la irracionalidad. A no hurgar en la razón, a seguir rezando al dios del fútbol. Tal vez en una de esas nos escucha y salimos campeones de la Libertadores o por lo menos vamos al Mundial.
Que así sea.


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