abril 02, 2017

ME ENAMORÉ DE UN CURA

Entre la Iglesia católica yo hay una distancia ya de varios años. Sin embargo esas diferencias, resultado de la inconsecuencia de muchos de sus curas, no hace que deje de admirar la vida de algunos católicos. Por ejemplo, mi nombre de batalla en las redes, quieropoco, es el resultado de una famosa frase de San Francisco de Asís: "deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco". Sabía San Francisco que el origen del pecado estaba en el deseo y aunque mis conceptos de pecado son otros - en realidad para mí el pecado no existe - igual la frase me parece genial pues todo empieza con el deseo. Deseo que es instigado y provocado por la cultura moderna que nos invita, en realidad nos obliga, a consumir hasta la inconsciencia. Liberalismo le llaman. La frase se la escuché en un concierto a Facundo Cabral y desde entonces la hice mía. Cambié el deseo poco por el quiero poco, sentía que sonaba mejor.

Sí, tengo mis distancias con el catolicismo pero no por eso dejo de conmoverme con su fantástica música. Se me hace difícil encontrar melodías más bellas que los cantos gregorianos, y algunos salmos me llegan a estremecer. Y también me gusta mucho su arquitectura. Tengo mis distancias con la iglesia pero me puedo pasar un buen rato en un templo viendo cuadros, imágenes y en general todo ese ambiente en torno a un templo me sobrecoge. Mis iglesias favoritas son San José de Jesús María y la San Francisco de Asís de mi infancia, allá en Barranco. Cada vez que puedo las visito.
Y si me alejé de la iglesia por la falta de consecuencia de algunos de sus miembros, en realidad de muchos, lo que más termino admirando es la consecuencia de algunos curas, que por supuesto los hay, no sé si muchos o pocos pero claro que los hay. Es el caso de Bienvenido Myriel, fantástico clérigo emergido de la genialidad de Víctor Hugo en Los Miserables. Cura que no condenaba nada ni a nadie apresuradamente sin tener en cuenta las circunstancias; y solía decir: “veamos el camino por donde ha pasado la falta".
Un genio. Un cura así, es simplemente admirable.

Aquí algunas citas que retratan perfectamente a este fantástico personaje:

“A los ignorantes enseñadles lo más que podáis; la sociedad es culpable por no dar instrucción gratis; es responsable de la oscuridad que con esto produce. Si un alma sumida en las tinieblas comete un pecado, el culpable no es en realidad el que peca, sino el que no disipa las tinieblas”.

Tremendo. Por estos tiempos Myriel  sería acusado de pro terruco. Un caviarón. Butters y Mariátegui lo habrían hecho papilla.

Myriel era admirado y seguido por todos. Aquí Víctor Hugo describe su relación con la gente:

 “Los niños y los ancianos salían al umbral de sus puertas para ver al obispo. Bendecía y lo bendecían. A cualquiera que necesitara algo se le indicaba la casa del obispo. Visitaba a los pobres mientras tenía dinero, y cuando éste se le acababa, visitaba a los ricos.”

Uno de los momentos cumbre de Los miserables, ya lo escribí, es el encuentro entre Jean Valjean y Myriel. Fabuloso.

Sí, sé que es un personaje de ficción pero no dudo que por ahí hay varios, ojalá que muchos, Bienvenido Miryel.


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