agosto 12, 2016

LA PRIMERA VEZ DE VARGAS LLOSA. ( y de pasadita la mía)


Fue en la calle Cajamarca en Barranco, a la salida de la escuela fiscal Federico Villarreal (6004 antes 442.   ♫♫♫…Con disciplina y orden perfecto, los milicianos deben marchar...♫♫♫)  cuando nuestro compañero Zárate, que tenía el macondiano apodo de Juan Aves, nos paró en la esquina que daba a la iglesia San Francisco y nos resolvió la duda más grande que teníamos por aquellos años: ¿cómo se hacían los niños? Ahí, a pocos metros de la iglesia San Francisco, el menor de los Zárate resolvió nuestra duda.
"Los hijos se hacen con besos. Más besamos a alguien, más le crece la barriga". Y listo. Así era. Y yo le creí. Y creo que el resto de mis compañeros también. Así fue mi primer encuentro con la sexualidad. Simple, sin dramas, sin nada que atente contra mi endeble psicología. Eso pasaría más adelante.

En el Pez en el agua, Mario Vargas Llosa narra el momento en que el pequeño Mario hace este descubrimiento. El texto es una maravilla. Y al parecer a él esa información sí lo marcaría de por vida.



“A poco de entrar al colegio, los hermanos Artadi y Jorge Salmón, una tarde que nos bañábamos en las aguas ya en retirada del Piura, me revelaron el verdadero origen de los bebés y lo que significaba la palabrota impronunciable: cachar. La revelación fue traumática, aunque estoy seguro, esta vez, de haber rumiado en silencio, sin ir a contárselo al tío Lucho, la repugnancia que sentía al imaginar a esos hombres animalizados, con los falos tiesos, montados sobre esas pobres mujeres que debían sufrir sus embestidas. Que mi madre hubiera podido pasar por trance semejante para que yo viniera al mundo me llenaba de asco, y me hacía sentir que, saberlo, me había ensuciado y ensuciado mi relación con mi madre y ensuciado de algún modo la vida. El mundo se me había vuelto sucio. Las explicaciones del sacerdote que me confesaba, el único ser al que me atreví a consultar sobre este angustioso asunto, no debieron tranquilizarme pues el tema me atormentó días y noches y pasó mucho tiempo antes de que me resignara a aceptar que la vida era así, que hombres y mujeres hacían esas porquerías resumidas en el verbo cachar.

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