julio 17, 2015

VADEMÉCUM DE ESTUPIDECES

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”. Albert Einstein

La estupidez humana es endémica, su poder inmunológico enorme y por lo tanto su posibilidad de curación nula. Sin embargo este desalentador cuadro - una tragedia para la especie humana pues ni la guerra ni las pestes han matado tanto como la estupidez – representa al mismo tiempo, una inagotable fuente de reflexión.
Los hombres hemos metido la pata tantas veces que tratar de hacer un ranking con los gazapos más monumentales, es una estupidez tal vez mayor. Sin embargo y a riesgo de merecer tal calificativo, pasó a detallar lo que pomposamente he denominado vademécum de estupideces.
La Academia Francesa de Ciencias ocupa un lugar de privilegio en este compendio. Su fecha de ingreso: el 11 de marzo de 1878. Ese día, sus  connotados miembros se reunieron para ver un invento que, según su creador, revolucionaría las comunicaciones humanas.
El físico Du Moncel fue el encargado de realizar la presentación. Luego, como si se tratara de un acto de prestidigitación, el inventor apareció con un aparato, apretó un botón y reprodujo la voz del presentador.
La selecta audiencia quedó tan impactada que su única respuesta fue el silencio. Luego de una digestión intelectual que duró algunos segundos, el científico Jean Boullaud agarró por el cuello a Du Moncel y mirando al inventor dijo:
¡ Sinvergüenza, como se atreve a intentar engañarnos con esos ridículos trucos de ventrílocuo.  Es absolutamente imposible que el noble órgano de la palabra humana pueda ser reemplazado por el innoble e inconsciente metal!
Aquel 11 de marzo de 1878 la estupidez humana humilló a Thomás Alva Edison y tiró a la basura al fonógrafo.(1)
El incrédulo ocupa un lugar de privilegio en la historia de la estupidez humana pero su colega el crédulo también tiene un espacio de honor.
El 18 de diciembre de 1912, la Sociedad de Geología de Inglaterra realizó un anuncio sin precedentes. Presentó al mundo los restos del eslabón perdido. El destacado arqueólogo y abogado Charles Dawson había encontrado en la región de Piltdown al enlace entre los simios y el hombre primitivo.
Durante 40 años Dawson realizó conferencias, cursos, charlas y seminarios y la comunidad científica internacional le rindió todos los honores. En gran Bretaña se convirtió en un héroe pues por fin tenían restos más importantes que Neanderthal y Heidelberg, encontrados en Alemania. Pero todo era un fiasco
En 1953 expertos del Museo Británico descubrieron que el “fantástico hallazgo” había sido fabricado con un cráneo humano moderno y la mandíbula inferior de un orangután, la adulteración fue tan buena que engañó a los expertos durante 4 décadas. Hoy el cráneo bamba se muestra pero como símbolo del error humano.
The Experts Speak, es uno de los libros más útiles para los hombres del futuro. Este estudio es un compendio de los más grandes errores cometidos por los expertos. Aquí algunas perlas.

- Wellington es un mal general, los ingleses son malos soldados; esto lo tenemos arreglado para la hora del almuerzo. 
         Lo dijo Napoleón a sus generales el 18 de junio de 1815, horas antes de la batalla de Waterloo.

       - Mi invento podrá ser explotado como una curiosidad científica, pero aparte de ello no posee ningún valor comercial.
         Palabras de Auguste Lumiere sobre su invento, el cine.

       - Las composiciones de Bach carecen de belleza, de armonía, de claridad en su melodía.
Esto fue manifestado por Johann Adolph Scheibe, uno de los mejores críticos de Alemania.

En un especial de fin de milenio New York Times ubicó a Cristóbal Colón y a Dom Perignon como los grandes perdedores de la historia a pesar de que sus metidas de para los llevaron a la fama. Sobre Colón sabemos que llegó a América de casualidad y no tenía ni idea de lo que eso significaría en adelante. Sobre el monje que inventó el champagne, se sabe que lo hizo de casualidad, dándole una segunda fermentación. La primera vez que probó esta innovación le dijo a sus asistentes: venid, estoy tomando estrellas.
Esta selección de estupideces ha sido arbitraria y sin orden, producto de la estupidez de quien escribe, sabrán comprender.
Aquí la última.
El Servicio Postal Ingles tiene dos perlas que lo hacen merecedor de figurar en esta lista. Cuando en 1870 su jefe Sir William Preece, se enteró del reciente invento de Thomas Alva Edison, la luz eléctrica, declaró que se trataba de algo completamente absurdo. Este mismo personaje rechazó en 1876 otro invento:  el teléfono. El motivo: “que aunque los norteamericanos pudieran necesitar tal aparato, los ingleses disponían de infinidad de muchachos para llevar los mensajes”. Plop.


  1. Historia de la estupidez humana, Paul Tabori.

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