agosto 02, 2020

BENGOCHEISMO

 Este artículo lo escribí cuando algunos criticaban al profe; pero nunca lo publiqué, se quedó ahí. Aquí va. La coyuntura lo exige.

 

  Llámese bengocheismo a la filosofía de juego que muestra equipos que juegan con los dientes apretados, con mística solidaria y que en el minuto 95 aún piensan que pueden hacer gol. Son equipos que juegan muy concentrados y no dan una pelota por perdida. Dominan la técnica del balón parado y tienen excelentes cabeceadores. El bengocheismo se caracteriza por tener una mixtura de jugadores jóvenes y expertos. Son cuadros ordenados que priorizan el fondo a las formas.

Soy bengocheista a muerte. Desde el minuto cero. Desde antes que llegara Bengoechea. Soy bengocheista desde aquel equipo del Topo Sanguinetti. Claro que tenían similitudes. “El espectáculo es ganar”. ¿Se acuerdan? La frase era una respuesta a los que pedían volver a las fuentes íntimas. ¿Qué fuentes? Hablemos de las fuentes.

  Me hice aliancista por Cubillas y todos los negros diablos que lo acompañaban. Y aunque no los vi, también por Manguera, José María Lavalle, “Huaqui” y un largo etcétera. ¿Saben qué tenían en común estos jugadores? Todos eran delanteros o volantes ofensivos. Los que hablan de la tradición de Alianza, de ese juego de huachas, sombreritos, paredes y taquitos, se refieren a esos maravillosos delanteros que tuvimos a montón y que tanta felicidad nos dieron. La otra parte de la historia, la que cuentan poco, es que esos equipos defendían muy mal. Claro que en Alianza tuvimos buenos defensas, Guillermo Delgado, Jaime Duarte, Jayo o José Velásquez, son, para la mayoría, los mejores de la historia en sus puestos. Pero son excepciones, o sea, minoría. Desde siempre nuestros rivales tuvieron buenas defensas. Nosotros no. Aquel histórico Alianza bicampeón 77-78 no trascendió porque, aunque arriba éramos brillantes, abajo era de terror. Fredy Krueguer era un cachorro labrador al costado de Javier Castillo.

  Amo el bengocheismo porque ha traído a nuestro club el orden defensivo del que hemos carecido siempre. Con Pinto lo tuvimos. Con Saguinetti también. En ambos casos sus llegadas parecen más una casualidad que la pretensión de seguir un estilo.

  Es cierto que el Profe tiene una deuda internacional. Ese es otro tema. La Copa Libertadores, desgraciadamente, se ha convertido para los equipos peruanos en el torneo de quién hace el menor papelón. Si bien es cierto que para competir a ese nivel hace falta dinero, mucho dinero, tampoco es una excusa para no lograr algo más. Esa es la deuda.

Tres años seguidos disputamos el título nacional, uno lo ganamos y sin 9. Claro que el profe no es Guardiola, pero para el medio está bien.

Larga vida al bengocheismo. Que mejore y crezca.

 

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