febrero 04, 2019

“LAS MACHONAS JUEGAN FÚTBOL”


         Los hombres juegan fútbol y las mujeres vóley. Esas eran las reglas y nadie podía discutirlas. Decir lo contrario era ir contra el orden establecido. Una osadía. Éramos niños y por supuesto que cumplíamos la regla sin dubitar. Los chicos por un lado, las chicas por el otro. Nunca mezclados. Lo nene con lo nene, la nena con la nena. Si el hombre jugaba vóley era maricón. Si la mujer jugaba fútbol, machona. Así se decía. Así pensaban los antiguos y así nos criaron. Hasta que un día, en el parque Raimondi de mi infancia, una chica se atrevió a pasar la línea. Se paró delante de nosotros antes de empezar un partido y nos dijo que quería jugar. Lourdes se llamaba y no quedó otra que incluirla en la pichanga. Tendría 12 años y a partir de ese día todos la conocerían en el barrio como Lourdes la Machona.
      Es muy difícil ver las cosas de una manera distinta a como te enseñaron. Te puede llevar la vida entera sacarte los prejuicios. Y en ese camino estamos.
      La primera vez que escuché de fútbol femenino fue por una nota que publicó un diario local. Debe haber sido en los años 80. Informaban sobre la academia de fútbol del Nene Cubillas en Miami. ¿Mujeres? Pero el Nene tendría que estar formando a los futuros 10 de Alianza. Así pensaba por esos tiempos. Muchos creían lo mismo. La noticia era destacada como una rareza. Y claro que lo era. ¿Las mujeres aprendiendo fútbol? ¿Qué les pasa? Deberían jugar vóley y listo. El fútbol es para hombres. 
      Me gusta el fútbol. Gozo cuando veo un buen partido. Pero aún no logro engancharme con el fútbol femenino. Se ve raro. "El fútbol es para hombres". "Cuando las mujeres juegan pierden feminidad". Así pensábamos los machos futboleros cuando veíamos a las chicas pateando una pelota. Así es el machismo. Te simplifica la vida. Celeste para niños, rosado para niñas. Nunca al revés. Está mal. Pésimo. Así nos criaron.
      Mi hijo Adriano de 5 años juega pelota con una amiguita. “Con cuidado, Papito”, es una niña”. No se lo digo, pero lo pienso. Debido a esa crianza machista, que pareciera llevamos en el alma, es inevitable que cada tanto salgan los prejuicios. No se lo digo, pero sigo pensando que hay que tratarla con delicadeza, que las niñas son frágiles, que no hay que ser tosco con ellas. Claro que hay que cuidar a la niña, pero no por el hecho de ser mujer, sino por el rotundo hecho de ser una persona. Un ser humano. Respeto para todos y todas. Si las seguimos tratando como seres minusválidos, se lo terminarán creyendo y pensarán que solo se puede enfrentar a la vida con un hombre al lado. Para que la defienda. Para que la cuide. Y no es así. ¿Vas a jugar pelota con ella? Tampoco se lo digo pero lo pienso. El machismo es una lucha diaria. Cotidiana. Tal vez horaria. Cuántos prejuicios nos meten en la cabeza los viejos. La lucha continúa.
      Me encanta el fútbol. Cada vez que puedo me juego un partidito. Alguna vez, un amigo organizó un pichanga con las esposas. Fue un mate de risa pero no era nada parecido al fútbol. "No sé si jugaría contra una chica". "No creo que una mujer pueda jugar mejor que yo". Ya. Ya sé que hay mega estrellas del fútbol femenino que juegan maravilloso, eso es otra cosa. 
     Hablo con Bruno Cavassa. Le digo que está trabajando con una ex alumna, María José. "Claro, buena chica. Además juega pelota". Majo es la futbolista que tuve más cerca. Nunca la vi jugar. Sé que lo hace bien. Incluso, es seleccionada nacional. Bruno me dice que es buena. No puedo dudar de lo que dice. Bruno es pelotero viejo. ¿Será que las chicas pueden jugar igual que los hombres? Me cuesta admitirlo pero parece que es así. Los tiempos han cambiado. Hoy los chicos juegan vóley y las mujeres fútbol. Y eso no necesariamente explica su comportamiento sexual, que por otra parte no interesa.
     Cuánto cuesta cambiar. Peor aun si los medios, la escuela, la iglesia y el barrio contribuyen a difundir los prejuicios. Qué mal nos criaron. “Las chicas no juegan fútbol”, no, claro que ya no lo digo, pero lo pienso. Tal vez algún día de esos me levante y ni siquiera lo piense. Ojalá.

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