enero 28, 2019

¿Qué leía Borges?




De niño, el único libro que miraba con atención y curiosidad era una enciclopedia. No dije que leí, pues solo lo miraba. De chico no leí. La lectura fue un vicio que adquiriría de mayor. Por aquellos años, el único libro que llamó mi atención fue esa enciclopedia que un día mi madre trajo a casa. La compró como adorno. En realidad era un diccionario enciclopédico. Un libro lindo, gordo y brillante. Era azul. La vieja lo puso en un estante que a partir de ese día dejó de estar vacío.
Después de varios días, o tal vez meses, me animé a ver qué había. De qué se trataba. Miré la última parte. Letra S. Sirena: “Animal fabuloso que vive en el mar, con cabeza y torso de mujer y extremidades inferiores de pez”. Nunca olvidaré esa definición. Acompañaba al texto una foto y una leyenda: “Sirena captada por un turista en una isla del Pacífico”. Me pareció increíble y por muchos años me pregunté si esa foto era cierta. Tendría unos 10 años. El impacto fue enorme.

enero 21, 2019

Y el mejor libro de fútbol es....Goles y metáforas.


     Literatura y fútbol. Novelas y partidos. Distintos escenarios, emociones similares.
Conmocionado. Perú clasifica a España 82. Salimos del Estadio Nacional y vamos al parque Kennedy. Durante el trayecto gritamos: “Cubillas presidente, Quiroga diputado”. Conmovido. Madame Bovary se suicida. Como si fuera el delantero más hábil, Emma sortea a cuanto extraño aparezca para llegar sin sospechas a su destino, la botica, lugar donde se encuentra el frasco con arsénico que dará “solución” a sus problemas.
Éxtasis. 2001. Gol de Waldir en el Cusco. Palo izquierdo del arquero, camiseta de Pilsen al pecho, campeones nacionales. Llanto. La hermosa Fantine vende uno de sus dientes para dar de comer a su hija Cosette. Los Miserables, Víctor Hugo. Qué fea es la pobreza.

enero 07, 2019

NEKA, DI ESTÉFANO Y EL RESTO


       
     Se fue Neka Vílchez y claro que da pena. No solo se trata de un jugador de familia aliancista, además se siente que dio al equipo más de lo que su cuerpo podía. No recuerdo su último partido de 90'. Queda esa sensación de que en lo mejor de su carrera, Copa América Centenario,  se encontró con una lesión que nunca lo abandonaría. No volvió a ser el de antes. Es una pena pero es real. Ojalá me equivoque. Y se va renegando del club. No del equipo. Son dos cosas distintas. Que nadie lo llamó para decirle adiós o algo así. Y es duro que te boten de la chamba. Finalmente eso fue lo que pasó. Pero así es este mundo donde vales hasta donde le sirves a la empresa. Por ahí alguna columnista se queja por lo mismo. Así es la vida. Ya lo dijo Darwin, ni el más inteligente, ni el más fuerte. El que triunfa es el que se adapta mejor. Estos tiempos exigen ser pragmáticos porque cuando es al revés, los que se van son los jugadores, el club también tienen que aceptar las reglas del juego. Por supuesto que la despedida tendría que ser más cordial, la delicadeza escasea, pero es ingenuo esperar otra cosa. Definitivamente hay que adaptarse.