junio 23, 2018

#GARECANOTEVAYAS



              Algo muy poderoso ha pasado estos días y casi ni nos dimos cuenta. Hemos quedado eliminados del mundial de Rusia, no tenemos ni un solo punto, ni siquiera hemos metido un gol; pero la tendencia después del partido con Francia fue #Garecanotevayas.  ¿Qué pasó? 
Suelo ser pesimista. Cómo no serlo. La corrupción de los políticos, la violencia contra la mujer, la falta de respeto a los niños, los curas pedófilos, el incompetente Poder Judicial, las madres que apañan maridos y son capaces de taparles hasta la violación de sus hijas, la pésima educación, el estado lamentable de los servicios de salud, la vergüenza  congresal, los altos niveles de anemia y desnutrición crónica, en fin… la lista es demasiado larga. Ser optimista en el Perú termina siendo una irresponsabilidad.

Es decir, no soy una persona que se deja llevar por situaciones episódicas. No creo que estemos mejor porque un restaurante gana un premio internacional o Juan Diego Flores fue ovacionado en la Scala de Milán. No, descreo, no confío. Piso tierra y no me sumo al coro de voces que anuncia nuestra inminente llegada a la OCDE. Soy tonto pero no tanto. Sin embargo, me desencaja saber que luego de haber quedado fuera del mundial, el pueblo futbolero, sumado a los inevitables oportunistas, haya respondido con un maravilloso trending topic en el que se pide que el responsable de esta campaña no se vaya.
¿Ni un punto, ni un gol y que no se vaya?
Claro que hay un grupo de periodistas y aficionados que dirán que quienes piensan así son perdedores y, por el contrario, piden que Gareca haga maletas y regrese a su tierra. Y está bien que exista gente así. La unanimidad no solo es peligrosa sino que aburrida. No hay problema. Disentir es parte de este “negocio”.
Me llaman la atención los otros. Aquellos que hablan de la campaña de Perú en Rusia 2018 con una rotunda sonrisa. ¿Qué puede haber pasado para que la gente haya digerido la derrota de esa manera tan inteligente? Ojo, estamos hablando de la misma masa que, un poquito más un poquito menos, eligió a Castañeda como alcalde, sale a marchar porque cree que hay un plan educativo para volver homosexuales a sus hijos, eligió a Kenji Fujimori como el legislador más votado y casi hace hace ganar la presidencia a Keiko Fujimori. Sí, ese mismo grupo de gente, grupo en el que se destacan los machistas, los violentos, los amantes de la filosofía de “roba pero hace obra”, tiene un acto de inteligencia que entusiasma a un escéptico profesional como yo. ¿Qué ocurrió?, decía, para que esa misma masa irracional, no todos ya sé, haya actuado de manera tan lúcida y usado repetidas veces la tarde del jueves 21 de junio la palabra “dignidad” al referirse a las derrotas de Perú en el mundial. Estoy desconcertado.
Intento una respuesta. Cansados del bochorno cotidiana, decidimos cambiar la vergüenza educativa por los quiebres de Carrillo, el rebuzne congresal por la potencia de Advíncula y el absurdo jurídico por la sonrisa del Orejas. Tal vez, aburridos de este país que tanto nos duele, decidimos tomar al fútbol como pretexto para llevarnos bien, reír juntos y creer que por fin, luego de 200 años de patria libre, podemos tener un objetivo común con el que todos estemos de acuerdo.
No sé si volveremos a vivir una comunión similar, me parece que no. Terminará el mundial y regresaremos a nuestro absurdo y doloroso tedio. Tal vez no queremos que Gareca se vaya porque se llevará lo mejor que nos pasó en muchos años. 

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