agosto 22, 2016

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL TRAGO

Una cosa es ser borracho, otra cosa es que te guste el trago.
Una persona que gusta de beber alcohol, disfruta de un buen vino, una buena cerveza, o, maravilla de maravillas, un exquisito coñac. Un borracho toma cualquier cosa y lo que es peor, mezcla tragos. No sabe tomar. El que gusta del alcohol quiere pasar un buen momento. El borracho busca perder la conciencia, borrar casete. Vaya a saber uno que lío tiene en la cabeza. Finalmente el borracho es un enfermo; aquel que goza bebiendo algún trago, no.
Por eso es absurda e hipócrita aquella advertencia: “Tomar en exceso es dañino”, porque el bebedor por placer lo sabe y no se excederá. También lo sabe el borracho, lo que pasa es que como es un enfermo no hace caso a la advertencia. No puede. Es como decirle a un diabético que no consuma azúcares, o a una persona con problemas de próstata que no consuma ají. Si no tiene fuerza de voluntad, pero principalmente si no se quiere, la advertencia pasará de largo. Porque ese tema se desarrolla en el nivel inconsciente. Lejos de la razón. Hay diabéticos a los que les va muy bien. Es solo cuestión de disciplina.
El centro de gravedad del alcohólico está en su cerebro. Del que goza con el alcohol, en su paladar.

agosto 12, 2016

LA PRIMERA VEZ DE VARGAS LLOSA. ( y de pasadita la mía)


Fue en la calle Cajamarca en Barranco, a la salida de la escuela fiscal Federico Villarreal (6004 antes 442.   ♫♫♫…Con disciplina y orden perfecto, los milicianos deben marchar...♫♫♫)  cuando nuestro compañero Zárate, que tenía el macondiano apodo de Juan Aves, nos paró en la esquina que daba a la iglesia San Francisco y nos resolvió la duda más grande que teníamos por aquellos años: ¿cómo se hacían los niños? Ahí, a pocos metros de la iglesia San Francisco, el menor de los Zárate resolvió nuestra duda.
"Los hijos se hacen con besos. Más besamos a alguien, más le crece la barriga". Y listo. Así era. Y yo le creí. Y creo que el resto de mis compañeros también. Así fue mi primer encuentro con la sexualidad. Simple, sin dramas, sin nada que atente contra mi endeble psicología. Eso pasaría más adelante.

En el Pez en el agua, Mario Vargas Llosa narra el momento en que el pequeño Mario hace este descubrimiento. El texto es una maravilla. Y al parecer a él esa información sí lo marcaría de por vida.