mayo 22, 2014

Prohibido ganar

En un país donde perder es el undécimo mandamiento, donde la derrota es un mal endémico, donde el fracaso se encuentra incrustado en nuestro ADN, es lógico que el triunfo del otro te malogre la vida. Por eso “tu envidia es mi progreso” es una frase que nos define. Por eso “la felicidad es tu progreso” es una campaña que debemos alentar. Aunque el alma nacional no se cambie con un spot. Y el producto que lo propone sea una basura para el organismo.

En un país donde la alegría del otro es un delito que debe combatirse, donde el éxito es sospechoso, es lógico que un logro se desconozca. No hablo de la Copa Inca solamente. Cuando ganas un campeonato, siempre hay que hacer algo para ensuciar el triunfo del otro. El árbitro los ayudó, tienen más plata, sus dirigentes tienen más peso, el otro jugó con un hombre menos, blablabla.


Pero no solo en el fútbol. La chica del barrio consigue un trabajo y al poco tiempo, producto de las facilidades que dan los bancos, se compra un carro. Sí, la chica humilde, aquella que te encontrabas en la cola del pan, de pronto aparece con un auto del año. ¿Y qué es lo primero que pensamos? ¿A quién se estará tirando en la chamba? Somos incapaces de darle mérito. Como en el fútbol, como en la vida, minimizamos los logros del otro. Nuestra mediocridad nos lleva a inventar cualquier cosa menos aceptar que la chica se compró el auto por méritos propios. Hacerlo es aceptar nuestra incapacidad. Nuestra mediocridad.

Es cierto que en todo el mundo hay bromas y piconerías por el fútbol. Pero lo que en otros lugares es episódico, raro, en el Perú es la norma. Aquí no solo ocurre cuando se produce el hecho deportivo, pasa en el trabajo, en la escuela, en la universidad, en todo lugar. Somos envidiosos y no reconocemos el mérito del otro nunca. Por eso Carlos Delgado escribió esa maravilla llamada “El Arribismo en el Perú”. Ascendemos en el trabajo soboneando al jefe o rajando de nuestros compañeros. Así somos.

“El peor enemigo de un peruano es otro peruano” es una frase que debería estar pegada en el pendón nacional. O como inicio de la octava estrofa del Himno Nacional, consejo perfecto para ser un peruano auténtico.

Creo que fue Lanza del Vasto quien dijo “Escóndete para sonreír”. Debe haberse inspirado en algún peruano.

Reflexiones que vienen luego del triunfo de Alianza ante San Martín.

1 comentario:

Julia Zavala. dijo...

Sin querer la envidia se aplica en diversas frases y momentos. Y algunos lo justifican diciendo "te tengo envidia de la buena". ¿hay envidia buena y envidia mala?