diciembre 05, 2012

¡Profe no me jale!

¿Quién es un buen profesor: el que enseña o el que aprueba? ¿Uno va a clases por la nota o para aprender?
Matricúlate con el profesor X, aprueba a todos.
Pero se matricularon conmigo.
La chica me mira, mueve la boca de manera insinuante, sabe que es linda y aprovecha sus encantos. Refriega las piernas, se chupa el dedo.
Por favor apruébeme, por favorcito.

La verdad, no puedo negarlo, la chica es provocativa. Es linda pero a la segunda clase muestra sus neuronas y pierde su encanto. Algunas mujeres deberían entender que lo más seductor es la inteligencia. Pobre.
Se me acerca un alumno y trata de justificarse. Me mira fijamente y me dice:
No intervengo en su clase porque sus lecturas solo hablan de ética y eso es una huevada.
Lógico, en el país de las impunidades, habla Alan, muchos sienten que ser honesto es una cojudez. Mismo Cipriani con los Derechos Humanos.
Le juro que falté porque mi abuelita se puso mal.
Y así sigue la marcha de los que piden una limosnita de nota por el amor de Dios. Y todos tienen una disculpa. La imaginación puesta al servicio de conseguir la última semana de clases lo que no pudieron lograr durante todo el ciclo.
“La excusa es el argumento del mediocre” es mi frase de batalla y siempre que puedo la lanzo.
“Se me colgó la computadora”.
“Se me perdió el usb”.
“Le juro que estuve enferma, aquí le traigo el certificado”.
“No sé qué pasa…la computadora no lee mi usb”.
¿La exposición era para hoy?
Y esta que es mi favorita. La de oro. La que encabeza mi colección.
“Profe, ¿Por qué nos tortura con los libros?”.
Me lo dijo un alumno de periodismo. Ahora se entiende por qué tenemos periodistas tan malos.
Es cierto que hay alumnos que se toman en serio los cursos. Raras avis a punto de extinguirse. Dodos parlantes cuya presencia es la mejor motivación. Los ves y el día es hermoso. Discurres sin ningún problema. Cuando faltan, el día es negro. Lo obvio se instala en el salón y la inteligencia brilla, refulge, por su ausencia. Esos raros ejemplares son minoría. La mayoría trata de tomar el camino fácil. Y encima hasta les falta delicadeza.
Último día de clase, hay que colgar las notas,
Profe, le he traído este vino para que se lo tome.
El chico no solo desconoce que no tomo alcohol, además tiene pésimo gusto: el vino es Poblete. ¿Se podrá considerar un intento de asesinato? Lo jalo con mucho gusto. ¡Salud!
Y así transcurren los días de un profesor asalariado, escuchando llantos, justificaciones, excusas que todos tienen. Casi como el país, donde todos eluden su compromiso. En las aulas nace la abulia. La desidia. Y como es lógico al país le va igual. Pobres alumnos. Pobre país.

1 comentario:

karl Aguirre dijo...

Excelente nota profe, un abrazo.