julio 15, 2011

LA FELIZH



Han sido días intensos. Primero fue la FELIZH, simpáticas siglas de la Feria del libro Zona Huancayo. Dos días después el viaje a Argentina con 16 horas de retraso por el tema de las cenizas del volcán chileno. El trajín, que sabrán entender los amigos huancas, postergó los inevitables comentarios sobre mi participación en su feria. Aquí va.

Todo empezó con un correo electrónico de Jair Pérez. ¿Cómo me contactó? Con mi esposa fueron compañeros en San Marcos. Una amiga en común le dio mis datos. Me invitó y acepté. Así de simple. Una palabra me sirve para definir el trabajo de Jair: IMPECABLE. La feria estuvo muy bien hecha. Salvo su tamaño, no tiene nada que envidiar a las que se realizan en Lima. Muy bien el hotel. El viaje de primera. Gran cordialidad. Muy correcto todo.

Sobre mi participación debo confesar algunas cosas. En primer lugar me sentí muy honrado de que me tomaran en cuenta. No es una frase más. Me sentí orgulloso de estar ahí. Sin embargo, tenía un problema que resolver: el tema de la charla. Inicialmente pensé que el tema debería ser la crisis del periodismo. 25 años en los medios y 12 formando comunicadores me han dado bastante información al respecto. Sin embargo, no sentí que era el tema apropiado para una feria del libro. Pensé que sería mejor hablar de literatura. Finalmente escribí tres libros y soy buen lector. Pensé que un tema podía ser la relación afectiva con los libros o tal vez el poder de las palabras. El tema fue una duda constante. Afortunadamente Jair me dio toda la libertad para hablar de lo que quisiera. La crisis del periodismo, la importancia de los libros, el poder de la palabra.

Esos eran los temas. Todos me gustaban, lo que es igual a decir que ninguno me satisfacía. Escribí algo y, en contra de mis costumbres, decidí que debía leer una especie de discurso. Con todas esas dudas enrumbé con mi esposa a Huancayo. Viernes 24 de junio, 11 de la noche, terminal de Cruz del Sur. Vía Twitter le pregunto a Gustavo Rodríguez si hay problemas en la ruta. En el noticiero escuché que los estudiantes habían bloqueado la carretera. No hay problema, la carretera está limpia. Llegamos sin inconveniente. Un frío terrible. Pensar que una semana después sufriríamos con mi esposa fríos históricos en Buenos Aires. Lo de Huancayo fue un ensayo.

Llegamos al hotel. Nos recibe Jair, nos saludamos. A mi costado veo a una persona que me parece conocida. Es Marcel Velásquez. No lo reconozco porque está hinchado. Tomé Soroshipill y me intoxiqué. Casi me muero. Recuerdo que a mi amigo Renato le pasó lo mismo. Qué terrible esa pastilla.

Dejamos las cosas y luego lo de siempre: caminar por la ciudad. El desayuno no puede ser en el hotel. No debe ser en el hotel. Busquemos un lugar más bacán. Nos cuesta pero encontramos un cafetín en la calle Cajamarca. Dos infusiones, jugo, cuatro panes chafla con queso. Siete lucas. Increíble.

Regresamos al hotel. Nos bañamos y descansamos. Mi presentación es a las 3 de la tarde. Tenemos tiempo. Aún sigue mi duda. Todavía no sé de qué voy a hablar.

Dormimos hasta las 2. Al rato me llama Jair. Hemos cambiado tu presentación para la noche. Habrá más gente. ¿Te parece? No hay problema. Nuevamente salimos a caminar.

Compramos una bolsa de pan chafla. Vamos a la feria a ver el lugar donde hablaré en un rato. Hace mucho frío. El tema aún no lo defino. Creo que leeré lo escrito.

Llega la noche. Nos encontramos con Gustavo, Cristina y Javier. Gustavo Rodríguez va a presentar su libro. Salgo a llamar a la gente para que entre al auditorio. Le doy instrucciones a la chica que perifonea la presentación. Le pido que “venda” mejor a Gustavo. Di que es uno de los mejores publicistas del país. No. Di que es el mejor publicista del país. Que no pueden perder esta oportunidad de escucharlo. Me veo llamando a la gente. Diciéndoles que entren, esta ocasión no se repetirá. Me veo hablando con la chica que convoca y me acuerdo de mi vieja. Así era mi vieja. Metida, comprometida. Entrometida dirían algunos. Bien intencionada.

Escucho un rato a Gustavo y me llaman por teléfono. Ya tienes que entrar. Salimos rápido.

Llegamos al auditorio José María Arguedas. Es enorme. Hay poca gente. No sé todavía de lo que voy a hablar. Me siento. Va llegando más gente. Me presento. El público esta bien dispuesto. Llega más gente. Finalmente, me dejo fluir. Empiezo a hablar de la crisis del periodismo. Critico a los medios. Me despacho contra El Comercio. Qué maravilla poder decir todas estas cosas sin problemas. No tengo compromisos con ningún medio. El único compromiso es conmigo. Qué maravilla la libertad. También me despacho contra RPP.

Les hablo del país de las exclusiones. Del país racista. De lo difícil que es encontrar un espacio en el Perú. Les pido que amen lo suyo. Que amen Huancayo. Hablamos de política, periodismo y derechos humanos. El público está volcado.

Es la mejor charla que di en mi vida. Y he dado muchas. He sentido gran sintonía con la gente. Siento que todos estamos cansados de que nos mientan. Les termino diciendo eso. No le crean a nadie. Comprueben todo. No me crean ni siquiera a mí. Los podría estar manipulando. No crean lo que dicen los medios.

Se acercan a saludarme. Me acuerdo de Medalith. Me dice que estudia educación. Le digo que su trabajo es muy importante. Se acerca una señora, un chico, me felicitan. Mi esposa graba todo.

Regresamos. El frío sigue pero lo siento de otra manera. Estoy excitado. Estoy emocionado. Me encantó hablar con la gente y sentirla tan brindada. Me encantó ver a Gustavo Rodríguez, un tipo que aprecio y respeto. Me gustó mucho reencontrarme con Cristina, esa niña flaquita que llevaba en el asiento trasero de mi Volkswagen, mientras con mi hijo escuchábamos y cantábamos El Elefante galante de Juan Luis Dammert. Me encantó viajar otra vez con mi esposa y comprobar que es la mejor compañera de viaje.

Disfruté el viaje a Huancayo.
Gracias por la invitación.

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