enero 28, 2009

Hombre sin brazos tomando desayuno

    Seguro que lo ha visto. Debe tener unos sesenta años, le faltan los dos brazos pero le sobra sonrisa. Su centro de operaciones está en el puente Aramburú de la Vía Expresa. Se acerca al carro, te dice algo y aunque nunca le des nada, te regala una sonrisa. Es posible que sea una impostación “marketera”, no importa. Verlo sonreír, a pesar de su estado, es conmovedor. Y ya van varios años que lo hace. Hace algunas semanas, como casi todos los días, pasamos con mi esposa y lo vimos, pero en una faceta distinta. Estaba tomando desayuno. Era increíble. Una de las cosas más alucinantes que he visto. Una especie de Toulouse Lautrec encima de la Vía Expresa. Era como un cuadro de Dalí que se salía del marco y te tocaba
    Una imagen extraña. Lo grotesco, lo anecdótico y lo profundamente humano se unían en esa imagen. Sí, era un cuadro de Dalí: “Hombre sin brazos tomando desayuno”. Una señora, la que le vendía la merienda, lo ayudaba a tomar su desayuno colocándole el vaso en la boca e inclinándoselo. Era una escena muy tierna. Nos conmovimos. Nos sorprendimos. Por supuesto que tuve que decir algo. Tal vez fue un mecanismo de defensa, quizá fue simplemente esa inevitable fuerza interna que me acompaña hace tanto y me dice: sé gracioso, chico, sé gracioso, esta es una buena oportunidad. (Eso de “chico” me hace pensar que la vocecita esa debe ser centroamericana). Y por supuesto que lo dije: ¿Y cómo hará para ir al baño? ¿Y se hará la paja? Nos reímos, pero la verdad es que quedamos conmovidos y, por lo menos yo, agradecido de todo. Mirar a ese tipo te hace ver todo tan chico. Tus problemas no existen. Problemas son los del hombre sin brazos tomando desayuno, y que a pesar de todo se acerca y te da una sonrisa. Así no le des nada.

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