Profesores tramposos


     En la universidad había un profesor cuya nota mínima era 18. Sí, mínima 18. Enterados del absurdo, las autoridades convocan a una reunión para advertirnos sobre esta anormalidad. Nos dicen que debemos ser más estrictos al momento de calificar. ¡No regalen nota! Nos advierten. ¿Por qué un profesor califica tan alto? ¿Tiene un salón de superdotados? Puede ser. Este no era el caso. La explicación es simple. Un profesor califica alto porque el sistema se lo permite y hasta lo incentiva. Cuando un profesor califica alto, los alumnos se pasan la voz y sus aulas, obviamente, están llenas. Finalmente, este profe termina siendo el más popular y el que más gana, pues todos los chicos se matriculan con él. Más aulas = más horas = más plata. Terrible pero cierto.
El sistema de calificación es un mal que atraviesa toda la educación peruana. Del nido a la universidad. Pero no solo pasa por aquí. El sistema de notas es un problema mundial. S. Levitt y J. Dubner en su magistral Freakonomics, Ediciones B, Barcelona, 2007, muestran que en Estados Unidos la cosa no es distinta. Lo que viene son las preguntas de un examen del curso Principios y estrategias de entrenamiento de baloncesto.

¿En cuántas mitades se divide un partido de baloncesto universitario?
a. 1 b. 2 c. 3 d. 4
¿Cuántos puntos suma una canasta de tres puntos en un partido de baloncesto?
a. 1 b. 2 c. 3 d.4
¿Cuál es el nombre del examen que todos los estudiantes de último curso de instituto deben pasar en el estado de Georgia?
a. Examen Ocular
b. Examen A Qué Sabe la Arena
c. Examen de Control de Virus
d. Examen de Graduación de Georgia

En tu opinión, ¿quién es el mejor entrenador asistente del país?
a. Ron Jirsa
b. John Pelphrey
c. Jim Harrick Jr.
d. Steve Wojciechowski

La última pregunta no es tan complicada como parece. El curso  Principios de Entrenamiento… era impartida por Jim Harrick Jr., entrenador asistente del equipo de baloncesto de la universidad. Para no creerlo.
¿Por qué ocurría algo tan burdo? Igual que aquí, porque el sistema lo permitía y hasta lo fomentaba.
Año 2002. El presidente George Bush firma la ley “Que ningún niño quede atrás”, que buscaba que la mayor cantidad de alumnos aprobara el año. Colegio y profesor que más aprobaban, tenían más incentivos. Dicen los autores de Freakonomics: “Con las pruebas de alto índice, un profesor cuyos alumnos obtienen malos resultados puede ver cómo se lo censura o se le niega un aumento de sueldo o un ascenso. Si la escuela en su totalidad obtiene malos resultados, corre el riesgo de que se le retiren fondos federales; si la escuela entra en período de prueba, el profesor se enfrenta al despido”.  Es terrible, pero bajo este concepto se incentivó esa idea equivocada de “profesor que más aprueba es mejor”. De terror.
Hace unos años enseñé en una de las nuevas universidades abiertas bajo la ley de incentivo a la educación, promulgada durante la dictadura de Fujimori. El coordinador de la carrera me advirtió: “Aquí no puede jalar a más de cinco alumnos por aula. Si jala mucho, se van a la competencia. Ya sabe”. Obviamente, terminado el ciclo no volví a enseñar en ese lugar. Es lógico pensar que algunos profes sigan enseñando. Como dicen por ahí, la calle está dura. Así es el sistema educativo peruano.
Volvamos a Estados Unidos. La ley Bush decía, sin decir, que la mejor escuela y los mejores profesores eran los que más alumnos aprobaban. Dicen los autores de Freakonomics: “¿Qué podría hacer un profesor para engañar? Existen infinidad de posibilidades, desde el descaro hasta la sofisticación. Recientemente, una alumna de quinto curso de Oakland regresó a casa y muy suelta de lengua le dijo a su madre que su súperamable profesor había escrito las respuestas del examen estatal directamente en la pizarra”.
Que pase en Estados Unidos no es un consuelo. Nuestra realidad no solo se enfrenta a un sistema educativo deficiente, como han dejado en evidencia las pruebas PISA; además hay una fuerte incidencia de desnutrición crónica y anemia entre nuestros niños, algo que es irreversible en la formación de los pequeños. Sobre la desnutrición, el doctor Alberto Arregui, profesor de Neurología de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, dice: “Hay una enorme diferencia en la capacidad de aprendizaje entre niños desnutridos y niños bien nutridos… no es difícil hacer una línea imaginaria hacia el futuro de lo que puede pasar si seguimos teniendo niños en estado de malnutrición, es un futuro peligroso desde todo punto de vista”.

El panorama es desolador.

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