enero 10, 2018

SOY MACHISTA

     ¿Cuándo dejas de ser machista? ¿Ir a las marchas #niunamenos te hace menos machista? Si pongo un tuit quejándome de la violencia contra la mujer, ¿dejo de ser machista?
      Muchos, tal vez la mayoría, hemos sido criados bajo criterios machistas. A pesar de ser una dura dirigente sindical, mi vieja me crio machista, muy machista. No solo eso. La escuela, la iglesia, los amigos y los medios de comunicación, ¡uy! los medios, hicieron lo suyo para que ese machismo se convirtiera en una sólida cultura. Pero ocurre que de pronto un día, ya mayor, te das cuenta que los conceptos que te habían dado padres, iglesia, medios, amigos y escuela, eran equivocados y los empiezas a combatir. Sin embargo no es una chamba fácil.

      Soy sociólogo y, aunque eso no te vuelve menos machista, lees, investigas y terminas descubriendo que la vida no eran esos estrechos límites que te habían trazado. No solo eso. Empecé a trabajar en medios en 1986 y desde entonces he realizado cientos de entrevistas sobre feminismo. Desde aquellos tiempos abogo y milito por la causa de la mujer. He ido a marchas, leído y escrito desde la indignación, sobre el feminicidio. A mis alumnos de periodismo les digo que cualquier noticia en donde se muestre violencia contra la mujer, por más mínima que sea, debe ir en primera plana. Sin embargo, tengo que ser honesto, siento que todo ese machismo que embebí desde antes de nacer incluso, no se desterró por completo. Como el adicto, creo que el machismo siempre está, que solo se controla pero machistas seremos siempre.
     El machismo se encuentra incrustado en nuestro ADN. Nada que te hayan enseñando de niño y durante varios años, te lo puedes sacar de encima tan fácilmente. Es cierto que en estos tiempos hay toda una maravillosa corriente que trata de visibilizar los abusos de cualquier tipo hacia la mujer. Y que se ha vuelto“cool” decir que estás a favor de la mujer pero, insisto, ¿es tan fácil adherirse a esta causa, es tan simple dejar de ser machista?
     Pensemos en sexo. Hay un hecho contundente que no se puede negar: las relaciones sexuales entre hombre y mujer, disculpen la antigüedad, siempre se establecerán en base a la invasión del cuerpo femenino. No puede ser de otra manera. El hombre entra al cuerpo de la mujer, lo invade, revestido de amor es cierto, (aunque no siempre), pero digamos con ternura (aunque no siempre), pero termina invadiéndolo. No solo eso. Salvo que alguien lo plantee de una manera original, creo que hoy esto es más probable que hace veinte años, siempre la mujer tendrá un papel subordinado en el sexo. De sometimiento. Piensen en la fellatio. El sexo oral. La imagen es tremenda. La mujer siempre está subordinada. Así no queramos ni ella ni nosotros. No quiero entrar en mayores detalles. Imagínenlos.
     Es lo que creo. Pero vayamos a los expertos. Shere Hite, en su famoso y revolucionario Informe sobre sexualidad, habla de los orgasmos femeninos, que según la creencia popular son lentos y espaciados. Nada más falso, dice la experta, y lo demuestra en la masturbación que es una fuente de fáciles e intensos orgasmos.

“No hay ningún problema en la sexualidad femenina (el de la «disfunción»); el problema es de la sociedad, por su definición del sexo y por el papel subordinado que la definición asigna a las mujeres”.*

     Papel subordinado, dice. Y esa definición de sexo hace que, por ejemplo, sea el hombre quien hace el amor a la mujer. Es raro escuchar a un hombre decir que una chica le hizo el amor, lo común es lo contrario. Y más, el hombre es el que sabe hacer el amor y no al revés. Ya sabemos cómo llama la cultura machista a la mujer que sabe mucho de sexo.
     El hombre le hace el “amor” a la mujer o sea, nosotros, fuente, principio y fin de su placer. La “felicidad” de la mujer será responsabilidad del hombre. Una mujer amarga no será sino aquella a la que no le han hecho bien el amor, que es como muchos llaman al sexo. Nada más machista que eso. Y no basta una marcha para cambiar esta situación.
     Imagínense a una chica criada con gran autoestima, con personalidad fuerte, esas chicas que no se dejan pisar el poncho como dicen, y que llama a las cosas por su nombre. Esta chica se casa y en la cama tendrá que someterse. No le queda otra. Salvo que con su pareja establezcan una relación sexual más creativa o singular.
     ¿Habrá que cambiar la forma de relacionarnos sexualmente con la mujer? No lo sé. Lo que si sé es que dejar de ser machista no es el tuit que pones, la nota que escribes o lo que le dices a tus alumnos en clase. Dejar de ser machista es un durísimo y arduo trabajo que tal vez nos lleve la vida a hombres y mujeres. Yo creo que sigo siendo machista, pero claro que trabajo día a día para dejar de serlo. 


* Considerado por Time como uno de los cien libros clave de nuestro tiempo.

2 comentarios:

César Vargas-Machuca dijo...

No sé si el machismo se encuentra incrustado en nuestro ADN. Con certeza, el machismo forma parte de nuestro inconsciente colectivo.

La casa, el barrio, la escuela, la religión, el deporte y las instituciones nos programan pacientemente para ser machistas. Y cuando nos damos cuenta (si es que nos damos cuenta), aprendemos a disimular que somos machistas ante los demás (que también lo son).

La tarea es difícil. Salirse del esquema es difícil. Ser políticamente incorrecto es difícil. Y hay que ser bien macho para enfrentarse a tantas cosas difíciles.

¡Saludos!

Rosa dijo...

Es difícil reconocer ser machista un beso amigo