marzo 11, 2016

EN DEFENSA DE NADINE


No, no voy a defender a Nadine. Chamba muy complicada. Prefiero realizar actividades más simples como limpiarle los dientes a un tiburón o trabajar en el make up de Laura Bozzo. En realidad el titular no es real. Es mentira. Lo puse para que usted lea mi nota, para que se interese. Pero, ¿el periodismo puede mentir? Claro. Por supuesto. No importa. En estos tiempos donde todo se compra y todo se vende, la prensa puede mentir impunemente, todo con tal de conseguir la atención del lector.
Una muestra de esto es el diario Exitosa. Mienten y encima lo admiten a viva voz. El 16 de octubre la portada de su  suplemento La Kalle decía que el entrenador de la selección peruana de fútbol Ricardo Gareca se iba y que en su reemplazo llegaba el colombiano Reinaldo Rueda. En su programa de radio, un sorprendido Gonzalo Núñez preguntó a los responsables de ese suplemento si era cierta la noticia aparecida en portada, a lo que respondieron:

-                ¿Te enganchó el titular del periódico? ¿Pagaste tu china y compraste? Caíste pues, caíste redondito.

Un obnubilado Núñez insiste y les pregunta si se trata de eso, de engañar al público. Los responsables no tienen reparos en exponer sus intenciones.




- ¿Pagaste tu china? Listo, de eso se trata.

Corrijo. Trabajar en el make up de Laura Bozzo no es lo peor que te pueda pasar. Lo peor es justificar absurdos como estos.
Una nueva droga recorre las redacciones de los periódicos y solo unos pocos se resisten a probarla. La mayoría la consume con fruición y hace lo imposible para conseguirla. Esa droga se llama click, lectoría o rating, como mejor le parezca. La dependencia por este “potingue” es tal que hasta el Decano de la prensa peruana, El Comercio, sucumbió ante esta “adicción”.

Noticia contundente. Qué buen fotoperiodista, dirá alguno. Y hasta el editor tiene la delicadeza de ponerle mosaicos a la víctima que es consumida por el fuego. Sin embargo la foto no tiene nada que ver con la información. En realidad esta imagen es de otro tema, de otro tiempo y de otro lugar.

No era una persona. Era una llanta.
El Comercio mintió y por supuesto no pasa nada. Porque en nuestro país un periodista puede engañar, excederse, manipular y falsear la realidad impunemente. Así de mal estamos.
Este “nuevo periodismo”, producto de la ideología del todo vale, del roba pero hace obra, del fin justifica los medios; ha mandado al museo términos  como moral, ética, respeto e integridad. Desgraciadamente la lógica del mercado se ha impuesto entre los hombres de prensa.
Y entre el neo periodismo de investigación de Milagros Leyva, las reflexiones de Augusto Thorndike y más dislates del Decano, emerge una nueva figura en el panorama de la prensa, nuestra Oriana Falacci oxigenada, una Elena Poniatovska trepanada: Susy Díaz.
Sí, Susy, la del baile de la trompeta, la del tipo que tenía su pin…su pin... su pinta de seductor, sí, ella misma, fue reconocida como periodista. Latina le otorgó un carné de prensa, situación que ocasionó un escándalo nacional. Las redes explotaron y pidieron una rectificación que no tardó en llegar. En cuestión de horas la propia televisora decide quitarle la credencial de marras. Pero la cosa no queda ahí, el responsable de haber emitido tan criticado documento defiende el absurdo. Sí, con un convicción envidiable, el 10 de setiembre Augusto Álvarez Rodrich (AAR) publica en La República la columna Carné de prensa, en donde justifica su decisión. Entre otras cosas dice:

“… pero la decisión de qué personas contrata un medio para el trabajo periodístico debe ser, siempre, solo del propio medio, lo cual debe ser parte de la relación de cada medio con su audiencia y de la responsabilidad que asuma frente a ella… nadie espera que una vedette escriba editoriales, pero un medio puede escoger a alguien así para los asuntos de farándula, o un futbolista para comentar fútbol. Y fútbol y farándula son noticias”.

El responsable de prensa de Latina desconoce que el periodismo es una labor social y por lo tanto una vocación. Sea política, economía o farándula, el periodismo es uno solo y la especialización que escojas finalmente es una sutileza, pues las exigencias para todo periodista son las mismas: investigar, denunciar, darle voz a los que no tienen voz, ser empático. Por supuesto que las vedettes, los contorsionistas, traga sable y por supuesto los futbolistas, actividades muy dignas, pueden ser muy buenos en lo suyo, pero hacer bien esa actividad no los habilita como periodistas. Eso es simplificar el oficio. Es desconocer definiciones mínimas de periodismo.
Por supuesto que en estos tiempos del libre mercado alguno saldrá con la cantaleta de que al final el televidente tiene la opción de cambiar de canal y que el medio publica lo que le gusta a la gente. Mal. Habría que darle una leía al informe McBride que elaboraron entre otros García Márquez y Marshall McLuhan, en donde se le asigna a los medios de comunicación un papel de transmisor de educación, cultura y valores.
Al final, ¿de qué se trata todo esto? ¿A qué viene toda esta perorata sobre el buen periodismo y la ética? Pues que el injusto país que tenemos es el resultado de muy malos gobiernos, pero también de muy malos profesionales que no jerarquizamos nuestro oficio. Los gobiernos han hecho mucho para que se mantenga este estado de cosas, pero los médicos, contadores, abogados, policías y periodistas, también somos responsables y si no nos exigimos, si no le damos excelencia a nuestro trabajo, no hay gobierno que nos salve.
Sobre el periodismo dijo hace mucho Alejandro Miró Quesada: “Es justo reconocer que antes del periodismo se habían efectuado en el mundo importantes reformas; pero es asimismo indiscutible  que solo después de la evolución de este se producen los grandes cambios sociales”.
Así de importantes somos los periodistas. Lo que pasa es que algunos no se han dado cuenta y creen que el oficio más lindo del mundo, como lo llamaba Camus, es solo audiencia, rating y clicks. Una lástima.

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