noviembre 11, 2015

EL AMOR MÁS ANTIGUO


Alianza Lima es el amor más antiguo que tengo. Saquemos cuenta. Mi vieja y mi hermana que eran toda mi familia, ya no están. A mi esposa, a quien adoro, la conozco hace 15 años, mi hijo mayor tiene 34, el menor, 3  y, como es obvio, todos llegaron después de Alianza.
Y como yo varios.
Y es que el amor por un club muchas veces reemplaza a ese amor familiar ausente, escaso o negado.
La relación con tu equipo es hermosa pero, como es lógico, también tiene sus problemas, pues ninguna relación humana es fácil. Discutimos con nuestros padres a pesar de habernos dado la vida, muchas veces nuestros hijos no entienden nuestras decisiones y se molestan por eso y nuestras parejas, a pesar del “amor eterno” que decimos profesarles, pasan como si nada hasta que te encuentras con la definitiva. Tu club en cambio, es un amor para siempre y el único que no admite traiciones. No conozco algún club que haya traicionado a sus hinchas, y menos que un fanático haya sacado la vuelta a su equipo yéndose al rival de siempre. Eso es imposible. Tan degenerados no somos los seres humanos.
Abandonar a un hijo es la aberración más grande que pueda cometer un ser humano. Tal vez el parricidio sea un delito que se iguale en bestialidad. Incomprensible. Con esto el hombre demuestra que es capaz de la mayor locura. Pero nunca tanto.  Que se sepa, nunca en la historia hubo algún desalmado que negó a su club y lo abandonó por otro. O sea, soy del equipo H pero porque hace tres fechas que no gana me voy con el equipo X. Imposible. Te puedes molestar y hasta alzar la voz a jugadores, dirigentes o entrenador, pero pasada la calentura, volverás a alentar a tu equipo. ¿Cuánto tiempo puedes pasar molesto con tu club? De joven a mí me duraba horas. Hoy ni siquiera minutos. A otros les durará tal vez una fecha, porque la próxima vez que salte a la cancha el equipo de tus amores irremediablemente dejarás la garganta alentándolo.
El amor al equipo se renueva fecha a fecha.
Obviamente hablo de los buenos hinchas, no de los que dicen serlo, de los que se ponen la camiseta del campeón o de los que lo hacen por moda, que por supuesto que existen, y varios.
Las parejas se rompen, los amigos se van o podrían hacerlo. Y hasta te traicionan. Pero tu club nunca te deja, siempre está dispuesto a darte una alegría. Aunque nuestro arco se llene de goles, igual su intención siempre será alegrarnos la vida. Vernos felices. Creo que después de nuestros padres, el club es quien más desea hacerte feliz. Ya sé que este objetivo no lo logran siempre, pero toda la vida, irremediablemente, el equipo de tus amores salta al campo con la ilusión de que todo el estadio festeje una goleada, o un triunfo holgado, o cuando menos uno agónico, o aunque sea un empate en el último minuto. Ya, por lo menos una derrota digna, y aunque esto no suceda, y nos llenen la canasta, la ilusión siempre fue la misma, que las tribunas se caigan de contentas festejando un triunfo.
Y ¿qué te pide a cambio ese equipo? Aplausos, gritos y confianza. Nada más.
Qué generoso es el fútbol.
No conozco a nadie que en su sano juicio haya abandonado a su club. Un niño tal vez pero un adulto no. Si conocen a alguien que lo hizo pasen la voz, tendrá un lugar de privilegio en el museo de lo imposible junto al unicornio azul que se le perdió a Silvio Rodríguez. Como decía alguien por ahí, puedes cambiar de religión, de estado civil, hasta de sexo; pero jamás cambiarás de equipo. El amor por un club es el único que es para siempre.
En su sano juicio dije, pero ni siquiera ese es un extremo. Tuve un amigo que se metió a las drogas y finalmente murió por la vida de excesos. Pero antes la droga lo enloqueció. Hablaba incoherencias, le robaba a sus amigos y hasta le alzaba la mano a su padre. Pero siempre se dijo hincha de Alianza. La locura le hizo olvidar el respeto por padres y amigos, pero el transtorno jamás le cambió el amor por su equipo.
En los años 60 Vargas Llosa se declaró de izquierda y hasta alabó los primeros años de la Revolución Cubana, luego se volvió su más duro crítico y representante del liberalismo más radical. En las últimas décadas la iglesia católica perdió cientos de fieles que encontraron en otras iglesias su camino a la salvación. Pero más allá de ideologías y “fes”, los clubes de fútbol gozan de una credibilidad y confianza que ya quisieran partidos políticos o iglesias. No hay club en el mundo, y que levante la voz quien pueda demostrar lo contrario, repito, no hay club en el mundo que baje sus adeptos. Al contrario, cada día un desquiciado hincha se compra la camiseta, distintivo suficiente para ser aceptado en la tribu. Y desde entonces su vida transcurrirá entre tribunas, tablas de posiciones y próximas fechas, tal vez, sus lecturas más profundas en adelante.

El amor por tu club, el único para toda la vida.

1 comentario:

Juan Carlos dijo...

Muy buen post, conozco a alguien que cambió de equipo siendo adolescente, dejó mi querido Sporting Cristal por Universitato, incluso es desertor de la Fuerza Armada y ahora anda muy mal. .........