octubre 23, 2012

Budismo light

Tener un hijo es una gran responsabilidad. No debe llegar alegremente. ¡Ups, un hijo! En la medida de lo posible debe ser programado. Lo dice alguien que fue padre a los 16 años. “Los padres siempre nos equivocamos”, es una de mis frases favoritas. Sin embargo eso no significa que no reflexionemos sobre nuestros errores y reparemos. En eso estoy. Siento que con Adriano empiezo a saldar en algo la deuda que tengo con el Cholo.

La concepción empezó primero en nuestras cabezas. Lo primero: repensar nuestras ideas, nuestra forma de vida, nuestra visión del mundo. El trabajo fue simple porque mi esposa no se aferra a las ideas simplemente porque sí. Es una persona que piensa. Cuando la conocí me gustó y decidí casarme con ella porque me deslumbró su responsabilidad. Sin embargo la admiración solo llegó después de ver lo poco aferrada que es a las ideas y las cosas.

Nunca nos sentamos a conversar de manera específica sobre algún tema. Simplemente hablabamos de lo que venga. El primer acuerdo al que llegamos fue en torno a la religión. Cuando la conocí, Carmen iba todos los domingos a misa. Incluso la acompañaba y finalmente terminamos casándonos por la iglesia. En realidad esto fue a sugerencia del padre Pablo que nos "regaló" la iglesia y parte de la ceremonia. Un tipazo. Yo no soy católico pero tampoco soy ateo. Simplemente vivo la relación con Dios a mi manera. Y Carmen, que es una chica inteligente, empezó a vivirla de la misma forma. Tenemos claro que para hacer el bien a tu prójimo, quererlo, ser tolerante, respetar a la naturaleza e intentar ser feliz, no tienes que inscribirte en ningún club, cofradía, sindicato o partido. En muchos casos, ese es el mayor lastre para vivir bien con tu entorno.

Y así será con Adriano. Nada de fanatismo. Nada de culpas ni invocación por perdón a nadie. Nada de temor. El Dios que hemos creado nos perdona porque nos entiende, no nos castiga, se ríe y no discrimina a nadie que le parezca raro. Nuestro Dios sonríe mucho y no anda mostrando sus heridas abiertas. Nuestro Dios muestra más su sonrisa que su sangre. Y para relacionarse con él no hay que llorar o poner cara de sufrimiento. No hay que golpearse en el pecho. Además a nuestro Dios no le disgusta que tengamos sexo y celebra, y seguro se sonroja, cuando nos ve hacerlo.

Para nuestro Dios nada está prohibido. Si te causa felicidad, él está feliz.

No somos fanáticos de la religión. Somos fanáticos de la gente, la naturaleza, la buena vida, las pequeñas cosas, los animales. Creo que la palabra RESPETO define bien nuestra relación con el mundo.

Por supuesto que antes fui católico. Yo también seguí a la procesión y pedí un milagro. Y jugaba en el Defensor Barranco, con un detente de San Martín aferrado al pecho de mi camiseta. Así era. Afortunadamente ya no soy así.

¿Qué soy? Me defino como un budista light. Influenciado por mi hijo, que es mi mejor amigo, aprendí algunas cosas del Buda. Mi hijo no solo estudió el tema sino que ama además la cultura china. Practica Tai chi chuan e incluso ha ganado una medalla representando a nuestro país. Está metidazo. El tema en profundidad lo conoce él. Yo solo leí Sidartha y Demian de Hesse, Caballos desbocados de Mishima y vi las dos primeras temporadas de Kung fu. Por eso me llamo un budista light, cosa que no me avergüenza. Ya llegará el momento de profundizar. Tal vez en mi próxima reencarnación.

Que uno se relacione con el mundo como le plazca. Lo importante es que los padres estén juntos en esa relación con lo trascendente. Que vayan juntos en la misma dirección y que el hijo no reciba mensajes confusos.

En esto Carmen y yo la tenemos clara. No importa a donde vayamos, lo importante es que estemos juntos.

No hay comentarios.: