octubre 14, 2011

Shakespeare equivocado

¡No, el fútbol no es violento!

Cómo va a ser violento si todos los días se repite, en el parque más verde y en el terral, ese maravilloso romance entre un niño y su pelota. Cómo va a ser violento si en cada barrio, cada minuto, un padre se convierte en director técnico y le enseña a su hijo los secretos del mágico deporte y los límites entre lo lícito e ilícito. Y en el fondo de su alma guarda la ilusión de que su pequeño se convierta en el futbolista que no pudo ser.

¡No, el fútbol no es violento!

Violenta es la gente, los ciudadanos frustrados que expulsan sus rabias en un estadio. Los desadaptados que confunden la tribuna con la esquina más sórdida donde no hay ley ni autoridad. Cómo va a ser violento el fútbol, si junto a su pelota el niño siente que ese juego es incompleto si no hay otro enfrente y por primera vez aprende lo que es compartir dejando que otro use su juguete más preciado.

¡No, el fútbol no es violento!

Violenta es la sociedad que ha creado oportunidades para unos y frustraciones para otros. Violento es que la educación, la salud y la justicia sean privilegio de pocos. Violento es que los chicos pidan comida en la calle cuando deberían estar estudiando.

Cómo va a ser violento el fútbol si cuando nos peleábamos con nuestro mejor amigo, en un partido olvidábamos las rabias y nos amistábamos porque nadie sigue molesto con alguien luego de haber sudado juntos por un objetivo.

¡No, el fútbol no es violento!

Violentos son los dirigentes que viven por y para el fútbol al que han convertido en un negocio del que sacan enormes réditos. Violentos son sus cuestionados contratos, violentas son sus sospechosas recaudaciones.

¡No, el fútbol no es violento!

Cómo va a ser violento el fútbol si cada lunes, el obrero de construcción civil, el estibador de La Parada, los jaladores, choferes y cobradores de combis, los chicos en el colegio y la gente del barrio rinden homenaje a su equipo que ganó en la víspera y alcanzó la punta y sienten que ellos también ha ganado, por eso se ponen la camiseta. Y de la misma forma, aquellos que perdieron saben que la próxima fecha tienen la oportunidad de cambiar la historia, porque nada como el fútbol nos enseña que tras un fracaso siempre hay una nueva oportunidad para rectificar errores.

¡No, el fútbol no es violento!

Violentos son aquellos que nos hacen creer que un partido es el fin del mundo, que en esa fecha nuestro equipo se juega la vida, que al rival no solo hay que ganarle sino patearlo, escupirle y si es posible desaparecerlo.

Por eso esta noche llenaremos el estadio con el espíritu de los antiguos que acudían para dejar la garganta alentando a los de casa y se abrazaban con el desconocido de al lado para festejar el gol. ¿Dónde podemos hacer eso hoy que la ciudad es tan violenta y nos ha vuelto desconfiados? Pues en un estadio de fútbol.

¡No, el fútbol no es violento!

Y hasta Shakespeare lo creía.

En el Rey Lear, el duque de Kent decía que el fútbol era una actividad vil. No señor Shakespeare ese rudimento de fútbol no era violento, violenta era la sociedad inglesa de aquellos tiempos, violentos eran los vasallos que pateaban una pelota cuando en realidad querían patear la cabeza de sus señores feudales.

¡No el fútbol no es violento!

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