marzo 26, 2010

Paseo en velero en La Punta - Happy top ten (2)

En realidad en este top no hay un orden cronológico ni de jerarquías, simplemente los recuerdos vienen y los traslado a la hoja. Roberto es uno de mis mejores amigos. En realidad no sé si el tiempo verbal es el exacto. Las ocupaciones y prioridades nos han alejado y aunque el sentimiento es el mismo, no comunicarse influye en cualquier relación. Alguna vez escribiré sobre la amistad, la jerarquía de amigos, los diversos tipos, la responsabilidad y todo ese rollo. Será para otra ocasión. Una de las buenas costumbres que tenía Roberto era celebrar su cumpleaños. Cuando digo celebrar no me refiero solamente a juntar amigos, comer y tomar. No. Roberto, con la ayuda de su esposa Rossana, hacía verdaderas producciones. Fueron varias y todas lindas. La mejor que viví fue cuando celebró su cumpleaños alquilando un velero en La Punta. Primero lo primero. Fuimos nueve los invitados por Roberto. Unos eran amigos, otros solo amigos de los amigos o parejas de momento. Todos la pasamos bien. Además de Roberto y Rossana estábamos Miguel y pareja, Pedro, Víctor, Guillermo, Renato y pareja, mi esposa y yo. Un día, creo que era viernes, a las ocho de la noche, repartidos en tres carros nos dirigimos a La Punta. Recuerdo estar siguiendo el Tercel guinda de Roberto. Nunca había ido al Callao de noche

marzo 03, 2010

Happy top ten

Entre la casa y la chamba de mi esposa siempre se me cruza el parque San José. Cuando la voy a recoger y me sobra el tiempo, que es casi siempre, hago una parada de media hora y me siento a ver a la gente. Ver es todo un espectáculo. En la antigüedad mirar por la ventana era parte del entretenimiento. Para mí sigue siendo divertido. El parque San José es todo un descubrimiento que gozo cada tanto. La pequeña jornada empieza buscando una banca pues el lugar es súper poblado. Afortunadamente encuentro una que –por supuesto– tengo que compartir, primero con una pareja de esposos, luego con un jubilado. ¿Banca para ti solo en la plaza San José? Imposible. Y empieza el espectáculo visual. Por un lado una niña tratando de aprender a manejar bicicleta. La chica se cae. “La próxima traes pantaloneta porque se te ve todo”. Una señora se acerca a ofrecer gelatina. Jubilados, por supuesto, leyendo periódico o mirando, como yo. Eficientes lustradores de zapatos, los mejores de Lima, según creo. Una señora posando junto a un árbol para una foto con su hijito de meses. Chicos, que usan el skate como pueden, compiten para ver quién da la vuelta más rápido. Otra señora pasea a su niño en coche. Pequeños dando de comer a las palomas. Un mozuelo surca orgulloso con una bicicleta que lleva la inscripción “Ben 10” (¿?). Un pata con su perro. Enamorados que esperan, enamorados que se encuentran, enamorados que se despiden. Viendo este espectáculo, pensaba que si en este parque se pudiera usar el “felizómetro”, las agujas marcarían rojo, pues si uno se esfuerza puede sentir la felicidad en el aire. No me interesa establecer conceptos sobre qué es la felicidad o cosas por el estilo; hablo de pasarla bien, de estar contento, de reír, jugar, divertirse. Simplemente de eso. Y así, pensando en la alegría de esa tarde, pasó por mi cabeza