noviembre 06, 2006

LOS TRANSFORMES CON PONCHO Y UN SHOT DE PISCO

Un valse del Zambo Cavero, los goles de Cubillas, Pérez de Cuellar en la ONU. Juan Diego Flores, la medalla de Pancho Bozza, el triunfo frente a Bulgaria. El campeonato de la Sofi, Inma Sumac, un shot de pisco. Hay momentos en que el orgullo de ser peruano es una emoción incontenible. Instantes en los que sin rubor, serías capaz de lanzar loas por el lugar donde naciste. Circunstancias donde, en el colmo del amor patrio, podrías incluso reconciliarte con el duro golpe a la autoestima nacional que te da la cotidianidad. Pero como nadie es dueño de sus emociones, también hay momentos en que ese orgullo aflora de una manera más absurda. Es una rara emoción que no se exterioriza ni merece primeras planas. Rara alegría encorsetada y contenida, donde te mueres por gritar arriba Perú pero no lo haces porque sería ridículo. Me ocurrió con Hechizada, aquella serie de la simpática bruja. Los niños de los setenta adorábamos a Samantha y soñábamos casarnos con alguien como ella. Nuestra emoción fue desbordante cuando el doctor Bombay, aquel que aparecía antes de decir ¡ay!, le recetó petunias peruanas para curarse de unas manchas aparecidas en la cara. Y Samanta y Endora, su madre, enrumbaron en busca de la medicina. Aquel capítulo lo vimos con mi prima y aún recuerdo su cara de emoción, que por supuesto era un espejo de la mía. Teníamos ganas de hacer algo, como de festejar un gol pero al mismo tiempo nos gobernaba la reserva de saber que era una ficción y que no era para tanto. De niño me emocionaban las paradas militares y como tantos, grité los goles de Cubillas a los escoceses, pero mentiría si no dijera que sentí un especial orgullo de ser peruano viendo a Bugs Bunny. En realidad el conejo se iba a otro lado pero para ver dónde estaba, abrió un hueco, sacó la cabezota, masticó una zanahoria y dijo lo increíble. ¡No, aún no he llegado, esto es el Perú! Llegó de casualidad pero fue emocionante. Absurdamente creí que los años, más de cuarenta, se llevarían esa extraña manera de sentir la patria. Hace poco en un capítulo de Los Simpson, el alcalde Diamante decidió cambiar de nombre a Springfield para así eludir las enormes deudas contraídas. Entre las propuestas para nuevos nombres, Lenny y Carl, amigos de Homero en la planta nuclear, pidieron que la ciudad se llame Lima Perú. Así todo junto. Finalmente la idea no prosperó. Pero estuvimos cerca. Veía la serie con mi esposa y sentí lo mismo de aquella vez con mi prima. Musicalmente hay dos referencias que merecen destacarse. La mención a Cerro Azul que hacen los Beach Boys en Surfin Safari y Frank Sinatra en Come Fly. Era niño y fue en la casa de mi tía Rosa. En su viejo pick up, escuché: ¡ Come fly with me, let´s float down to Peru! - Habló de Perú, dije emocionado. Pedí más datos pero no me dijeron mucho. Tiempo después descubrí que tanto La Voz, como los chicos playeros, hablaban proféticamente de nuestro país como destino turístico. Hay muchas más menciones. El capítulo de El Santo en Chosica. El trabalenguas “un peruano timorato…” que hace Gary la mascota de Bob Esponja. El paseo del Pato Donald por Puno. ¿Los Transformers con poncho? No lo vi pero cuentan que en un capítulo vinieron al Perú y se vistieron como paisanos. Otros visitantes virtuales fueron Sabrina, la bruja adolescente, que fue hasta el Cuzco a buscar a su madre que era antropóloga y Jim Ellison de la serie El Centinela, que adquiere sus poderes luego de pasar año y medio en la selva peruana.* Tanques pasando por la avenida Brasil, el Presidente Morales Bermúdez con la camiseta de Meléndez o la primera bandera de papel que hicimos en el colegio. Al parecer todo vale si se trata de despertar nuestro muchas veces amodorrado amor por la patria. *La lista es larga. The Shield, Star Wars, Rocket Power, Harry Potter y por supuesto la poco cordial referencia que hace Henry Melville en Moby Dick.