junio 14, 2005

CREDO QUIA ABSURDUM

    Fe, decía el jesuita Anthony de Mello, es entrar a un restaurante de lujo sin un céntimo y encargar una docena de ostras con la esperanza de hallar una perla con la cual pagar la cuenta. Tertuliano definía la fe como un sentimiento que va más allá de la razón, un espacio donde se cree sin necesidad de entender. Una frase refrendaba su idea: Credo Quia Absurdum: creo porque es absurdo. La fe es la base de la existencia humana y también la base de la religión. Cuando el hombre no encuentra respuestas a sus incertidumbres surge la religión para absolver todas las interrogantes. Que esas respuestas se hallen en las antípodas de la razón importa poco, lo imperativo es encontrar un bálsamo para sus dudas. 

    Aunque esa fe permitió al hombre trascender sus estrechos límites y relacionarse con lo divino, en no pocas ocasiones esa ciega creencia también lo depositó en el territorio del ridículo. Aquí algunos casos extraídos del libro Historia de la estupidez humana de Paul Tabori.  

junio 01, 2005

PASIÓN DE INOCENTE APARIENCIA

Ahlers, Müller, Mohr. Maier y Maack… Cuando ya me haya olvidado hasta el último verso de Goethe, voy a recordar siempre la delantera del Bayern München. Walter Jens. Filósofo alemán. 

     Eran diez y faltaba uno para completar el equipo. Corrían los años treinta y un cuadro europeo visitaba Puerto Rico. Como no podían dejar de entrenar, los futbolistas pidieron a las autoridades de una universidad que armen un cuadro. A los maestros no se les ocurrió mejor idea que llamar a su alumno Luis Arocena para la formación de la escuadra. Sus casi dos metros de estatura y principalmente su condición de argentino, eran crédito suficiente para asegurar que algo sabía de ese extraño deporte que no despertaba el menor interés de los caribeños. Pero había un problema. Eran diez y faltaba uno para completar el equipo. A pesar de sus búsquedas, Arocena sólo pudo conseguir diez jugadores. En toda la isla no había uno más que tuviera las mínimas aptitudes para la práctica de este deporte. Cuando estaba a punto de darse por vencido, le avisaron la llegada de un alumno nuevo. Se trataba de un peruano que aunque tenía las piernas flacas se veía en buen estado. Posiblemente por la cabeza de Arocena desfilaron José María Lavalle, Adelfo Magallanes, “Lolo” Fernández y, como no, “Manguera” Villanueva, integrantes del famoso “rodillo negro”, el mejor equipo del mundo, según los comentaristas chilenos. Algo de fútbol debe saber este peruano se habrá dicho y fue en busca de su jugador número once. Luego de una larga negociación logró incluirlo en el equipo como puntero izquierdo, pero su actuación fue decepcionante. El jugador era miope y al parecer no tenía ni idea de la existencia del “rodillo negro”. Aquel peruano que integró esta especie de selección resto del mundo era el maestro Luis Alberto Sánchez. 
    El fútbol y los intelectuales. El casi desconocido poeta peruano Juan Parra del Riego tuvo más suerte con el deporte rey. Quienes lo conocieron aseguran que fue un excelente jugador. Una enfermedad, que finalmente le causó la muerte, fue el motivo de su alejamiento de las canchas. Parra del Riego pasaría a la historia por juntar dos actividades aparentemente antagónicas: fútbol y poesía. El delantero del Peñarol de Montevideo Isabelino Gradín, le inspiró uno de sus más bellos polirritmos:

 "Gradin, róbale al relámpago de tu cuerpo incandescente Otra azul velocidad para mi frente, Tú, que cuando vas llevando la pelota nadie cree que así juegas: todos creen que patinas y en tu baile vas haciendo líneas griegas que te siguen dando vueltas con sus vagas serpentinas". 

    Parra del Riego llegó a pensar que el fútbol podía servir para algo más que divertirse. “Mi raza está perdida irremisiblemente si América no la escucha y la defiende. Quizás si mis indios jugaran al fútbol, hallarían en este maravilloso deporte su redención”. El “Loco Parra”, como lo conocían en Montevideo, no fue el único que vio en el fútbol algo más que patear una pelota. “Quería tanto a mi equipo, no sólo por la alegría de la victoria, tan maravillosa cuando está combinada con la fatiga que sigue al esfuerzo, sino también por el estúpido deseo de llorar en las noches luego de cada derrota. Después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Las declaraciones corresponden a Albert Camus, arquero del RUA de Argelia durante la temporada 1933-34. Para el premio Nobel de literatura, el fútbol era como la vida. 
    Hasta 1949 García Márquez consideraba que ir al estadio a ver un partido era insípido y tonto. Luego descubrió que los verdaderamente insípidos y tontos eran los que no habían descubierto los encantos de este deporte. En junio de 1950 Gabo ingresa por primera vez a un estadio y descubre el poder seductor del balompié. En el diario El Heraldo de Barranquilla escribe su primera crónica de fútbol luego de ver un partido entre Junior y el Millonarios de Bogotá. Y dice así: 
“Y entonces decidí ir al estadio. Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte, y que de ninguna tampoco he salido tan cansado…. Si los jugadores del Junior no hubieran sido ciertamente jugadores sino escritores, me parece que el maestro Heleno, habría sido un extraordinario autor de novelas policíacas. Su sentido del tacto, sus responsables movimientos de investigador y finalmente sus desenlaces rápidos y sorpresivos le otorgan suficientes méritos para ser el creador de un nuevo detective para la novelística de policía…. Y esto por no entrar con los Millonarios, cuyo gran Di Stéfano, si de algo sabe es de retórica “ 

    Del Río de la Plata vendrían los mayores aportes intelectuales. En 1929 el escritor bonaerense José Gabriel intentó mostrar la superioridad estética de un partido de fútbol con respecto al ballet. Comparación que repetiría tiempo después el uruguayo Carlos Negri. Ese mismo año Jorge Romero Brest, crítico de arte y profesor de educación física, establece un paralelo entre el elemento rítmico del cine artístico de aquellos años y el deporte de masas. Más recientemente el sociólogo Juan José Sebreli realizaría un importante aporte desde su especialidad. “Fútbol y Masas” es un trabajo que trata de descifrar el misterio que encierra el más contundente de los fenómenos de masas. 

    Desde Shakespeare, que en el rey Lear hace decir al duque de Kent que el fútbol es una actividad bárbara y vil, hasta Ortega y Gasset que lo consideraba el responsable de la irrupción de las masas, causa de todos los males contemporáneos, pasando por Borges y Nietzsche; las relaciones entre el fútbol y algunos intelectuales no han sido nada buenas. Sin embargo, un grupo de trabajadores del pensamiento se dejó atrapar por esta pasión de inocente apariencia, como llamaba el escritor Osvaldo Soriano al fútbol, y han sido capaces de vibrar en un partido de fútbol como lo hacen ante la lectura de un clásico.

mayo 24, 2005

¡TE DIJE QUE ESTABAS ENFERMO!*


    El epitafio ha perdido el protagonismo que tuvo. La cultura moderna, práctica, y apresurada, lo ha reducido a un simple trámite, tal vez el menos importante del rito funeral. Pero no siempre fue así. Reflexivo, sarcástico, lírico o simplón, el epitafio solía tener la personalidad del inquilino que habitaba tras el mármol: 

"Aquí descansa entregado a los gusanos el cuerpo de Benjamín Franklin impresor. Como la cubierta de un viejo libro al que le han arrancado las hojas cuyos dorado y título se han borrado pero no por esto la obra se habrá perdido, pues reaparecerá cual lo creía en una nueva edición revisada y corregida por el autor". 

febrero 02, 2005

UNA ENFERMEDAD LLAMADA AMOR


      Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo. Leal, traidor, cobarde y animoso; No hallar fuera del bien centro y reposo, Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, Enojado, valiente, fugitivo, Satisfecho, ofendido, receloso; Huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño, creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño. Esto es amor; quien lo probó lo sabe. 

Lope de Vega. 


     Sarampión, varicela, paperas, escarlatina y amor. Desde hace siglos no pocas mentes privilegiadas han considerado que el amor es una enfermedad que bien merecería un tratamiento médico. Hay quienes creen que la idea tiene mérito suficiente para entrar en la historia universal del absurdo, otros aseguran que quienes ponen al amor en la categoría de enfermedad, simplemente son unos adelantados.               

enero 17, 2005

APORTES PARA UNA HISTORIA DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

          América Central: un dictador encarcela a todos aquellos que caminen descalzos por la ciudad. Uruguay: el gobierno veta el libro " Teoría del Cubismo” por considerar que es una apología al régimen de Fidel Castro.  España: prohíben la publicidad de supositorios por sugerir una práctica sodomita. 
          La pregunta es: ¿qué está pasando?, por qué ciertas personas actúan de esta manera. La respuesta es sencilla y sorprendente, los hombres, principalmente aquellos que detentan el poder, han sido atacados por el virus de la estupidez. Las siguientes historias tendrán como protagonistas a un ejército de badulaques, peleles, monigotes y pelafustanes que a golpe de negligencias, sandeces, tonterías y torpezas, están enriqueciendo lo que el investigador Paul Tabori llama la historia de la estupidez humana. No crea que esta crónica pretende ridiculizar a la máxima estrella de la creación. En absoluto. la idea es que, además de risa o llanto, las historias sugieran una reflexión, pues el virus de la estupidez puede tocar nuestra puerta en cualquier momento. 

                        TRUJILLO, FRANCO Y SUS AMIGOS. 
          El dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo tal vez sea una de las personas que más aportó a la historia universal del absurdo. No sólo nombró a su hijo Ramfis, de tres años de edad, coronel del ejército; también emitió un dispositivo que obligaba vender su imagen junto a los santos más populares. Este dictador, al que no le avergonzaba fotografiarse con la espada del Cid Campeador y el sombrero de Napoleón, ordenó a escultores y dibujantes desaparecer de sus obras la abundante papada que ostentaba y en su lugar poner un mentón en punta. Artista que ponía papada, artista que terminaba en el calabozo. Ahí no concluye el absurdo. En 1936 dictó una ley que prohibía a la gente caminar descalza. Quien carecía de zapatos terminaba caminando por el frío suelo del calabozo, y no salía hasta tener como fianza por lo menos un par de mocasines. La ley se proponía incentivar la venta de zapatos, negocio que Trujillo monopolizaba. Se puede pensar con justa razón que el background de tonterías de este personaje es insuperable, pero no es así, pocos años después en España un dictador que aseguraba gobernar por voluntad divina, dejó casi en el olvido las ridiculeces de su colega dominicano. 
          Para resguardar la moral y las buenas costumbres de los españoles, el generalísimo Francisco Franco emitió una serie de dispositivos que reglamentaban el uso de ropa interior femenina en los espectáculos. Antes de cualquier estreno un "experto" se encargaba de constatar si actrices y bailarinas usaban bragas con las dimensiones aceptadas por el régimen. Ropa interior sin los centímetros sugeridos era decomisada, por supuesto, con la propietaria adentro. 
           Ni las caricaturas escaparon al control de Franco. Por orden del dictador en todas las redacciones había un dibujante experto en alisar bustos y derrieres. “ Ninguna mujer debe mostrar pechos ni trasero, hacerlo sería terrible para la moral del español del futuro ", afirmaban los censores al tiempo que desaparecían cuanta redondez asomara por las viñetas. Pero Franco sólo llega al Olimpo del absurdo cuando en 1940 emite un dispositivo prohibiendo la palabra supositorio. El dictador creía que este término era una invitación a prácticas sodomitas. Los más perjudicados con la norma fueron los propietarios de los laboratorios que tuvieron que vender su producto con nombres alternativos como " remedio posterior " , " cilindro antigripal " o simplemente 'supo'. A estas alturas alguien puede pensar que hay suficientes argumentos para considerar a Franco el non plus ultra de la estupidez, pero no es así. Muchos años después un grupo de entusiastas militares sudamericanos se encargó de convertir en simples anécdotas los excesos del dictador español. 
            Esta historia es increíble. La cuenta Eduardo Galeano. En 1976 la Junta Militar uruguaya emitió un comunicado prohibiendo las palabras soberanía, hambre, paloma, clandestino, verano, verde, contracanto y reforma agraria, por considerar que atentaban contra el orden establecido. Quien se atreviera a mencionar tan sólo uno de estos términos era acusado de terrorismo. Como si los absurdos no fueran suficientes ese mismo año se emitió un dispositivo complementario que prohibía a los presos políticos silbar, cantar, reír, caminar rápido, dibujar o recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas o pájaros. Por aquellos años se hizo conocido el caso de Milay, hija del profesor Didasko Pérez que, a pesar de sus siete años, fue detenida por sospecha de terrorismo. El delito de la menor fue llevar a su papi el dibujo de unos pajaritos. 
     Paul Tabori, uno de los estudiosos del tema, dice que la estupidez ha costado más vidas y bienes que todas las guerras y plagas. Por eso, más que risa, llanto, dolor o pena, estas historias deberían inducir a la reflexión.

enero 03, 2005

LOPEZ, TITA Y YO ficción

     Todos conocemos a un gay. Si no compartimos con él en el colegio, lo encontraremos en el barrio, el trabajo, la familia o tal vez en nuestra propia casa. El primero que conocí se llamaba Jorge. Abiertamente amanerado. Tita, como le decíamos, era la hembrita del primero K del José María Eguren de Barranco. Mis amigos me decían que no había que saludarlo. Ni siquiera lo mires pues te pegará lo que tiene, aconsejaban. La inseguridad y miedo de aquellos años no me hicieron dudar. Nunca tuve el menor contacto con ella, jamás un saludo, ni siquiera una mirada. Cuando faltaba un profesor, el salón se convertía en un burdel. Uno de los maleados del grupo, que decía ser el marido de Tita, ordenaba cerrar la puerta y vigilar si venía alguien. Una vez tomadas las precauciones, empezaba el “espectáculo”. Ante el estímulo del resto, López, así se apellidaba el “macho”, empezaba a reclamarle su falta de amor. La arrinconaba y decía que lo tenía abandonado. Luego la manoseaba y “punteaba”. La cosa no era tan en broma pues era evidente que el infeliz se excitaba. Esta rutina se hizo familiar en el salón. Algunos, la mayoría, festejaban, otros, entre los que me encontraba, permanecíamos indiferentes, por lo menos eso creíamos, pues finalmente con nuestra silente presencia avalábamos la actitud del matón. Luego del manoseo, que posiblemente terminaba con una total satisfacción, López invitaba a sus mejores amigos para “compartir” a su “mujer”. Nunca las palabras marido y mujer me parecieron tan obscenas. Algunos la tocaban. Curiosamente aquellos que evitaban el contacto eran considerados maricones. Lo dramático que habrá sido para algunos descubrir que lo que ocurría era exactamente lo contrario. 

Los cinco primeros años de primaria los estudié en una escuela fiscal, la secundaria en la Gran Unidad Escolar José María Eguren de Barranco. Mis mayores me habían dicho que el cambio podía ser traumático, y realmente fue así, pero no por los cursos o los profesores, sino por el pánico que me daba ser invitado a compartir a Tita. ¿Cuál sería mi reacción? He perdido la cuenta de las veces que me imaginé frente a ella. Su camisa a medio abrir como si realmente tuviera algo que mostrar, sus labios grandes, su pantalón apretado, ese perfume asqueroso y yo mirándole a los ojos, dudando entre tocarle el culo o escupirle en la cara. El miedo era lógico. Me horrorizaba ser ubicado entre los “maricones” que no se atrevían a tocarla. Yo no era maricón, a mí se me paraba cuando veía a las amigas de mi hermana, incluso se me paraba cuando espiaba a mi hermana. Por otro lado, realmente no me provocaba tocarla. Sin embargo, debía hacerlo para evitar que me fastidien. La verdad es que no sabía cuál sería mi reacción. Mi terror se calmaba cuando reparaba en que no era de la “mancha” de López. Incluso fuera del salón, el marido de la Tita tal vez ni se acordaría de mi cara. No había porque preocuparse, jamás me invitaría a compartirla. Pero mi cálculo falló. Había faltado un profesor y como siempre se cerró la puerta y empezó el show. Luego de las recriminaciones del caso, empezaron las invitaciones. Cuando ya se acababa la “función”, alguien grito mi nombre. Lo que tanto temí ocurrió. Aquella mañana de 1975 finalmente Tita y yo estábamos frente a frente. Fue horrible, peor que en mis pesadillas. No supe qué hacer. Mis amigos, los mismos que me decían que no debía hablarle - nunca un saludo, ni siquiera una mirada - me dijeron que sólo fueron unos minutos. Para mí fue interminable. Ahí estaban sus labios, ahí su camisa a medio abrir, su pantalón apretado y su perfume, más horrible que nunca. Han pasado los años, 25, y aún se me escarapela el cuerpo al verme frente a ella. La distancia del tiempo me hace reconocer que aquella mañana pudo ocurrir cualquier cosa, sin embargo, cuando el miedo y la gente me acercaron a Tita, entró un profesor y obviamente terminó todo. No quedé mal con la gente y tampoco le hice nada a Tita, el típico toque de campana que salva. Desde aquel día pienso que hubiera pasado si el profe no entraba.

diciembre 14, 2004

LAS MAS BELLAS

       Este concurso de belleza es distinto. Aquí las candidatas no tienen que coquetear con el jurado, sonreír a la cámara, ni mostrar sus carnes al público. Los jueces no son los voyeristas de siempre y entre los auspiciadores no se encuentran centros de estética, cremas humectantes o lápiz de labios. Este concurso es distinto porque quienes compiten son las palabras. 
   En los años 70, el diario El Mercurio de Chile convocó a Jorge Luis Borges, Lázaro Carreter, Julián Marías, Gregorio Marañón, Camilo José Cela, José Donoso y Arturo Uslar Pietri, para elegir a las diez palabras semánticamente más bellas del idioma. No se conocen detalles de esta cita de la belleza lingüística, pero algún cronista experto en estas lides, podría haber escrito algo parecido a esto: “ La sobresdrújula camina radiante por la pasarela, sin lugar a dudas es la más ovacionada de la noche. En traje de baño las palmas del respetable son para una grave. Lamentablemente la capicúa no ha tenido la misma suerte. El no saber para donde ir, cual es el comienzo y cual el final, la hizo tropezar justo delante del jurado…” 
     Es posible que una vez conocida la decisión, el público haya repetido los mismos lugares comunes de siempre: que fulana debió estar entre las diez finalistas, que el jurado está comprado y que estos concursos siempre responden a los intereses de los anunciantes. Sin embargo, esas pocas voces no opacaron la decisión de tan ilustre tribunal. Según los jueces estas son las diez palabras más bellas del idioma castellano: Libertad, mar, madre, azul, paz, dios, esperanza, belleza, amor y amistad.
     Tiempo después Borges hizo otra selección, esta vez de las palabras de sonido más hermoso. Esta es su lista: Sándalo, jacarandá, penumbra, sombra, cristal, hexámetro, ámbar, runa, anhelar y arena. 
     Una sana curiosidad me llevó a preguntar cuales serían las palabras preferidas por estas tierras.
     Cuatro amigos profesionales de la comunicación, me ayudan a resolver este problema. 

     Oscar Quesada, semiólogo. "Sin guardar orden alguno de preferencia, deseo empezar con grulla: imagino un ser salvaje en estepas, llanuras y pantanos. Una figura blanca. Parsimoniosa. Solemne. Pura. Hermosa. He aquí que su referencia genérica, ave, resulta ser por su concisión sonora una palabra misteriosamente bella, no por gusto tórnase en alabanza. Resulta que por hablar de la grulla he tropezado con ave. Una inminente levedad es convocada. Este juego de l y v remite a lo lívido, a lava y lavanda. También a Livia. Configuración apasionante. Pero como se trata de escoger diez, me quedo con levedad, asumida como primera de la familia. Amatista es otra palabra que está llena de resonancias: al mar, a la transparencia de un cuarzo teñido de violeta y, en su etimología, a la embriaguez. He citado el mundo animal y el mineral. En el ámbito vegetal áloe o aloe es una palabra que comparte con oboe un armonioso juego vocálico. En la instancia semántica se abre un mundo de hojas largas y carnosas acompañado de uno de los sonidos más dulces, sugestivos, oscilante entre el verde y el azul, como diría Rimbaud. Vaho anda cerca: remisión al soplo vital, al aliento natural del aire. También nube: lugar del vapor acuoso que llama a tantos juegos cromáticos, a tantos humos y sombras pétreas. De aquí a tornasol hay un paso: que palabra tan adecuada a la descripción de nuestro destino. Umbral lleva en sí la idea del paso de aquí a otra cosa. La alusión a la sombra, a lo umbrátil, umbrío, o umbroso, a la penumbra, en fin, a la tensión del descubrimiento, del comenzar a conocer, a la insinuación de esa luz tan cara para quienes, curiosos, vivimos saboreando los resplandores de eso que llamamos saber. Dejo en el tintero entre muchas otras, esfera, mar, esmeralda, tulipán, cascabel, decibel, lumen; admito que esto es cuestión de estado de ánimo. Resumo, pues, las diez de ahora.: grulla, ave, levedad, amatista, aloe, oboe, vaho, nube, tornasol, umbral. 

    Winston Orrillo, Filólogo 
1) AMOR: sin él no funcionaría el mundo, y aun si tomamos a su antónimo, odio, vemos que es el amor el punto de partida de todo 
2) POESÍA: podría ser redundante si hemos ya mencionado a la anterior, pero, en todo caso, es concomitante con él (se entiende con el amor). 
3) COMUNICACIÓN: el amor produce poesía cuando se rompe el solipsismo y necesitamos llegar al otro; y partimos, entonces, en busca de la alteridad. 
4) HUMANIDAD: formamos parte de ella, aunque nuestro bisabuelo Thomas Hobbes, tomándolo de Plauto, escribiera: "Homo hominis lupus". 
5) LIBERTAD: es uno de los puntos de partida, uno de los ejes de nuestro discurrir por "este valle de lágrimas, adonde yo nunca dije que me trajeran" (Vallejo dixit). 
6) SOLIDARIDAD: o somos solidarios o no somos nada. El pithecantropus y el cromagnon ascendieron en la escala que nos llevó hacia el homo sapiens –supongo–por el ejercicio de la solidaridad. Es lo que quiso decir nuestro abuelo José Martí cuando expresara: "Todo hombre debe sentir en su mejilla el golpe dado en la mejilla de cualquier hombre". 
7) AZUL: el color de nuestro otro abuelo, Rubén Darío, y el color del infinito, aquello que, precisamente, como hombres, no cesamos de perseguir. 
8) JUSTICIA: envuelve a todo, ES todo. 
9) ÍNSULA: tanto la Barataria, del buen Sancho Panza, como aquella de Las Insulas extrañas, del querido Emilio Adolfo. En general, no sólo una palabra bellísima, sino que si uno no ha vivido pensando en La isla (ínsula) del tesoro, no tiene sentido su vida. 
10) ARTE: todo es arte. Todo es artístico. Porque en esta palabra están incursas otras como azul, ínsula, justicia, amor, libertad, comunicación. "Lo hizo por amor al arte", qué gran verdad filosófica, existencial. 

GUILLERMO GIACOSA. Comunicador. 
Diez palabras encontradas por el mundo y breves instrucciones para su uso. 
OMBÚ. Debe disfrutarse en la pampa argentina a la caída del sol y mientras el caballo marcha sin apuros hacia el poniente. 
CENTRAL. Por ningún motivo debe utilizarse como referencia espacial. Siempre estará teñida con los colores azul y amarillo y detrás de ella nunca faltará, después del dolor o la alegría, una nueva ilusión. ALBAHACA. Deberá olerse y pronunciarse como quien redescubre un perfume que, viniendo de las entrañas de la tierra, siempre estuvo en la punta de nuestra lengua. 
 CARCAJADA. Se unirá a los espantapájaros, a los jamelgos, a las jabalinas, a los juboneros, se refugiará junto a los junquillos y bajo los jacarandaes y jamás faltará al júbilo y a los jóvenes. 
SAUDADES. Se agregará a la lengua española porque ella sola es tristeza, melancolía, añoranza, nostalgia. Se usará pensando en una vieja bahiana que un dos de febrero, toda vestida de blanco, se sumerge en el mar que recuerda la esclavitud y los dioses venidos del África para hacerla más soportable. 
GIOIA. Solo la joie ( yuá ) de los franceses me parece tan feliz como la gioia italiana. Es alegría, más euforia. Hay que estar realmente gioioso para comprenderlo. 
FARFALLA. Es nuestra mariposa pero más ágil. Es más alegre que la butterfly inglesa, vuela más ligero que la papillon francesa y es más delgada que la borboleta de los lusitanos. Sólo la pimpilipausa de los vascos puede ser tan bella como una farfalla italiana. 
IALA. Debe pronunciarse hundiendo la i en el paladar y hasta que las a final se escape de la boca como saltando de un trampolín. Quiere decir “vamos” y los árabes, como justa venganza, se la llevaron cuando se fueron para siempre de España. 
YETÉM. La primera vez que me la dijeron supe que me amaban realmente. Es una trampa francesa de tres palabras: je t’ aime ( yo te amo ) que se transmuta en una sola por la urgencia de comprobar si es verdad. 
ABUR. Es adiós sin mezclar a Dios. Es desear augurios en una voz que el español heredó de los vascos y desterró al olvido por ansiedades religiosas. 

     Nicolás Yerovi Escritor. 
LA BELLEZA DEL ESPERPENTO Dado a la tarea de discernir cuáles son las palabras más hermosas del idioma castellano, colijo que son varios los criterios que podríase emplear para tal fin. Si menciono alhelí, barahúnda, danza, ensalmo, algarabía, niebla, sutil o sortilegio, estoy usando, para esta criba, uno de eufonía o biensonancia. Si menciono utopía, sueño, alegría, ventura, ilusión o fantasía, estoy privilegiando el criterio semántico, aquel del significado que tiene cada uno de estos términos. Considero, sin embargo, que habrá de ser de mayor utilidad para el lector considerar las palabras que, no sólo por lo pintoresco de su novedosa acepción sino también por el uso cada vez más frecuente que de ellas suele hacerse, terminan siendo sumamente decidoras de los tiempos presentes. SINCERAMIENTO, por ejemplo, es un vocablo compuesto, conformado por el modo adverbial "sinceramente" y el verbo "mentir", pero conjugado en la primera persona del presente de indicativo: "miento". Así, "sinceramiento", quiere decir "sinceramente miento". La VERDAD, que por definición es una sola pues resulta del cotejo de lo enunciado con lo real, lo tangible, lo comprobable; en el Perú de los tiempos recientes suele utilizarse con el posesivo "mi", a resultas de lo cual tenemos "mi verdad", así como también es aceptado hablar de "tu verdad" o de "su verdad", como sinónimos de "mi versión", "tu opinión" o "su punto de vista". Queda claro que en un país donde todo el mundo miente, hay tantas verdades como hablantes. De allí la pertinencia de esta elegante locución, que no debe faltar en labios de ningún personaje público que se respete. ESCENARIO, que es un nominativo propio de las artes escénicas, hoy es utilizado hasta el hartazgo por políticos y periodistas para referirse a la hipotética participación de tales o cuales ACTORES de la vida nacional en un eventual conflicto de intereses. No es por azar que estos términos teatrales son empleados como sinónimos del quehacer público y de los detentadores de poder, al fin y al cabo, todos presumen en ellos y en cada una de sus circunstancias, el uso y el abuso la careta del farsante y el divorcio de la naturalidad en pro de una ficción convenida. Tampoco es circunstancial que el calificativo de VIABLE haya cobrado tantísima frecuencia en el hablar cotidiano, considerando que pocas ciudades como las nuestras son tan poco viables, transitables y hasta vivibles, en virtud de la ignorancia absoluta del respeto por las reglas de tránsito y la falta de consideración por el prójimo. A propósito de esto último, viene a cuento mencionar que el vocablo PUNTUAL es consentido como sinónimo de "preciso" o "específico", en un país como el Perú donde llegar a la hora acordada, es decir, ser puntual, constituye un defecto social casi nauseabundo, donde ser puntual significa revelarse como un individuo insignificante y del todo carente de importancia. No puedo evitar la tentación de señalar la moda feminista de usar "LA POETA" en vez de la poetisa, ya que este último vocablo disuena frágil, delicado, femenino. Siguiendo esta lógica, propongo con toda modestia que en vez de sacerdotisa digamos "SACERDOTA", en vez de papisa, "PAPA", y en vez de pitonisa usemos el hierático "PITONA". Ya que hace mucho APERTURÉ estas cavilaciones -si las hubiese abierto habría sonado demasiado simple, escasamente ceremonioso y para nada mayestático-, procederé a darlas de una vez por terminadas o a cerrarlas debidamente, es decir, a CERRADURARLAS. Con perdón del ANDAMIAJE. 

LA PRIMERA PALABRA QUE MANDAMOS A EUROPA. 
Eduardo Galeano, Memoria del fuego.       
Elio Antonio de Nebrija, sabio de lenguas, publica en Salamanca su “vocabulario español latino”. El diccionario incluye el primer americanismo de la lengua castellana: Canoa: Nave de un madero. La nueva palabra viene desde las Antillas. Esas barcas sin vela, nacidas de un tronco de ceiba, dieron la bienvenida a Cristóbal Colón. En canoas llegaron desde las indias, remando, los hombres de largo pelo negro y cuerpos labrados de signos bermejos. Se acercaron a las carabelas, ofreciendo agua dulce y cambiaron oro por sonajas de latón de esas que en Castilla valen un maravedí. 

LAS MÁS LARGAS Según el libro de los récord de Guinness la palabra más larga del idioma castellano es superextraordinarísimo con 22 letras, sin embargo, anticonstitucionalmente tiene 23 y el músculo del cuello esternocleidomastoideo tiene 22 y ninguna figura en tal libro. Según esta “Biblia” de superlativos, la palabra más difícil de definir en breve por un lexicógrafo es el término fueguino, sur de Chile y Argentina, mamiblapinatapai, que sólo se puede traducir de la siguiente manera: mirándose el uno al otro, a la espera de que cualquier ofrezca hacer algo que ambas partes quieren pero no tiene la disposición de hacerla.

noviembre 16, 2004

LOS CUENTOS, DECIRES, SENTIRES, COMTEMPLACIONES Y REFLEXIONES DE MIGDONIO CHAFLOQUE BABILONIA

      Mi amigo el poeta Reinaldo Martos me considera un coleccionista de anécdotas y cada vez que le ocurre algo digno de contarse me lo comunica de inmediato. Hace dos días lo encontré en el pabellón de letras de San Marcos y me dijo que tenía algo que me iba a gustar. Se trataba de un libro raro de un autor con un nombre más raro aún. "En una de mis visitas a la Feria del Libro Viejo de Barranco, me encontré con un libro cuyo título era: Los cuentos, decires, sentires, contemplaciones y reflexiones de Migdonio Chafloque Babilonia”. En realidad el libro era extraño por el título y el autor, pero más aún por algunos datos que me brindó Reinaldo. Me cuenta que le comentó su descubrimiento al escritor Ivan Lays y que este le dijo ya conocía el libro y que le parecía bueno, pero que cuando alguna vez lo comentó en su programa, se ganó un lío porque lo llamó su familia y le reclamo por haberlo mencionado sin consultar antes. “Creo que hay una historia rara tras este personaje, no sé que y tampoco quiero saberlo”, dijo Lays. Me cuenta Martos que en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional encontró un ejemplar del Caballo Rojo, en el que le dedicaban dos páginas a Chafloque. En ella se dice que era un norteño que llegó a Lima en el 67 y que no tenía muchos amigos. Tres de sus más importantes relaciones fueron Julio Ramón Ribeyro, Chabuca Granda y el poeta César Calvo. El artículo habla de un grave problema que tuvo y que finalmente precipito su muerte. “Mejor no te cuento eso porque es muy feo..ahí recién lo entendí a Lays”. Por mi parte lo único que hice fue buscar en Google pero no encontré nada. En el canal no pude encontrar a Lays para que me dé más datos. A continuación dejo a consideración de los lectores una primera entrega de los escritos de este personaje que parece extraído de algún rincón de Macondo. 

1. Cansada de obligar comer al pequeño, la madre optó por pedir consejo a sus mayores. Aquellos que no sólo habían criado a sus hijos sino también a los hijos de sus nietos, debían tener alguna respuesta. Sin embargo, ninguna de las fórmulas dio resultado. El niño aun seguía sin interesarse por la comida. Vencida por la inapetencia del menor, la madre dio por culminado el problema diciéndole que a nada bueno le llevaría el no comer. Sin embargo, la mamá de Mahatma Ghandi se equivocó. 

2. ¡Terroristas! ¡Criminales! ¡Desalmados!. Gritaban los fanáticos a los recién llegados. Manolete y Paco Camino nunca imaginaron que aunque en otros países eran ídolos, en la India eran simples delincuentes. 

3. Si nos fijamos detenidamente nos daremos cuenta que el éxito de una persona radica en saber manejar la variada gama de caretas que le exige la vida. Tomémonos como ejemplo. Cuando vamos a trabajar somos serios, discretos, elegantes y atentos, pero cuando estamos en casa trocamos la seriedad por alegría, la discreción por informalidad, la elegancia por comodidad y la atención por despreocupación. Es un grave error tener la careta de la oficina en la casa o viceversa. Igual sucede cuando vamos a fiestas o al cine y por supuesto, al hacer el amor. El éxito de una persona consiste pues, en no confundir el momento en que debe usar su careta. Nunca ser informales en el trabajo, ni circunspectos en temas de amor. 

4. Hoy no se atienden confesiones. El cura amaneció con otitis.

continuará...

EL SÍNDROME DE MOISÉS: LA MENTIRA DEL ORIGEN HUMILDE O DIGA QUE ES POBRE QUE REDITÚA

  Alguna vez, un ex querido amigo - cuando era   amigo -   me preguntó por los primeros trabajos que había tenido. Le dije la verdad: a los ...