MA-RA-CA-NA-ZO


Fue la alegría más grande. Pero viendo la cosa desde el otro lado, también fue la pena más enorme. Pero principalmente fue la prueba irrefutable de que en el fútbol no existen imposibles. Si los chicos, desheredados, pobres, miserables y desposeídos del mundo, en cualquier actividad podemos pensar en imposibles, fue gracias a esa selección celeste que se llevó el título de 1950. Ese triunfo en Brasil borró la palabra imposible del diccionario futbolero.

No hay más que decir. Diez letras resumen una identidad, un estilo, un estado de ánimo y una personalidad: MA- RA- CA- NA-ZO. Ni antes ni después selección alguna consiguió alcanzar la dimensión que logró el equipo nacional uruguayo. Por supuesto que hubo triunfos con rivales más distantes. El Italia/Corea del Mundial 66, por ejemplo. Rotundas goleadas al equipo local, otra vez con Brasil como protagonista a manos de Alemania en el mundial que organizaba. Y muchos más resultados increíbles, alucinantes, de titulares interminables. Pero ninguna selección alcanzó la fama ni la gloria de ese mítico equipo uruguayo 
El Maracanazo dejó historias de todo tipo. En un extremo se encuentra Moacir Barbosa, primer arquero negro que jugaba por la selección de Brasil, cuya derrota lo marcó para siempre. Y al otro lado se encuentra Obdulio Varela, el Negro Jefe, que de ahí en más se convirtió en el más grande caudillo de la historia del fútbol. No hay otro. Fin de la discusión. 
Nadie esperaba el Maracanazo. Ni siquiera el grupete de dirigentes uruguayos que regresó a Montevideo antes del partido pues esperaba una goleaba de Brasil. Ni Jules Rimet que había preparado un discurso dirigido al equipo local. Al final, entregó la Copa a los uruguayos con un lacónico: “Sois los campeones”.
Brasil había ganado 6-1 a Suecia y 7-1 a España. Lo lógico era que goleara a Uruguay. Por eso los dirigentes les dijeron a los jugadores que con 4 goles en contra se daban por satisfechos. Pero no iba a ser así. Máspoli, González, Tejera, Gambetta, Varela, Andrade, Gigghia, Pérez, Míguez, Morán y Schiaffino, habían decidido vencer a la lógica. 
Sobre el Maracanazo la mejor frase que conozco viene del cerebro privilegiado de Eduardo Galeano: “La noche anterior, nadie podía dormir. La mañana siguiente, nadie quería despertar”.

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