mayo 13, 2019

¿Tu equipo o tu selección?


     No tengo dudas. En esto soy claro. A estas alturas del partido prefiero ser honesto a políticamente correcto: quiero más a mi equipo que a la selección. Fin de la discusión. Eso tampoco quiere decir que no sienta nada por la Blanquirroja. Por supuesto que la prefiero a cualquier selección y claro que siempre quiero que gane. Pero amo más a mi equipo. Así es. Y en esto, como en las cosas del amor (finalmente esto también lo es), la emoción tiene razones que la razón no entiende.
     Esa distancia emocional con la selección hace que disfrute más sus partidos. No hay esa lógica carga de angustia que te genera tu equipo. Cuando juega Perú, me siento más relajado, más tranqui. Por lo tanto, se puede ser más justo. Cuando juega tu equipo es inevitable el temor, la desesperación, el miedo. En todo hincha se esconde un masoquista. "Aquel que no haya sufrido..." dice la barra. Y tiene razón.
Nick Hornby en “Fiebre en las gradas”, reflexiona sobre el amor por el equipo nacional y su querido Arsenal. Aquí lo que escribe a raíz de un partido Inglaterra/Escocia.


“La inmensa mayoría de los presentes disfrutamos mucho del partido, como si al menos una noche el fútbol hubiera pasado a ser una variante más de la industria del espectáculo. Puede que, como fue mi caso, la gente disfrutara de la libertad momentánea de no tener la implacable y dolorosa responsabilidad de ser hincha de un determinado club: yo quería que ganase Inglaterra, pero no por eso era mi equipo. A fin de cuentas, ¿qué significaba mi país para mí, para un chaval de doce años de la periferia de Londres, en comparación con un equipo londinense cuyo estadio se encontraba a casi cincuenta kilómetros de donde yo vivía, un equipo del que nunca había oído nada y que ni siquiera sabía que existía nueve meses antes?”.

     Habría que preguntarse hasta qué punto una selección nacional, cualquiera, termina siendo el equipo de todos. Me parece exagerado. ¿Nos representa la selección? Pregunta difícil en un país tan fragmentado como el Perú.
     Y aquí surge otra pregunta. ¿Quieres más a tu selección cuando tiene más jugadores de tu equipo? El talentoso Javier Marías reflexiona sobre la España que entrenaba Javier Clemente. Aquí un extracto de su imprescindible “Salvajes y sentimentales”. 

“Pero vean ustedes: entre los seleccionados hay esta vez ocho del Barcelona y solo tres del Real Madrid, equipo al que Clemente profesa una declarada animadversión. Así que mucho me temo que los hinchas merengues vayamos a tener la sensación de que esta “España” no nos representa; o aún peor, la de estar animando y aplaudiendo -si lo hiciéramos- al Barza disfrazado de rojo y azul, al fin y al cabo los colores de su propio uniforme, aunque con otra distribución. Y esto sería demasiado pedir. Así que, sea como sea, me parece que tampoco este año "España" será el equipo de todos los españoles. Y bueno, menos mal, lo contrario sería preocupante, faltaría más”.

¿Estás de acuerdo, disientes?  No hay problema. Lo fantástico de todo esto  es que más allá de lo que digan Hornby y Marías, palabras por demás autorizadas, en el fútbol no hay verdades absolutas. La razón la tenemos todos. Esa es la maravilla del deporte más lindo del mundo.

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