octubre 22, 2018

EL PRINCIPITO Y KAPUSCINSKI

Sensibilidad. Enseño periodismo, pero mis primeras dos clases hablamos de sensibilidad. También de ternura, empatía y bondad en el periodismo. No, el sílabo no lo dice pero igual hay que hacerlo. Urge hacerlo.
La idea es explicarle a los chicos de qué es esto del periodismo. O por lo menos cómo lo entiendo yo. No es tarea fácil. Por supuesto que tampoco se trata de memorizar citas y paporretear definiciones. No. Se trata de interiorizar conceptos, convertirlos en carne, y si es posible, que con el tiempo se transformen en una forma de vida. Porque el periodismo no es una chompa que te pones si sientes frío y guardas debajo de la cama cuando hay sol. El periodismo es una forma de entender la vida, de ver el mundo. El periodismo es algo que te acompaña siempre. Así lo siento y así lo enseño.

El trabajo es complicado pues el sensacionalismo ya se instaló en la mayoría de redacciones y parece que no tiene intención de irse. Por este motivo muchos alumnos confunden conceptos y creen que periodismo es hacer ampays o esconder micrófonos y cámaras para obtener la primicia. Por eso las dos primeras semanas hablamos de los valores que debe tener un periodista. Hay que cambiar el chip y para eso les hago leer El Principito.
Algunos no entienden. Lógico. Quieren aprender cómo escribir y cuando esperan que les hable de Kapuscinski, García Márquez o Tom Wolfe, les lanzó este librito que para muchos es algo así como un cuento infantil. Ni más ni menos que La Caperucita.

“Eso me hicieron leer cuando estaba en primaria”.

Y otros comentarios por el estilo. No hay problema, ya estoy acostumbrado.
De inmediato surge la pregunta: ¿ Antoine de Saint Exupéry fue periodista?
Respondo que no, pero que era algo más importante, el autor de El Principito era un ser humano, un hombre con gran sensibilidad. Y es ahí donde me interesa que entendamos el libro.

Es posible que a estas alturas, y en realidad durante todo mi curso que suele terminar con una jornada de ayuda social, muchos chicos se sientan confundidos, pero otros afortunadamente logran captar la tesitura.

“Entonces la próxima clase analizamos El Principito”.

Y empezamos. Y vienen las frases. Discutimos y analizamos. Pensamos.

Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan)

¿Es importante ser niños? Claro. Lo mejor de nosotros fue nuestra infancia. Éramos inocentes, no juzgábamos ni nos resentíamos, no teníamos estrés y éramos tremendamente creativos. ¡Inventábamos juegos! Antes, mi palabra mágica al enseñar era PASIÓN. Quiero que mis alumnos se apasionen, decía sin dudar. Hoy esa palabra es NIÑO. El objetivo principal de mi curso es que mis alumnos recuperen el niño que llevan dentro. Hay que recuperar la sensibilidad. Para ser periodistas hay que ser sensibles. Para ser periodistas hay que rescatar ese niño que fuimos, les digo. Algunos ya empiezan a entender.

He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.

Y complemento citando a uno que esperan con ansiedad, Kapuscinski. “Para ser periodista primero hay que ser buena persona, de una mala persona no puede salir un buen periodista”.

“Tanto, profe. ¿No está exagerando?”. 

Explico. Mucha gente, la mayoría, confía en la prensa sin dudar. Si escuchamos en la radio, por ejemplo, que hubo un terremoto en Chimbote, digamos, y tenemos familia ahí, no buscaremos otra radio para verificar la información, inmediatamente trataremos de comunicarnos con el lugar para saber algo de nuestros familiares. Si el periodista miente, causa un grave daño a la sociedad. Y vaya que algunos lo hacen.   
El periodista debe ser rotundamente humano y para esto tiene que recuperar la sensibilidad, la empatía, la solidaridad. El periodista debe ser un tipo con la piel muy delgada. El objetivo no es sencillo. En un mundo donde la indiferencia es lo común, hablar de sensibilidad es poco menos que una bobada. Algo que no corresponde a estos tiempos de pragmatismo delirante. De objetivos logrados pisoteando al compañero.

Los hombres ya no tienen tiempo de comprar nada, compran las cosas ya hechas a los comerciantes; pero como no existe ningún comerciante de amigos, los hombres ya no tienen amigos

Hablamos sobre la importancia de la amistad. Pregunto a uno cuántos amigos tiene. 254, responde. Risas. Facebook nos hace creer eso. La amistad es un sentimiento único, incomparable. Divagamos sobre la amistad. Hablamos, comentamos y vamos descubriendo de qué se trata esto del periodismo. Qué gran ayuda El Principito.
Y así seguimos por dos clases. A veces más.

Sensibilidad. Urge, es necesario, imprescindible e impostergable educar a los periodistas en la sensibilidad. Son como 40 en el aula pero si dos o tres entienden la idea, me doy por satisfecho. Así estamos. Más adelante hablaremos de la pirámide invertida, el lead y eso que plantean los sílabos. Sigamos con El Principito. Son solo dos clases, ya las recuperaremos. 

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