noviembre 28, 2014

Más me pegas...

7 de cada 10 hogares peruanos sufre de algún tipo de violencia*. La cifra es contundente y preocupante, y para mí explica muchas cosas: la baja autoestima nacional, la permisibilidad ante ciertas formas de comportamiento como el “roba pero hace obra”, la anomia, el desorden, el caos en el que vivimos. El tema es simple, si en nuestra casa, que es nuestro lugar en el mundo, no estamos bien, estar mal es lo correcto. El otro día escuché decir a un psicólogo que mucha gente, por conductas equivocadas, asume que la violencia es una forma de cariño. Puso de ejemplo a la madre que pierde a su hijo y cuando lo encuentra lo primero que hace es resondrarlo. O incluso pegarle. Luego el menor asume que el cariño y la violencia vienen en el mismo paquete. Sí, más me pegas más te quiero. O sea, la violencia es normal.

7 de cada 10 hogares peruanos sufre de algún tipo de violencia. Si en nuestra casa hay violencia lo que pase afuera no nos interesa. La casa nos educó en la indiferencia. Se supone que nuestros padres son la imagen de autoridad más rotunda que tenemos, si ellos no se respetan, si se agreden, es lógico que tomemos el irrespeto y la falta de consideración como algo normal. La indiferencia es la religión que profesamos con mayor fervor. ¿por qué ese chico violentado en el hogar tendría que respetar al maestro en la escuela o la universidad? Y si el profesor es violento en su casa con la gente que se supone ama ¿por qué no lo sería en el aula con problemáticos chicos extraños? Acaso esa cifra: 7 de cada 10 hogares peruanos sufre de algún tipo de violencia, explique esa actitud pasmosa que tenemos ante la impunidad, la corrupción, el borrón y cuenta nueva.

noviembre 03, 2014

Con el permiso de todos...

       “Cuando veo a Jorge Luis Pinto es como si viera a mi vieja”. Mis alumnos se ríen. No me creen. “Qué fanático profe”. Es cierto.

       1969. Se abre la puerta de la cancha Unión de Barranco. Una nube de gente se pelea por entrar. Pasamos. Soy muy chico. Los recuerdos vienen borrosos. Ya estoy dentro. “Babalú” Martínez y “Pitín” Zegarra le hacen bromas al joven aliancista del que todos hablan: el Nene. Lo veo y me parece graciosa su cara. En realidad tiene cara de niño. Al costado “Perico” León y Julio Baylón conversan. Ríen. El “Fantasma” Villanueva aún entrena con otros arqueros. Hay más jugadores pero no los conozco. No importa. Estos son los que me interesan.

       Estoy en segundo de primaria. Termina la clase y voy “volando” a mi casa. Me espera un plato de comida con una olla de agua hirviendo debajo. Mi vieja lo dejó ahí hace una hora y la comida aún sigue caliente. Mi vieja inventó el microondas. Termino y mi hermana ya está en la calle. El “cuida a tu hermano” de mi vieja le entra por un oído y le sale por el otro. Estoy solo. Una idea me da vueltas durante las últimas semanas. Un chico del salón cuenta que todos los días va a la cancha Unión a ver a los jugadores de Alianza. Yo ya era de Alianza. Mi tío Alberto … “Rey del país del sueño y la quimera”… ya me había adoctrinado. Esa tarde decido ir. Desde aquel invierno de 1969 mi vida cambió por completo.