agosto 18, 2014

Perú: cocineros y marginales

Pájaros fruteros, raqueteros, burriers, cordeleros, cogoteros, marcas, maras, pirañas, secuestradores, tenderos, sicarios, faites, achorados y atorrantes.

Conforme pasan los años la ciudad cede al imperio del hampa. Y nadie hizo nada importante para parar la avalancha delincuencial. Alan García, Fujimori, Toledo, Alan otra vez, Humala. Y la cosa no mejora. La delincuencia aumenta y con sofisticación. Ahora tenemos sicarios que apenas llegan a la adolescencia.

Y las noticias siguen. La ciudad está sitiada. Robo a mano armada, pescuecero, secuestro al paso, sueñeros, camello, arrebatadores, asaltabancos, riñoneras, extorsionadores. Dar máquina, cohete, bolsiquear, dar vuelta, peperas.

Estadísticamente hablando, y que nadie se amargue, lo que más produjo nuestro país en los últimos tiempos fueron: excelentes cocineros y avezados delincuentes.

¿Cómo solucionamos esto? Meterlos a la cárcel definitivamente no es la solución. Ya sabemos que en el mejor de los casos salen con maestría y doctorado en criminalidad, y en el peor, siguen “trabajando” aun privados de su libertad. Sobre la pena de muerte ya se sabe que no es solución.

Se me ocurre que el grave inconveniente es que desde hace décadas solo vemos a la delincuencia como un problema policial y de inseguridad. Y nada más. Nos falta enfocarla como un problema social. No estoy diciendo que intentemos reeducar a los más avezados delincuentes. NO. Creo que personajes como “Papita”, por poner un ejemplo, ese maldito que malogró de por vida a la pequeña Romina, nieta de mi amigo el “Chino” Cornejo, son irrecuperables. Y deben cumplir las penas más duras. A lo que me refiero es a parar esa máquina que produce delincuentes. A trabajar para que deje de funcionar pues el delincuente que nos ataca es solo la versión final de una serie de carencias socioeducativas, afectivas, psicológicas y nutricionales.

Pensemos un poco. ¿Acaso alguien en su sano juicio elige en algún momento de su vida ser delincuente? ¿Cuántos ladrones tienen estudios universitarios? ¿Cuántos pasaron por buenos colegios? ¿Cuántos tuvieron de niños una alimentación rica en proteínas? ¿Cuántos tuvieron buenas condiciones de salud y vivienda, buenos padres, buenos ejemplos? Muy pocos. La delincuencia es un problema social y hasta que no lo afrontemos de esa manera el problema no solo continuará sino que crecerá.

Si vemos los noticieros no hay duda: todas las noticias que involucran al delito, son protagonizadas en un 90% por gente mestiza. El mensaje es terrible. Es como si el monopolio de la delincuencia fuera patrimonio de estos sectores socio-étnicos. ¿Eso es casual? No.

Según datos de la CONFIEP hay lugares de la sierra donde los chicos tienen desnutrición crónica hasta en un 50%. En pocas palabras, no tendrán un cerebro capaz de desarrollar funciones intelectuales mínimas. Están condenados. ¿Qué lugar ocuparán en la sociedad? Adivinen.

Piense en esto: ¿Si en este momento se aprueba la pena de muerte y desaparecemos a todos los delincuentes, cree que se terminó el problema? ¿Cree que Lima o el Perú se convertirán en lugares seguros donde no existan los delincuentes? De ninguna manera. Somos una sociedad que se ha especializado en producir gente al margen de la sociedad. O sea marginales. Si se pudiera ver el nivel educativo, proteico y de salud de los delincuentes seguro veríamos que son muy bajos. La pobreza genera enfermos de todo tipo.

Históricamente hemos postergado a un sector social y si no trabajamos para darle oportunidades, simplemente tendremos más delincuentes.

Escuchaba el otro día que alguien decía que incluso el que limpia autos podía ser emprendedor y hacer un negocio. Discurso barato. Irresponsable. Quienes proponen eso lo hacen desde su comodidad. Y no hablo solo de plata. La persona pobre suele tener la autoestima tan destruida como su organismo. Son personas que no se tienen confianza. Esa simplificación de la vida es dañina. “Todos pueden hacer una empresa”. Para aquellos que no tuvimos una buena educación, venimos de una familia disfuncional, con los complicados problemas sociales de las clases bajas, sin dinero, con el hacinamiento como norma, es muy complicado abrirse paso por la vida. En mi barrio la gente dejaba el colegio y se ponía a vender drogas. Era un negocio seguro. Plata rápida. Estudiar era un lujo. Claro que esos chicos podían hacer algo mejor pero ya venían de una familia jodida. Con ejemplos terribles. ¡Son unos vagos, deberían estudiar, emprender! Desde la comodidad del agua caliente, los padres al lado, los problemas económicos resueltos, un círculo de amigos que te ayuda, eso es fácil; pero cuando hay carencias históricas, es remar para arriba. En mi barrio, de mi generación, solo dos fuimos a la universidad. Y eso que viví en Barranco, un lugar no necesariamente marginal.

Según Constantino Carvallo, una de las formas de sometimiento es la educación. “Contra lo que muchos creen, en el Perú hay un grupo social que se impone sobre la mayoría, y una de las fuerzas que tiene para esa dominación es estar mejor educado. Esto les otorga una inteligencia y capacidad de control sobre los demás de las que muchas veces no son conscientes. Los dominados, por su parte, no saben cómo reclamar sus derechos”

Y en estos días eso se cumple estrictamente.

Una de las cosas que no se aclara lo suficiente es que la precaria educación peruana y las lamentables pruebas PISA, no muestran la situación en todo el país. El sector directa y únicamente perjudicado es el sector pobre. Cuando se habla de que tenemos la peor educación debería decirse que es la educación pública. No creo que un chico del Roosevelt o Markham quede en el último lugar en estas pruebas.

Hasta que no entendamos que hay grupos históricamente excluidos que deben ser incluidos, no avanzaremos como país y la violencia continuará.

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