enero 08, 2014

Días sin fútbol

Para Peredo, El Tanque, V. Cisneros, 
R. Montoya, Orderique, Esteves y tantos otros que
 nos cuentan la pasión, las alegrías y tristezas de este deporte que tanto
 queremos.




Días sin fútbol. La pasión entra en receso. Atrás queda el festejo del campeón. Atrás el lamento de los que descendieron. Los estadios cierran y el grito de los hinchas se convierte en un recuerdo que reencarnará en el próximo torneo. Tal vez un sábado de febrero a las 3.30. Ahí estaremos.

El estadio entra en cura de silencio. ¿Existe espectáculo más desgarrador que la mudez de las tribunas? El bombo, la corneta y las banderolas, esas nuevas “armas de destrucción masiva” para algunos, quedan confinadas hasta el próximo amistoso donde presenten al equipo con esos refuerzos que nos volverán a ilusionar...y a decepcionar. Porque el fútbol es como la vida, cíclico, pasan las mismas cosas, solo cambia el nombre de los protagonistas.


La cancha está vacía. Algunos sacrílegos, tal vez los empleados de limpieza o los administrativos, irrumpen en el templo para jugar una “pichanga”. Han profanado el espacio sagrado. ¡Perdónalos, Señor! Los locutores deportivos apagan sus voces. Hasta nuevo aviso quedan postergados sus gritos anunciando goles, patadas arteras, decisiones dudosas y cuestionadas expulsiones. La alegría queda proscrita de cualquier escenario futbolero. Tal vez alguna reunión de iglesia o concierto salsero puedan animarlo. Más na'.

La cancha se pondrá amarilla, dos semanas antes del inicio del campeonato la pondrán presentable. La crisis, que a pesar de los optimistas existe, impide tener un lindo terreno verde todo el año. El locutor oficial, ese que hasta hace unos días anunciaba el esperado cambio, trata de convencer a la administradora temporal para que le pague los meses sin fútbol. No lo conseguirá. Tendrá que recursearse en polladas, quinceañeros o fiestas patronales.

Por unas semanas, demasiadas, la quimba, el pase milimétrico y el tiro libre de curva imposible, ceden su protagonismo a ese invento del fútbol moderno: el representante. Más que el propio jugador, el agente se convierte en el centro de la información. Ilusos periodistas, ingenuos hinchas y resignados futbolistas estarán al tanto del más mínimo de sus movimientos. Gracias a ellos el condicional se convierte en el argumento principal de algunos medios. Fulanito se iría a... Sutanito ya es prácticamente jugador de... y entre el silencio del representante que no confirma nada y la ansiedad del periodista por dar la noticia, en el medio, se ubica el sufrido hincha que a pesar de las decepciones y especulaciones, espera ver en primera plana el fichaje soñado, aquel que convertirá a su equipo en un dream team.

Y así pasan los días sin fútbol. Tiempos donde la pasión entra en receso. Y no hay Barcelona o Dakar que consuelen al hincha.

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