octubre 30, 2013

La radio está más cerca de Orson

La radio es un eco subliminal con un poder mágico capaz de hacer que vibren cuerdas remotas y olvidadas...
Marshal McLuhan


Orson Welles vivía obsesionado por el rating. No entendía cómo era posible que su programa emitido por CBS y dedicado a la adaptación de grandes obras literarias, tuviera menos audiencia que el del ventrílocuo Edgar Bergen y su muñeco Charlie McCarthy. Los estudios eran contundentes y humillantes, mientras Welles sólo era escuchado por un 4 por ciento, las ocurrencias de su competencia merecían la atención del 35 por ciento de los hogares. Había que hacer algo y pronto.

Welles encargó a su socio Howard Koch elaborar un guión basado en la obra de H.G. Wells, "La guerra de los mundos". El único propósito de esa emisión era “robarle” a la competencia algunos puntos de rating. Ni Welles ni Koch imaginaron que esa adaptación se convertiría en el fenómeno más grande en la historia de las comunicaciones.

El programa de aquel 30 de octubre de 1938 comenzó de una manera distinta. Un desconocido pianista abrió la emisión. Cinco minutos después un parte meteorológico anunciaba una ligera perturbación atmosférica. El programa continuó con más música.

Tres minutos después nueva interrupción. Un flash meteorológico informa sobre diversas explosiones de gas incandescente en el planeta Marte. Acto seguido el periodista Carl Philips, el astrónomo Richard Pierson y el general Montgomery Smith analizan el fenómeno pero son interrumpidos por un informe en vivo. Personas de diferentes lugares aseguran haber visto la caída de un meteorito en una granja de New Jersey. Un reportero se traslada a la zona y comprueba que se trata de un vehículo espacial cilíndrico de unos 27 metros de diámetro.

El osado hombre de prensa decide acercarse a la nave pero la comunicación se interrumpe. Al cabo de unos segundos se retoma el contacto en medio de ruidos, llantos, pedidos de auxilio y explosiones. El reportero sólo alcanza a decir que de la nave han bajado unos seres extraños que comienzan a matar a los curiosos. Con la respiración alterada, el enviado de la CBS informa que los visitantes han matado miles de personas. “¡ Esto es una invasión marciana!” es lo último que logra decir el desafortunado periodista.

De inmediato la radio entra en cadena para transmitir un mensaje del Presidente norteamericano. El mandatario pide calma a la población y asegura que todo está bajo control. Pero la invasión prosigue. Llegan más vehículos espaciales y los marcianos destruyen puentes, caminos, líneas ferroviarias e instalaciones eléctricas. Suenan las campanas que indican la evacuación inmediata de la ciudad. La gente se vuelca a las calles.

A estas alturas ya son las ocho y veinte y un nuevo informe advierte que todas las salidas de Nueva Jersey están bloqueadas.

Es en estos momentos donde la ficción se transforma en realidad. A las ocho y media todos los oyentes de CBS han dejado de escuchar la emisión para salir en busca de refugio. Y por supuesto que en las calles ya se notaba la misma aglomeración que se narraba. Simultáneamente miles de llamadas a policías, bomberos y seguridad nacional, atestan las redes de comunicación. Las líneas colapsan.

Si bien es cierto la adaptación era genial, en realidad fueron los detalles los que consiguieron que este programa pasara a la historia.

Orson Welles, Howard Koch y John Houseman, director, guionista y productor respectivamente, habían pensado en todo. Sabían que la competencia hacía su primer corte a las ocho y cinco, momento en que un gran contingente de oyentes los pasaba a escuchar. Por eso los que sintonizaron el programa a esa hora, no oyeron la advertencia de que se trataba de una ficción. Creyeron que la invasión era verdadera. Pero eso no es todo.

Welles y su equipo no dejaron escapar ningún detalle. Durante semanas ensayaron para que los testimonios y efectos en general alcanzaran gran realismo. Contrataron al mejor imitador del presidente Roosevelt (algo que terminó de confundir aún más a los oyentes). Welles fue tan exigente que pidió al actor Frank Readock, encargado de realizar el informe desde el "lugar de los hechos", que estudiara minuto a minuto la versión grabada de la explosión del dirigible Hindenburg para hacer algo similar al momento del "ataque" de los marcianos.

Los cuidados que tomó Welles para que "La guerra de los mundos" fuera un éxito llegaron a límites insospechados. El genial productor sabía que, aunque se había firmado el pacto de Munich, la guerra era una posibilidad cercana, por lo tanto la población se encontraba particularmente sensible. Sensibilidad que se convirtió en el principal aliado en esta aventura.

Otro aspecto importante es que la obra se adaptó como un noticiero y fueron los locutores de la radio quienes participaron de esta “locura”. Por eso la gente creyó que todo era real.

Un aspecto más fue la fecha. Los 30 de octubre las tiendas en Estados Unidos hacen sus últimas ofertas de disfraces por Halloween por lo que la calle estaba llena de chicos disfrazados. Muchos creyeron ver en ellos a los marcianos que anunciaba el programa.

Pero ¿qué pasó cuando se supo que el ataque marciano era falso?

Miles de juicios cayeron sobre la CBS. Pero en realidad no había responsabilidad alguna pues antes del programa se anunció que todo era ficción. En sus memorias John Houseman cuenta que de todas las demandas sólo aceptaron una: la de un campesino que gastó 3 dólares 35 centavos en un pasaje de autobús, dinero con el que pensaba comprarse un par de zapatos.

Las consecuencias de este histórico programa fueron diversas. Desde Londres H.G. Wells envió una carta en la que aclaraba que no tenía nada que ver con la adaptación de una novela que había escrito cuarenta años antes. Desde Camden, New Jersey, la empresa de sopas Campbell manifestó su interés para auspiciar en exclusiva el programa, algo que no pudo hacer pues desde Hollywood llovieron ofertas para todo el elenco. Los marcianos nunca invadieron Nueva Jersey pero Welles y su equipo tomaron por asalto la meca del cine.

Dos años más tarde Welles haría El Ciudadano Kane, otra obra de arte. Esa ya es otra historia.



LOS MARCIANOS EN LIMA

Contrariamente a lo difundido, el guionista de la versión radial de "La guerra de los mundos" no fue Orson Welles sino Howard Koch. Welles sólo dirigió el programa y fue el protagonista principal. Sin embargo hay quienes aseguran que sin él, el resultado no hubiera sido el mismo, no sólo porque se encargó de aprovechar al máximo los tiempos de la competencia, sino por su actuación frente al micrófono. El productor John Houseman asegura que el dominio del ritmo, la pausa y los silencios que realizó Welles fueron tan brillantes, que incluso aquellos que habían participado de la experiencia sintieron algo de temor.

Sin embargo parece que la imaginación de Koch le jugó una mala pasada. En una entrevista realizada años después, aseguró que en una ciudad latinoamericana se realizó una versión en español de "La guerra de los mundos":

"Un año después una radio de Lima (Perú), realizó una versión en español de "La guerra de los mundos", pero en un grado mucho menor, porque Lima tenía menos habitantes y porque su porcentaje de radios era bastante inferior. Pero alcanzó para que los peruanos, al descubrir que habían sido engañados, y que el mundo no se terminaba, incendiaran la estación de radio y la quemaran totalmente. Desde entonces, hemos procurado mantener el genio de Marte en su botella, con un corcho firme y un rótulo que advierte su peligro".

Personajes de la época aseguran que los marcianos nunca "invadieron" Lima pero si recuerdan que en Quito hubo un escándalo por un programa similar.

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