octubre 16, 2013

El ropero de Lady Oscar (*)

Mencionar a Wilde es evocar a un dandy que fuera también un poeta, dedicado al pobre propósito de asombrar con corbatas y metáforas.
JL BORGES



Quería una mujercita pero nació varón. Francesca Elgee sintió una gran frustración cuando la enfermera le comunicó la mala nueva, el hogar de los Wilde no sería bendecido con la llegada de una nena, su lugar lo ocupaba un robusto y simpático bebé. Sin embargo doña Francesca no se dio por aludida y decidió contar a sus amigas que Dios había escuchado sus rezos y le había dado la niña que haría pareja con el primogénito Williams. El absurdo llegó a límites tan desproporcionados, que la desilusionada madre terminó vistiendo al pequeño de mujer y llenando su cuarto de muñecas.

Diez años duró el disparate. Tiempo en el que Oscar Wilde vio desfilar por su ropero coquetos sombreros, graciosos vestiditos y cuanto atavío le ayudara a realzar su "femineidad". Una larga cabellera complementaba el original look del niño más extraño de Westland Row, Dublín.

Cuando Oscar ingresó al Portora School de Enniskillen, doña Francesca reparó en su error y decidió expulsar la insensatez del ropero del pequeño. Sólo antes de cumplir once años Wilde se calzó su primer traje de varón que le permitía ser igual a los demás. Pero era demasiado tarde, sus compañeros ya sabían de sus raras maneras de vestir y ensayaron los más fieros insultos. Siete años duró la humillación, tiempo en el que Wilde solo tuvo como amigos a Dickens, Disraeli y los clásicos griegos. Esta obligada autoexclusión fue el origen del primero de sus tres apodos conocidos: Cuervo gris. (**)

De ahí en adelante el ropero de Wilde jugaría un papel importante en su vida y la inclusión de ropa masculina una costumbre poco frecuente. Wilde nunca estuvo conforme con el traje masculino, especialmente con la levita y el chaleco modernos, elementos que, según él, no eran ni elegantes ni cómodos. Tenía sólo con 20 años y los conceptos estéticos de Wilde ya ocupaban un lugar en la tradicional sociedad británica, que empezaba a admirar su pluma y a escandalizarse por su manera de vestir.

Instalado en el Magdalen College de Oxford, Wilde era un personaje infaltable en las reuniones más selectas. Cuando aceptaba la invitación, las tarjetas incluían esta nota : "Míster Oscar Wilde narrará su último cuento ". Aunque en realidad la gente se sentía tan atraída por su seductora narración como por sus comentarios sobre moda.

En invierno Wilde iba a las reuniones con un sombrero blando de alas anchas, que trataba de encauzar sus largos cabellos, acaso la única herencia de su pasado "femenino". Vestía capa o un abrigo de pieles que no se quitaba ni en los salones más cálidos. En verano se exhibía con chaqueta de terciopelo, calzón corto, medias de seda y zapatos escotados de charol con hebillas de plata. El atuendo se complementaba con una enorme chalina verde o carmesí y un gran lirio o girasol, flores preferidas de los prerrafaelistas, si la flor era demasiado grande para ponerla en el ojal, la llevaba en la mano.

Wilde llevó sus criterios estéticos hasta límites que poco tenían que ver con su inteligencia. En cierta ocasión mandó sacar de una fastuosa sala los adornos de flores malvas, porque este color atraía según él, la desgracia, además cuando la reunión era de día exigía que se hiciera con luces artificiales pues no resistía la luz del sol, nunca se supo porque hacía esto, sólo al final de su vida confesó a su amigo André Gidé, que lo hacía por temor, " el sol odia el pensamiento, está celoso de la obra de arte".

En 1887 y luego de recorrer Inglaterra proponiendo una nueva forma de vestir, le ofrecen la dirección de la revista femenina The Woman's World, lugar desde donde lanza osadas propuestas para reformar el traje. "Un traje debe cumplir con tres principios básicos, salud, libertad y la belleza...todo cuanto se lleva en los pies o cabeza, debe estar, si se quiere que resulte cómodo, hecho de un material flexible... un sombrero confeccionado según los verdaderos principios, es preciso que pueda bajarse o levantarse el ala, según el día sea oscuro o claro, seco o húmedo.. por su parte la bota debe ser siempre de cuero blando, y si se usan altas es preciso o bien atarlas por delante o que suban hasta por encima de la rodilla".

Desde aquellos tiempos en que vestía de mujer, y hasta su muerte, Wilde vivió rodeado de hechos singulares, que en otro tiempo y espacio hubieran pasado por simples anécdotas, sin embargo hacerlas en una sociedad dominada por una moral, que entre otros cosas, obligaba a tapar las patas de los pianos porque sugerían pensamientos libidinosos, fue determinante para se viera a Wilde como a un enemigo del stablishmen y a su ropero como una invitación a la libertad.

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* El título hace alusión a "El abanico de Lady Windermere".

** Su otro apodo fue "La gran oruga blanca.



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