septiembre 28, 2013

El Perú en la mesa del costado

No hay que ser un investigador social para darse cuenta de que el país está cada vez peor. No hay que caminar mucho para encontrarse con ese Perú que tanto nos duele. Que tanto lamentamos. Al que por momentos tanto puteamos.

Mañana de sábado. Desayuno en La Baguette. A nuestro costado dos señoras y un niño comen tanto como hablan. Nosotros estamos con Adriano. Es inevitable no escuchar la conversación. Las que conversan son las damas. Hablan de su inconformidad con un colegio. Critican a los profesores. “Dejan muchas tareas para casa”. “Y con el dineral que pagamos”. Una de ellas tiene dejo de otro país.

Media hora conversando y durante ese tiempo hablan entre ellas y no le dirigen la palabra al niño. El pequeño, que no debe tener más de 8 años, está metido en su celular. Tan pequeño y ya es un adicto. Luego se aburre y mira cómo le damos su ensalada de frutas a Adriano. Me da pena. No lo toman encuentra. Las mujeres siguen hablando del colegio. Cualquiera diría que les interesa el futuro de sus hijos. Por lo menos de ese que está ahí no. Lo agreden con su indiferencia.

Qué ironía, discuten sobre la educación y no hacen caso al niño. Creen que el colegio corregirá los errores de los padres. En la casa seguro que el niño pasará el día pegado a la TV. Nada de estímulos. Nada de amor. Por lo menos eso parece.

Me pregunto: ¿Cómo estará la autoestima de este chico? ¿Cómo será la relación con sus padres? ¿Para qué lo llevaron a desayunar? ¿Para dejarlo solo y no dirigirle la palabra durante todo el desayuno?

Salimos. Es sábado pero a pesar de eso la avenida Pardo y Aliaga luce congestionada. El motivo: en la puerta del colegio María Reina se han estacionado en doble fila. Sí. Los padres pagan no poca plata para “educar” a sus hijos pero ellos mismos, los propios padres, les dan ese pésimo ejemplo. El colegio los educa, ellos los mal educan. Lo peor de todo es que en la esquina hay un policía que no hace nada. Por supuesto que le increpo y me responde que ya va.

Desayuno sabatino. Feliz con mi pequeña familia. Tratando de hacer las cosas para ser un buen ejemplo para Adriano. Mañana en la que confirmo que ya no guardo la menor esperanza de que el país cambie. Alguna vez tuitié que ya no lucho por cambiar el país, ahora trabajo para que no me contamine. Ni a mí, ni a mis hijos, ni mi esposa. Escribo tal vez para que alguno lea y entienda que el cambio del país pasa por cada uno de nosotros.

Pobre país.

2 comentarios:

Manuel Ángel Aquino Depaz dijo...

Me gustó. Tienes la razón (en pleno sentido de la palabra).

Manuel Ángel Aquino Depaz dijo...

Me gustó. Tienes razón (en pleno sentido de la frase).