septiembre 21, 2013

Cristo editor periodístico

Editar un medio es complicado hasta para el propio Cristo.

¿Y qué pasa si un día solo publicamos noticias positivas? ¿Qué tal si de repente todos los editores de revistas, semanarios, diarios, periódicos, folletos, noticieros, programas de investigación; en fin, todos los responsables de cuanta forma de comunicación exista, se ponen de acuerdo y solo dicen cosas lindas y agradables?

No más crímenes, no más violaciones ni marcas. No más policías ni políticos corruptos. De pronto en todos las medios lo bueno se pone de moda y queda proscrito lo malo.

Hace muchos años se hizo un experimento en este sentido y el resultado fue más que interesante.

Año: 1900. Lugar: El pequeño pueblo de Topeka en Kansas, Estados Unidos. Los protagonistas: el sacerdote Charles M. Sheldon, escritor del best-seller Detrás de sus huellas, y Frederick Popenoe, director del Topeka Capital, el diario más vendido del Estado.

El cura era una celebridad. Sus sermones eran tan buenos que con el tiempo se convirtieron en un libro de mucho éxito. Según Irving Wallace y David Wallechinsky, Detrás de sus Huellas se convirtió en el éxito editorial más grande después de La Biblia. ¿El motivo de su éxito? Un personaje que actuaba bajo la lógica de Cristo. ¿Qué haría Cristo si fuera abogado, enfermero o contador? Uno de los supuestos fue preguntarse cómo actuaría Cristo si fuera editor de un periódico. La respuesta no podía ser otra: Cristo no pondría noticias sensacionalistas porque no le gustaban a la gente. Como editor Cristo redactaría noticias sobre la decencia, el decoro y la buena voluntad.

Popenoe no creía en la prédica de Sheldon. Un día, posiblemente harto de sus sermones, le propuso que dirija su diario durante una semana. El cura aceptó y el 13 de marzo de 1900 dirigió el Topeka Capital como si lo hiciera el mismo Cristo.

Popenoe sabía que el experimento sería un fracaso. Para asegurarse le dejó claro que el tiraje era de 11 223 ejemplares diarios.

Durante esa semana Sheldon realizó una verdadera revolución. Prohibió que sus redactores fumaran, consumieran alcohol o dijeran lisuras. Se cancelaron las publicidades de cigarrillos y alcohol, ropa interior y corsés. Las noticias de escándalos, vicios o crímenes desaparecieron. La primera plana tenía información sobre las virtudes, la buena voluntad y la fe del hombre.

Los temas tratados por el Topeka fueron: la hambruna en la India, la situación de los tísicos en Colorado, el Sermón de la Montaña y la prohibición de la venta de alcohol. Sobre la hambruna en la India, el periódico hizo una campaña donde se recaudó 1 millón de dólares.

¿Y el tiraje? De 11 223 pasó a 362 684 ejemplares vendidos diariamente.

Sin embargo los expertos consideraron que el periódico era aburrido y denso, y que su éxito se debía más a la curiosidad de la gente que a su contenido. Que un medio así no podría sobrevivir y que no informar sobre robos o asesinatos era caer en el juego de los delincuentes. Como si eso fuera poco, se redujeron los clientes.

En tiempos donde la sangre y la violencia son el ingrediente principal de la mayoría de medios de comunicación, una experiencia como la del Topeka suena atractiva. Sin embargo no hay que olvidar que ocultar “ las noticias malas” puede llevarnos a ser cómplices de la corrupción.

Eso hasta Cristo tendría que saberlo.

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