julio 05, 2013

Sobre flatulencias

Los temas importantes me cansaron. Ahora prefiero los urgentes y, entre todos, uno emerge como burbuja en estanque: el pedo.

Es posible que con solo escuchar la palabra PEDO, algunas almas sensibles hagan click y se vayan con su música y sus pudores a otra parte. No los culpo, pues el tema es para las almas firmes. A ellos, precisamente, os propongo una historia que tal vez pueda interesar.

El tema entró a mi disco duro un día que hojeaba un diccionario de la Real Academia. Sí, ahí, en ese compendio de sabiduría, fuente de consulta de cuanto ratón de biblioteca exista, me encontré con una serie de palabras que jamás imaginé serían parte de tan manoseado libro. En la edición de 1981, página 781 y con permiso de la doctora Martha Hildebrandt, cito los siguientes términos:

PEDO m. (latin peditum). Ventosidad que se expele del vientre por el ano.

PEDORRERO, RA adj. Fam. Que con frecuencia o sin reparo expele ventosidades por el ano.

PEDORRETA f. Ruido hecho con la boca, imitando el pedo.

Recuperado de la impresión, y reconociendo que en algún momento de mi vida fui un pedorretro me pregunté si un tema tan oloroso, incómodo, explosivo y vanal podría ser materia, digamos, de una investigación. Con los cinco sentidos concentrados en el objetivo, se me ocurrió buscar bibliografía sobre este sonoro asunto. Sin embargo, la tarea no fue fácil. La esperanza de encontrar algún libro como : " La historia del pedo ", " Pedos famosos " o algo por el estilo, se fue diluyendo conforme pasaba el tiempo.

Sin embargo, cuando me encontraba cansado de tanto trabajo inútil, mi insistente búsqueda obtuvo sus frutos. Asombrado descubrí que detrás de las también llamadas ventosidades se esconde una interesante historia.

Con el beneficio de la duda que me da haber hecho estas investigaciones sin método ni rigurosidad, encuentro a pensadores como Luciano, Hermógenes o Quintilinio, que se ocuparon del asunto y consideraron a las flatulencias útiles para la vida.

Mi sorpresa fue mayor cuando descubrí que Salvador Dalí se ocupó del tema con fruición. En su libro "Diario de un Genio" dedica un extenso capítulo a algo que él considera un verdadero arte. Como no podía ser de otra manera comienza realizando una definición del mismo.

“El pedo es un compuesto de ventosidades que sale a veces con ruido y otras en sordina, silenciosamente”.

Dalí hace dos citas deliciosas que contribuyen mucho al entendimiento del tema. Primero una del poeta griego Horacio con la que dice no estar de acuerdo.

"Mi pedo hizo el mismo ruido que habría hecho una vejiga hinchada".

La molestia de Dalí tiene que ver con que considera que el pedo no estalla al salir. Por eso se identifica más con la definición realizada por el filósofo Saint Évremond.

“El pedo es un suspiro del culo”.

Posteriormente hace una serie de precisiones que sin lugar a dudas lo convierten, tal vez, en el más grande conocedor del tema. Dice cómo olerlo y establece una categorización entre los que destaca: los pedos de provinciano, de virgen, de señorita, de recién casada, de vieja y de sabio. Definitivamente la genialidad de Dalí no solo era pictórica.

Antes que el pintor, otro genio también se ocupó minuciosamente del tema. Me refiero a tal vez el más grande escritor de nuestra lengua: Francisco de Quevedo y Villegas.

Quevedo tiene un verdadero tratado sobre el tema que tituló: “Gracias y desgracias del ojo del culo”. El completísimo trabajo comienza destacando el papel que cumplen las nalgas:

“Es el más perfecto y bien colocado miembro del cuerpo... pues su forma es circular, como la esfera, y dividido en un diámetro o zodíaco como ella. Su sitio es en medio como el del Sol; su tacto es blando: tiene un solo ojo, por lo cual algunos le han querido llamar tuerto, y si bien miramos, por esto debe ser alabado, pues se parece a los cíclopes, que tenían un solo ojo y descendían de los dioses del ver...”.

Luego habla de los nombres con que se le conoce y posteriormente pasa a lo que nos interesa: el pedo.

“El pedo es una cosa alegre, pues donde quiera que se suelta anda la risa y la chacota, y se hunde la casa, poniendo los inocentes sus manos en figura de arrancarse las narices, y mirándose unos a otros, como matachines. Es tan importante su expulsión para la salud, que en soltarle está el tenerla. Y así, mandan los doctores que no les detengan, y por esto Claudio César, emperador romano, promulgó un edicto mandando a todos, pena de la vida, que (aunque estuviesen comiendo con él) no detuviesen el pedo, conociendo lo importante que era para la salud. Otros dijeron que lo había hecho por particular respeto que se debe al señor ojo del culo."

Y ahí lo dejo.

Ojalá hayan sabido disfrutar de tan singular tema.

A las almas sensibles, les presento mis disculpas. Las mismas que pido cuando alguna ventosidad me traiciona en público.

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