febrero 23, 2013

Las buenas chicas malas


Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si la incitáis al mal?
(...) 
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
Sor Juana Inés de la Cruz 1651- 1691.

En 1926 los marines norteamericanos invadieron Nicaragua. El desembarco fue en Puerto Cabezas y antes de ir a Managua decidieron relajarse visitando prostitutas. Doctoradas en el arte del amor, las chicas sabían perfectamente que lejos del país y prontos a jugarse la vida, los marines precisaban descargar tensiones. Por eso, luego del “servicio”, se mostraron más cariñosas que de costumbre, tanto, que los incautos americanos soltaron la lengua y les confiaron el lugar donde escondían sus armas.

Al día siguiente, ataviadas con sus mejores galas, una delegación de prostitutas de Puerto Cabezas fue en busca de Cesar Augusto Sandino para cumplir con lo que consideraban su deber patriótico. De inmediato el jefe de la resistencia y su pequeño ejercito, rescataron de las aguas sus primeras armas y sus primeras municiones.


Cuenta Eduardo Galeano que desde entonces las putas de Puerto Cabezas son conocidas como las mujeres más dignas del mundo.

Pero no fueron las únicas en usar las artes amatorias en beneficio de una causa.

Solón ingresó al selecto grupo de sabios de la antigüedad, por haber conseguido superar la crisis económica ateniense a través de una democracia moderada y una efectiva reforma monetaria. Lo que no suele decirse es que gran parte de sus logros los debe a las profesionales del sexo.

Cuando Atenas se encontraba en la más profunda de sus crisis, Solón observó que el único negocio que florecía era el de la prostitución. Cansado de escuchar a sus expertos en economía, decidió convertir a estas muchachas en el eje de su aparato productivo. Ante el asombro y el escándalo de los especialistas, habló con las delegadas y les explicó que sólo con su ayuda Atenas podría salir adelante. Luego de varias reuniones las prostitutas de la ciudad decidieron dejar a un lado intereses particulares y aceptaron formar una original sociedad que, con el auspicio del gobierno, abrió una cadena de casas de cita.

Fue tanto el éxito de los dicteriones, así se llamaban, que muchos particulares pidieron entrar al negocio. Sin mediar trámites y anticipándose al neoliberalismo, el diligente Solón dictó una ley que permitía la formación de empresas mixtas con inversionistas extranjeros. El negocio fue redondo.

Sería absurdo realizar una apología de la prostitución. Más aún en estos tiempos donde el Sida es una sombría y permanente amenaza. Se trata, simplemente, de descubrir que, tras historias aparentemente sórdidas, hay espacio para actos heroicos, desprendidos. En suma, que algunas veces la prostitución puede ser algo más que un simple comercio de carne.

“Las mujeres no deben estudiar”. Cientos, tal vez miles de veces le dijeron eso a Marie Sklodowska. Pero sus deseos y terquedad eran más fuertes que las circunstancias, por eso luego de trajinar intensamente consiguió una beca de estudios. Dicha beca era poco más que una propina pues era opinión corriente que, en una mujer, el ansia de investigar era sólo una moda pasajera. Procuró trabajo para completar su proyecto y luego de pensarlo mucho se asoció con algunas prostitutas para fotografiar escenas pornográficas con fines comerciales. Gracias a esta sociedad Marie Skolodowska, más conocida como Marie Curie, ya junto a su esposo, continuó las investigaciones sobre el radio que, más tarde, le permitirían obtener el premio Nobel de física y química.

A veces la musa inspiradora puede tomar la forma de una prostituta.

Isaac Babel, escritor ruso desaparecido en los campos de concentración stalinistas, cuenta que la primera vez que fue a un prostíbulo no tenía dinero para pagar el servicio. Aún adolescente y sin más patrimonio que su imaginación, optó por contarle a su acreedora una autobiografía tan falsa como conmovedora. El relato tuvo tanto impacto, que la prostituta no sólo le perdonó la deuda sino que, además, le regaló una moneda. Esta historia se convertiría en una hermosa novela cuyo título es “Mis primeros Honorarios”.

Las actividades humanas suelen trascender más por la intención que se pone en ellas, que por el objetivo específico al que están destinadas. Juzgar desde afuera abomina de la piedad y conduce, inevitablemente, al error y al prejuicio.

No hay comentarios.: