junio 17, 2009

Apenas lo conocía y se murió

Tiene veinte años pero ya habla como vieja.” Todos los hombres son iguales”. Mi alumna sufre de un mal extendido. Una pandemia juvenil de la que la OMS no tiene ni idea: el desengaño.


  • No digas eso.


  • No profe, todos los hombres son iguales.
La tomo del brazo y saco de lo más profundo de mi alma una enseñanza aprendida en un monasterio de monjes budistas. Repito una por una las palabras de la metáfora enseñada por el maestro Po:
- “Si construyes una casa y te toca clavar en una pared y de pronto se dobla el clavo, ¿desconfiarías de todos los clavos? ¿dirías que todos los clavos son iguales?
La chica me mira, sonríe.
- No, sería estúpido, deben haber otros clavos que sirvan.
- Hay que confiar, siempre hay que confiar.
La alumna se va y comenta algo con una amiga. Nunca sabré de qué hablan.
La verdad nunca estuve en monasterio budista alguno y salvo el administrador del Chung Yiong de Barranco, no conozco a nadie que se parezca al maestro Po.