septiembre 11, 2006

Otro ciclo en la de Lima

En medio de la selva africana. Así me siento al inicio de cada ciclo en la Universidad de Lima. En medio de la tundra esperando a ver que aparece. A la expectativa por la inminente llegada de lo inesperado, ante nuevas aventuras, frente a gente que nunca vi y que en algunos casos, se convertirá en entrañable. Como ocurrió antes, como ocurre siempre. Si, en medio de la selva, con los sentidos afinadísimos. Adrenalina por litros, la felicidad total. Me manejo por emociones, por la intuición y esa me dice que este ciclo es especial. No sé si el mejor. Creo que si. Espero que si. Nunca lo dije antes, pero así como aseguro que el anterior, el 2006-I fue el de mayor reto, el que más aprendí de los alumnos, también siento, intuyo que este será el mejor de todos. Eso no quiere decir que lo anterior fue malo. De ninguna manera. Es más, que lo de hoy parezca mejor, no necesariamente tiene que ver tanto con la gente como con uno mismo. Una de las cosas singulares es que los que vienen al curso muchas veces no se conocen. Tal vez se encuentran con algún amigo o reconocen de vista a alguien, pero nunca el salón entero llevó un curso junto. Por eso no se puede hablar de un grupo con determinadas características. De una generación. En este caso el grupo se forma al andar. Lo que aun no sé es porque algunas veces hay grupos cohesionados, lúdicos, distendidos y otros más serios, más conversadores. Insisto en que muchas veces no tiene que ver con la gente sino con el motivador, o sea yo. Tal vez antes estuve mal y ahora estoy bien. Tal vez esa sea la única diferencia. Este ciclo, como en los anteriores, hay locos y locas lindas. Gente imaginativa que saca sus más profundas excentricidades y goza y se divierte con ellas. Porque de eso se trata, de explorar en uno y verse como es. Y aceptarse. Y quererse. Si no te quieres no puedes hacer nada. Walt Whitman decía que había que chochear con uno mismo. De eso se trata, de quererse. Sino te quieres no puedes querer al mundo. Vives amargado. Nada te parece bueno. Te vuelves insoportable. Se inició el ciclo, que fortuna poder hacer lo que hago. Que fortuna estar rodeado de gente joven. Para colmo empieza a salir el sol. Mejor imposible.