julio 17, 2006

Enseñar en tres universidades es una maravilla.

Un regalo que me ha dado la vida. Y no lo digo solo por el hecho laboral. Que es una bendición. Lo digo además por la experiencia de conocer gente. Vidas. Sueños. Ideas. Todas las universidades me muestran la realidad de nuestro país. Segmentado, diferente. Complicado. Pero al mismo tiempo rico por esa variedad. La Fundación Universitaria San Martín de Colombia tiene alumnos de condición económica baja. Sin embargo su entusiasmo por aprender y adquirir conocimientos es enorme. Tal vez más grande que cualquiera. Se trata de estudiantes de Ingeniería de Sistemas y la relación es muy rica porque mi curso, Comunicación Oral y Escrita, no es de la especialidad pero trato de explicarles la importancia de manejar bien el lenguaje. Como muchos, algunos creen que hablar o escribir bien no es requisito para ser buenos profesionales. Y desgraciadamente la realidad les da la razón.
Todos conocemos algún profesional, con maestría y doctorado, que no sabe usar bien el idioma. O por lo menos de manera aceptable. La verdad sea dicha. Hay quienes usan el lenguaje de manera deplorable. En la Alas Peruanas la experiencia es muy interesante. Considerando que me encanta escribir, con ellos logro enseñar y aprender en cada momento porque dicto Redacción I y II. Es muy estimulante. La gente en su mayoría es de condición media y aunque encuentras de todo, ya se puede vislumbrar quienes tienen ganas de comerse todo en el periodismo. La propuesta de la Alas es interesante porque a diferencia de otros lugares en los que enseñé, ya te enseñan cursos de la especialidad desde los primeros ciclos. Eso es una maravilla. Lo malo es que muchos a los 18 o 17 años, promedio de la edad de loa alumnos, está con la cabeza en otra parte menos en su futuro. Esa es la realidad. La de Lima es una experiencia que merece una nota aparte. Prometo que será pronto.

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