febrero 02, 2005

Una Enfermedad Llamada Amor

Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo. Leal, traidor, cobarde y animoso; No hallar fuera del bien centro y reposo, Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, Enojado, valiente, fugitivo, Satisfecho, ofendido, receloso; Huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño, creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño. Esto es amor; quien lo probó lo sabe. Lope de Vega. Sarampión, varicela, paperas, escarlatina y amor. Desde hace siglos no pocas mentes privilegiadas han considerado que el amor es una enfermedad que bien merecería un tratamiento médico. Hay quienes creen que la idea tiene mérito suficiente para entrar en la historia universal del absurdo, otros aseguran que quienes ponen al amor en la categoría de enfermedad, simplemente son unos adelantados. Antífanes fue uno de los precursores en la difusión de esta idea. El sabio griego había observado el cambio que experimentaban sus amigos cuando se enamoraban. Luego de varias semanas de investigación aseguró que el amor era una enfermedad que sólo padecen los débiles. Un hombre en pleno uso de sus facultades es inmune a esta afección, solía decir. Siglos después García Márquez no sólo refrenda lo afirmado por Antífanes sino que abunda en detalles. “El amor es una enfermedad al hígado que contagia y ataca a los que tienen una alimentación deficiente o una dieta cargada en proteínas. Pero como la ciencia no ha podido elaborar una terapéutica apropiada, optó por elevarlo a la categoría de sentimiento”, señala. Gabo advierte que lo más peligroso de esta enfermedad es su carácter teatral. " Tan pronto como se presentan los primeros síntomas, el paciente se vuelve impaciente, elabora argumentos, monta su aparataje escenográfico con el más complicado sistema de bambalinas suspirantes de telones decorados a brochazos de lírica timidez; y empapela las paredes de su pensamiento con cartelones aparatosos que anuncian una conmovedora obra ceñida a los cánones de un auténtico dramatismo de escuela... " Pero quien realiza los mejores aportes es Umberto Eco. En El Nombre de la Rosa cita la obra Speculum Amoris, en la que Fray Máximo de Bologna describe al amor como una enfermedad rebelde muy difícil de combatir pues quien la padece rehusa ser curado. El propio Eco hace alusión a Basilio de Ancira quien parece ser un verdadero experto en la materia. Sus investigaciones le hacen afirmar que la enfermedad del amor entra por los ojos, y la persona infectada demuestra júbilo excesivo, prefiere apartarse y estar en soledad, manifiesta un intenso desasosiego y una confusión que le impide articular palabra. La enfermedad se complica cuando al paciente se le impide contemplar el objeto amado, en estas circunstancias el amante sincero cae necesariamente en un estado de abatimiento que a menudo lo obliga a guardar cama. Luego el mal ataca el cerebro y entonces el amante enloquece y delira. Según Basilio de Ancira los síntomas de la enfermedad del amor son parecidos a los de la licantropía. La vista se debilita, los ojos se hunden y se quedan sin lágrimas, la lengua se va secando y se cubre de pústulas, el cuerpo también se seca y siempre se tiene sed. Es fácil reconocer a los que sufren este mal pues pasan todo el día tendidos boca abajo, con el rostro y los tobillos cubiertos de marcas semejantes a las mordeduras de perros, y por las noches vagan por los cementerios como lobos. Pero es Plutarco quien ofrece una prueba contundente sobre la veracidad de esta teoría. Cuenta el historiador griego que Seleuco, rey de Siria, tenía un hijo llamado Antíoco que se destacaba por su gran físico Sin embargo en lo mejor de su juventud el príncipe palideció, bajó considerablemente de peso y sufrió fiebres altas. Luego de varios exámenes su médico determinó que el futuro rey sufría de mal de amores. La enfermedad era difícil de curar pues Antíoco se había enamorado de su madrastra. En un acto de desprendimiento, su padre abdicó y no sólo le dio el reino sino también a su esposa. Sarampión, varicela, paperas, escarlatina y amor. Tal vez sólo sea cuestión de tiempo para que la farmacopea le otorgue al amor algún espacio en su vademécum. Por el momento, como dice el bolero, sigamos sufriendo